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En el casco histórico de Zarautz, Masta Taberna se ha convertido en uno de esos lugares donde pasan cosas importantes sin hacer ruido. Hasta este miércoles.

Hasta ese rincón de Euskadi probablemente hayan llegado los aplausos vividos en el auditorio de Madrid Fusión celebrando, este miércoles y última jornada, el reconocimiento de Garikoitz Arruabarrena y Javier Ochoa como Premio Cocinero Revelación 2026.

Desde el escenario, emocionados, han querido "agradecer al jurado, a nuestro pilar que se llama Judith y animar a todos los jóvenes: no son necesarias grandes inversiones para emprender, las ganas es lo más importante y mucho ánimo a todos".

Un rincón en Masta Taberna.

Este galardón, que históricamente ha señalado a quienes acaban marcando el rumbo de la gastronomía española, celebra su apuesta por "la alta cocina disfrazada de pobre", tal y como la ha definido, antes de hacer entrega del premio, el crítico gastronomico José Carlos Capel.

Alta cocina sin aparentarlo

Masta se define como casa de comidas contemporánea, pero en realidad practica una forma de alta cocina camuflada, casi humilde, que juega a despistar.

Platos que parecen sencillos, incluso domésticos, pero que esconden horas de guiso, fondos cuidados, sofritos precisos y una comprensión profunda del producto.

Sus albóndigas de jabalí ya han sido celebradas con el boca a boca.

La carta es corta, cambiante y estacional, dictada por lo que entra ese día por la puerta. Verdura de Basobletz Baserria, conservas de Capullo de Navarra, cerdo euskal txerri de Maskarada, pescado de pescadores locales. Producto cercano, reconocible, tratado con respeto casi reverencial.

Un recorrido que suma norte y mundo

Aunque hoy cocinan en Zarautz, el ADN de Gari y Javi es mestizo. Zaragoza, Cascante, Donosti, Irún… y una mochila profesional que impresiona sin necesidad de subrayarlo: Santceloni, Nakeima, Kokotxa, Annua, Canalla Bistró o Quintonil.

De ahí sale una cocina que mezcla tradición vasco-navarra, técnica contemporánea y un deje de bistró francés: sabores claros, salsas bien hechas y precios comedidos. Un lugar donde guisa como antes, pero se piensa como ahora.

La cocina vasco-navarra de Masta Taberna.

Algunas elaboraciones ya se han convertido en señas de identidad: la kroketa de gallina que sabe a domingo, el txampi con papada, la cebolleta rellena de sepia Pelayo, las albóndigas de baxurde, el marmitako de ventresca de zimarrón o esa menestra de salmonete en pilpil que demuestra que la delicadeza no está reñida con la contundencia.

Y luego están los platos que desaparecen sin avisar, porque aquí manda la temporada y el mercado. Los postres, mejor preguntarlos: cambian a diario, como debe ser.

La sidra es parte natural del maridaje. Y la bodega —una de las más interesantes de Zarautz— apuesta por pequeños productores de Euskadi, Navarra, Rioja, Galicia, La Mancha y Francia, etiquetas poco obvias que dialogan con la cocina sin eclipsarla.

El Premio Cocinero Revelación celebra el atrevimiento, personalidad y una mirada clara hacia el futuro. Por él pasaron nombres como Dabiz Muñoz, Ricard Camarena o Rodrigo de la Calle. Que ahora recaiga en Gari y Javi no es solo un reconocimiento a Masta, sino a una forma de entender la gastronomía: honesta, pegada al territorio y libre de artificios.