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Existen mercados en los que las frutas y las verduras vienen directas de la huerta de quien las vende, sin pasar por camiones refrigerados ni bandejas de plástico.

El Feirón de Pontedeume, en la comarca coruñesa do Eume, es uno de ellos.

Cada sábado, esta villa medieval junto a la ría de Ares llena su casco histórico de puestos desde primera hora de la mañana hasta la hora de comer, y reúne a productores, artesanos y vendedores llegados de toda la comarca.

Un mercado con siglos de historia

Pontedeume nació con el privilegio de mercado que le concedió el rey Alfonso X el Sabio en 1270, un dato que da idea de lo arraigada que está en el pueblo la costumbre de comprar y vender al aire libre.

Aunque la cita en su formato actual, la de los sábados, es mucho más moderna, pues se viene celebrando de manera continuada desde 1977, cuando el mercado de la plaza do Conde ya funcionaba como centro comercial del pueblo.

Desde entonces se ha convertido en una rutina para los vecinos de Pontedeume y de los municipios de alrededor, que reservan la mañana del sábado para acercarse.

¿Qué hay en el Feirón de Pontedeume?

La oferta supera los 150 puestos y es de lo más variada. En la parte de alimentación se ven carniceros, agricultores que traen la verdura de su propia huerta, queseros, apicultores con miel de la zona y puestos de embutidos y conservas.

El pulpo también tiene su espacio; las pulpeiras, que lo cuecen allí mismo y lo sirven á feira, son otro de los reclamos gastronómicos de la jornada.

Junto a los alimentos hay puestos de artesanía gallega, un buen número de puestos de ropa y calzado a precios asequibles y un rincón de segunda mano y antigüedades donde quien busca sin prisa puede encontrar algunos tesoros.

Entre parada y parada, el casco antiguo ofrece terrazas y bares de tapas, sobre todo en la Rúa Real, donde reponer fuerzas sin alejarse del ambiente.

Un punto de encuentro

Más allá de las compras, el feirón funciona como un punto de encuentro entre vecinos. Es el día en que el centro se llena, en que los pequeños productores dan salida a lo que cultivan o elaboran y en el que la hostelería nota todo ese movimiento.

Para muchos vecinos es también una forma de mantener el trato directo con quien produce lo que comen, algo que se está perdiendo en muchos sitios.

Y para Pontedeume, situado en pleno Camino Inglés a Santiago, es un escaparate que atrae a visitantes que aprovechan para hacer algunas compras.

¿Por qué merece la pena acercarse a Pontedeume?

A Pontedeume se llega con facilidad desde A Coruña o Ferrol y hay aparcamiento en el entorno del muelle. Una vez allí, la mañana ya cunde con un paseo por el mercado para coger provisiones de productos frescos y alguna parada para picar algo sobre la marcha.

Pero quien vaya al feirón solo como turista, hará bien en quedarse un rato más.

En el propio casco histórico está la Torre dos Andrade, lo que queda del antiguo palacio de la familia que dominó la villa en la Edad Media, además de calles porticadas por las que pasear.

El histórico puente de piedra sobre el río Eume, que da nombre al pueblo, es otra foto para llevarse de recuerdo.

A pocos kilómetros esperan las Fragas do Eume, uno de los bosques atlánticos mejor conservados de Europa, con el monasterio de Caaveiro escondido entre la vegetación.

Y para completar el día, la playa de la Magdalena, al otro lado del puente en la vecina Cabanas, es el broche perfecto para una jornada de ocio.