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Hace unas décadas, recibir un diagnóstico de trastorno psicótico antes de los 20 años era bastante menos frecuente que ahora. Un estudio canadiense ha seguido esa evolución generación tras generación.

Los investigadores analizaron los registros sanitarios de más de 12,2 millones de personas nacidas entre 1960 y 2009. Las cohortes más recientes recibían estos diagnósticos con mayor frecuencia y a edades más tempranas.

Una de las diferencias más claras se observó a los 20 años. Entre quienes nacieron de 1975 a 1979, el 0,27% había recibido ya un diagnóstico. Entre los nacidos de 2000 a 2004, la proporción alcanzaba el 0,55%.

Dicho de otra manera, el primer grupo presentaba aproximadamente un 51% menos de diagnósticos a esa edad que la generación más reciente. El estudio se centra específicamente en trastornos psicóticos, una precisión importante para entender sus resultados.

La investigación se publicó en 2026 en la revista CMAJ y utilizó datos administrativos del sistema sanitario de Ontario. En total se incluyeron 12.231.314 personas y 152.587 recibieron alguno de los diagnósticos analizados.

Los investigadores estudiaron los trastornos del espectro de la esquizofrenia y la denominada psicosis no especificada. Ambos grupos se incluyeron bajo la categoría de trastornos psicóticos no afectivos, que afectaron al 0,9% de la población analizada.

Entre 1997 y 2023 ocurrió algo especialmente llamativo entre los adolescentes y jóvenes. La incidencia anual aumentó un 60% entre los 14 y los 20 años, al pasar de 62,5 a 99,7 casos por cada 100.000 personas.

En edades posteriores ocurrió lo contrario. La incidencia descendió un 32,6% entre los 21 y 30 años, un 62% entre los 31 y 40 y un 33,6% entre los 41 y 50. El aumento se concentró especialmente en los más jóvenes.

Al ordenar a los participantes según su año de nacimiento apareció otro patrón. Los resultados permanecieron relativamente estables en las primeras cohortes y comenzaron a subir entre quienes habían nacido de 1980 a 1984.

La cifra puede entenderse mejor utilizando números sencillos. Entre los nacidos de 1975 a 1979, unos 27 de cada 10.000 habían recibido un diagnóstico antes de los 20 años. En la cohorte de 2000-2004 eran aproximadamente 55.

La generación reciente tenía, por tanto, algo más del doble de diagnósticos. Si la comparación se realiza desde el grupo anterior, aquellos jóvenes presentaban aproximadamente un 51% menos que quienes alcanzaron esa edad décadas después.

La diferencia absoluta es bastante menor de lo que puede sugerir inicialmente el porcentaje. Se pasa del 0,27% al 0,55%, es decir, una diferencia de 0,28 puntos porcentuales entre ambas cohortes.

Por qué aumentan los casos

A los 30 años también se observó una evolución similar. Entre los nacidos de 1990 a 1994, el 1,32% había recibido un diagnóstico, frente al 0,96% de la cohorte 1975-1979. La diferencia relativa fue del 37,5%.

También cambió el momento del diagnóstico. Entre los nacidos de 1975 a 1979, la edad media era de 25,4 años. En la cohorte 1990-1994, había descendido hasta los 23,2 años.

El estudio no encuentra una única explicación. Una parte de la diferencia puede proceder de una detección más precoz y un mayor acceso a servicios especializados, que permiten identificar antes algunos primeros episodios psicóticos.

Ontario amplió considerablemente estos programas durante el periodo estudiado. Pasó de cinco servicios de intervención temprana en psicosis en 2004 a 50 en 2015. Ese cambio pudo adelantar algunos diagnósticos.

Los investigadores comprobaron, sin embargo, que las diferencias generacionales seguían apareciendo al analizar por separado consultas ambulatorias y diagnósticos hospitalarios. La mejora asistencial difícilmente explica por sí sola toda la evolución observada.

Los autores señalan también factores sociales y ambientales que merecen seguir investigándose. Entre ellos aparecen el consumo de cannabis y otras drogas, determinadas adversidades infantiles, la urbanización y algunos factores socioeconómicos asociados anteriormente con la psicosis.

La OMS recuerda que la esquizofrenia no tiene una única causa conocida. Su aparición parece relacionarse con una combinación de predisposición genética y factores ambientales y psicosociales. El consumo intenso de cannabis se asocia además con un riesgo más elevado.

Las generaciones más antiguas presentan una dificultad metodológica. Como los registros utilizados comenzaron en los años noventa, algunos participantes no pudieron ser seguidos desde la adolescencia y ciertos diagnósticos tempranos podrían haber quedado fuera.

Los investigadores repitieron distintos análisis para comprobar hasta qué punto esto afectaba al resultado. Las diferencias siguieron apareciendo al comparar cohortes que sí podían observarse desde edades jóvenes, como los nacidos en los ochenta y los noventa.

También utilizaron registros administrativos sanitarios, por lo que existe cierto margen de error en la clasificación diagnóstica. Además, los resultados corresponden a Ontario, Canadá, y no pueden trasladarse directa y automáticamente a la población española.

La tendencia, en cualquier caso, merece atención. La OMS señala que la esquizofrenia suele comenzar al final de la adolescencia o durante la veintena, precisamente las edades en las que el estudio encuentra las mayores diferencias generacionales.