El nódulo pulmonar extirpado al papa León XIV contenía células cancerosas. El análisis del tejido, realizado tras la intervención, ha confirmado que se trata de un adenocarcinoma de pulmón, tal y como sospechaban los médicos en las pruebas preoperatorias.
El adenocarcinoma comienza en las células epiteliales, las que recubren la superficie de los pulmones y crean la mucosidad. Su confirmación llega después de que el Pontífice anunciara públicamente su operación el pasado domingo, tras el rezo del Ángelus.
Representa entre el 40% y el 45% de los casos que se diagnostican y es el "tipo de cáncer de pulmón más frecuente a nivel mundial". También predomina en mujeres y en personas jóvenes frente a otros tumores pulmonares.
El tabaco es el principal factor de riesgo, pero también se diagnostica en exfumadores y en personas que nunca han fumado. En León XIV, fuentes del Vaticano confirman ese antecedente: "Nunca fue un gran fumador, pero fumaba hace años".
El perfil más habitual
Las cifras globales indican que la mayoría de los casos aparecen a partir de los 70 años, como ha sucedido con León XIV, que tiene 71. Su edad encaja, por tanto, con el perfil más habitual entre los pacientes.
El Pontífice explicó entonces que "la lesión se había detectado en una fase inicial y estaba bien localizada". Que el cáncer no se haya diseminado "es la mejor noticia", pues abre la puerta a una posible curación del paciente.
Los oncólogos denominan estadios I y II a las etapas tempranas, cuando existe la mayor probabilidad de curación en un cáncer de pulmón. En general, la supervivencia en esos casos es superior al 80 por ciento de los pacientes.
Con todo, conviene ser prudente, porque "cada caso es único". El pronóstico más exacto depende del tamaño del tumor extirpado, un dato que aún se desconoce, de la salud general del paciente y del estudio anatomopatológico de la lesión.
Según el primer parte médico del Hospital Gemelli de Roma, a León XIV le han extirpado todo el lóbulo inferior del pulmón derecho. Su equipo consideró que la mejor opción era retirar el tumor y los ganglios linfáticos cercanos.
En algunos casos como este se añade quimioterapia, inmunoterapia o terapia dirigida tras la operación para evitar que el cáncer regrese y destruir cualquier célula que haya escapado al bisturí, aunque en su caso esa información no ha trascendido.
La pérdida de un solo lóbulo no tiene por qué pasarle factura. El pulmón derecho tiene tres lóbulos y el izquierdo dos, y el tejido sano restante se expande de forma natural para asumir la función del lóbulo ausente.
Un precedente ilustrativo es el del papa Francisco, a quien le extirparon un lóbulo del pulmón a los 21 años debido a una infección grave y que, pese a ello, vivió una vida sumamente activa hasta los 88 años.
Si la cirugía no bastara, la investigación ofrece nuevos tratamientos. Uno de los más prometedores es la inmunoterapia. Durante años la quimioterapia fue el tratamiento principal del cáncer de pulmón, pero la inmunoterapia "ha surgido como una alternativa esperanzadora".
