La historia del VIH es una historia de éxito científico y uno de sus capítulos más recientes es la evidencia del mensaje Indetectable = Intransmisible (I=I). Se cumplen ahora 15 años desde que este paradigma cambió la vida de las personas que viven con el virus.
"Una persona con VIH que recibe tratamiento y mantiene una carga viral indetectable tiene riesgo cero de transmisión sexual del virus", explica Marisa Álvarez, directora médico de Gilead España y Portugal. Y estar seguros de esto fue posible gracias a varios estudios.
La investigación que marcó un antes y un después tuvo lugar en 2011, como recuerda Álvarez, el ensayo clínico HPTN 052. "Demostró que el tratamiento antirretroviral no sólo beneficiaba a la persona con VIH, sino que impedía la transmisión del virus a su pareja".
En este estudio participaron 1.763 parejas serodiscordantes (un integrante vivía con VIH y el otro, no) y los investigadores no observaron ninguna transmisión del virus cuando la replicación viral estaba totalmente suprimida, cuando la persona con VIH era indetectable.
Otros estudios -PARTNER 1, PARTNER 2 y Opposite Attract- confirmaron esta evidencia tanto entre las parejas heterosexuales como en las de hombres que tienen sexo con hombres. La Organización Mundial de la Salud (OMS) y ONUSIDA respaldan esta evidencia.
Un punto de inflexión
Jorge Garrido, CEO de la ONG Apoyo Positivo, reconoce el valor médico que tiene este hallazgo, pero, sobre todo, por la capacidad que ha tenido para cambiar la vida de las personas a las que afecta este virus y el estigma que lleva con él.
"Durante décadas, aunque ya existieran tratamientos eficaces, el VIH seguía asociado al miedo a enfermar, a desarrollar sida e incluso a morir. Pero también algo que a veces olvidamos: el miedo a convertirse en un riesgo para los demás", señala Garrido.
El mensaje de I=I, dice Garrido, le recuerda a las personas con VIH que su futuro sigue adelante con una óptima calidad de vida. "Contribuye a la libertad y a la autonomía de una persona a tener pareja, formar una familia, trabajar, tener relaciones sexuales, hacer planes y pensar en el futuro sin que el VIH tenga que ocupar el centro de cada decisión".
El CEO de Apoyo Positivo explica que uno de los grandes motores del estigma del VIH es, precisamente, el miedo, que ha impedido a personas que viven con el virus y a quienes temen infectarse vivir su sexualidad con normalidad. Y, especialmente, en la comunidad LGTBIQ+.
Ahora bien, Garrido señala que, por desgracia, en este caso la evidencia científica ha avanzado más que el imaginario social. "Sí, hubo y sigue habiendo desconfianza" y, de hecho, recuerda que ha llegado a encontrarla en médicos.
"Clínicamente, el virus puede estar silenciado, pero el autoestigma y el miedo a revelar la serología al entorno más cercano continúan operando en silencio", señala Garrido. "El diagnóstico, por sí mismo, no debería ser una barrera para trabajar, formar una familia, tener pareja o desarrollar cualquier proyecto".
Recuerda también el Informe de Experiencia de Estigma de las Personas con VIH en España que muestra que "el 63% de las personas con VIH siente angustia ante la posibilidad de transmitir el virus, incluso siendo indetectable".
"No estamos en la España de los años ochenta y sería injusto no reconocer todo lo conseguido por la investigación, las políticas públicas y, especialmente, el trabajo de organizaciones comunitarias de VIH. Hemos avanzado y el rechazo explícito ha disminuido, pero el estigma no ha desaparecido", destaca Garrido.
Por su parte, Álvarez destaca como la investigación médica del VIH sigue imparable y que precisamente el futuro pasa por "seguir ampliando las opciones de tratamiento y prevención". Y señala que las nuevas formas de administración de antirretrovirales es uno de los campos más prometedores de investigación.
"En prevención ya son una realidad, y la investigación en tratamiento avanza en la misma dirección. Cuantas más alternativas tengamos, más fácil será que cada persona, junto a su médico, encuentre la que mejor encaja con su vida y sus necesidades", explica.
Y continúa: "La buena noticia es que hoy ya tenemos las herramientas para acabar con el VIH como problema de salud pública, pero para ello hay que actuar en tres frentes: diagnóstico precoz, tratamiento eficaz para lograr I=I y una prevención cada vez más innovadora y accesible".
El futuro de la investigación resulta esperanzador, pero la eliminación del estigma asociado a este virus depende de nosotros como sociedad. "En muchas ocasiones se mezcla con prejuicios sobre la orientación sexual, la identidad de género, la migración, el consumo de drogas o el trabajo sexual", explica Garrido.
"El objetivo es muy sencillo de decir y mucho más difícil de conseguir: que podamos hablar de VIH y de salud sexual sin miedo, sin vergüenza y sin prejuicios", señala Garrido.
