Aproximadamente una de cada cinco personas presenta síntomas digestivos, como el dolor abdominal, la distensión o la diarrea recurrente, que están relacionados con la alimentación. El problema es que las pruebas convencionales no identifican la causa concreta en una mayoría de casos.
Lo mismo puede ocurrir con el síndrome del intestino irritable, una condición que afecta a más de 300 millones de personas en todo el mundo: mientras que el 80% de los pacientes asocia sus síntomas a la ingesta de determinados alimentos, las pruebas habituales de alergia o intolerancia suelen dar negativo.
Pruebas como la detección de anticuerpos IgE en sangre son capaces de detectar alergias sistémicas, pero no identifican las reacciones que ocurren exclusivamente en la mucosa del propio intestino.
De ahí que, tradicionalmente, se siga un método de ensayo y error para discernir el alimento causante, dictando una dieta específica tras otra y extendiéndose las pruebas en el tiempo.
Para solventar esta 'ceguera' surgen programas como CellTolerance, una tecnología de endomicroscopía confocal láser que permite observar a nivel microscópico y en tiempo real la respuesta de la mucosa del intestino delgado ante la presencia de un alimento.
Ya se utiliza en Alemania, Francia, Bélgica y Suiza, así como en entornos de investigación como la Universidad de Stanford, en Estados Unidos.
Aunque su efectividad está respaldada por una década de investigación clínica y resultados en revistas como Gastroenterology y Gut, su implantación es limitada porque requiere tanto equipamiento altamente especializado como un equipo con formación específica.
Observar la reacción de la mucosa
En España, el único centro que lo ha hecho hasta ahora es el Instituto de Aparato Digestivo y Endoscopia Avanzada Teknon, en Barcelona. Gherzon Casanova ha liderado los primeros procedimientos clínicos, que están aportando "un importante valor formativo, ya que supone la introducción de una nueva herramienta diagnóstica basada en la endomicroscopía confocal para el estudio de pacientes con síntomas digestivos relacionados con la alimentación".
La tecnología se emplea con una gastroscopia convencional, bajo sedación, en la que se administra al paciente un contraste por vía intravenosa (fluoresceína) y, mediante una sonda de fibra óptica introducida por el canal de la endoscopia, se obtiene una imagen en directo del tejido intestinal con una resolución cercana a la biopsia de laboratorio, con la ventaja de ser en tiempo real.
Tras este primer examen, se aplican pequeñas dosis de extractos alimentarios (trigo, leche, huevo, soja y levaduras) en la mucosa, observando la reacción del tejido, ya sea con el desprendimiento de células epiteliales o la pérdida de permeabilidad en la barrera intestinal.
El proceso no supone más de 30 minutos adicionales a la exploración habitual mediante gastroscopia y "permite abordar los síntomas digestivos desde una perspectiva diferente: la barrera intestinal", explica Casanova, que facilita el paso "de una estrategia basada en dietas empíricas a una aproximación más personalizada".
Esto quiere decir que, al identificar qué alimentos generan una respuesta objetiva en la mucosa intestinal, "es posible diseñar una pauta de exclusión dirigida únicamente a esos componentes y evitar restricciones alimentarias innecesarias".
Los resultados publicados hasta el momento indican que el hasta el 80% de los pacientes experimenta una mejoría significativa tras seguir una pauta nutricional adaptada a los resultados de la prueba.
Dos de cada tres pacientes consiguen una reducción en la intensidad de sus síntomas crónicos superior al 80%, un factor que aporta información diagnóstica para el 40% de las consultas de gastroenterología que se corresponden con trastornos funcionales sin una causa identificada mediante los estudios convencionales.
