Juan Diego Rodríguez no llegó a la albañilería por casualidad. Su padre, sus tíos y su abuelo trabajaban en la construcción, y él empezó a acompañarlos desde pequeño. De alguna manera, el oficio formaba parte de su vida mucho antes de convertirse en su profesión.
Cuando terminó sus estudios, regresó a su pueblo, en la provincia de Málaga, para ayudar en casa. Tenía 18 años cuando, en plena crisis de 2009, montó una empresa de reformas junto a su padre.
La obra siempre le había gustado, aunque conocía bien su parte menos amable. "Si pudiera buscar otra cosa mejor que la obra", reconoció durante una entrevista en el pódcast Sector Oficios. Había visto el desgaste físico acumulado por su padre después de toda una vida trabajando.
"Tiene las rodillas reventadas, la espalda reventada", contó al recordar cómo se trabajaba años atrás. Juan Diego no detalló qué lesiones concretas padecía, pero su expresión retrata un problema frecuente entre quienes pasan décadas cargando peso, agachándose y repitiendo los mismos movimientos.
El primer puesto de Juan Diego en su empresa fue de peón, al mismo tiempo que se ocupaba de organizar las obras. Recuerda que subía escaleras cargando varios cubos para que los oficiales no tuvieran que detenerse. "Eso ahora no lo hago", admite al mirar atrás.
En línea con lo que explica este profesional, el Instituto Nacional de Seguridad y Salud en el Trabajo señala que los trastornos musculoesqueléticos son "el problema de salud más común tanto en España como en Europa". La espalda y las extremidades superiores figuran entre las zonas más afectadas.
En 2024 se notificaron en España 162.753 accidentes laborales con baja provocados por sobresfuerzos. La construcción presentó el índice de incidencia más elevado de todos los sectores, con 1.629 casos por cada 100.000 trabajadores.
La espalda fue la parte del cuerpo más perjudicada. Entre los hombres, buena parte de estos accidentes se concentró precisamente en la construcción, la industria y el transporte, donde son habituales el esfuerzo físico intenso y la manipulación de cargas pesadas.
Levantar sacos, mover escombros, empujar carretillas o mantener posturas incómodas durante horas puede provocar fatiga, dolor y lesiones. También influyen los movimientos repetidos, las vibraciones y el trabajo con los brazos elevados.
Lo cierto es que el daño no suele aparecer después de un único esfuerzo concreto, sino que muchos trastornos se desarrollan poco a poco, a medida que se acumulan jornadas, cargas y posiciones forzadas. El cuerpo puede tardar años en mostrar todo el desgaste.
Juan Diego asegura que volvería a elegir la misma profesión. Levantarse temprano y marcharse a una obra no le provoca desgana. Lo explica con una comparación muy suya. "Yo voy a trabajar como el que se va a jugar al pádel".
Un sector que todavía busca relevo
Disfruta resolviendo problemas, trabajando con materiales tradicionales y viendo cómo una casa cambia con sus manos. Esa satisfacción ayuda a entender por qué ha permanecido en el sector, pero el entusiasmo no elimina los riesgos físicos.
El albañil también reconoce que el trabajo ha cambiado. Su padre y su generación realizaron muchas tareas con menos medios, mientras que ahora existen más herramientas, maquinaria y preparación. La ayuda mecánica permite reducir parte de la carga, siempre que se utilice correctamente.
El INSST recomienda disminuir la fuerza necesaria, evitar las posturas más forzadas y reducir la repetición. También propone introducir pausas, organizar mejor los turnos y utilizar herramientas o medios mecánicos cuando sea posible.
La experiencia enseña a moverse con más calma y a evitar algunos errores. Aun así, trabajar deprisa, asumir demasiadas tareas o normalizar el dolor puede terminar anulando esa ventaja. Una buena organización de la obra importa tanto como la técnica individual.
La construcción necesita incorporar trabajadores jóvenes, aunque su presencia continúa siendo reducida. En el primer trimestre de 2026, los menores de 30 años representaban el 11,1% de las personas ocupadas en el sector, según la Fundación Laboral de la Construcción.
La presencia de jóvenes ha aumentado en los últimos años y ya supera los 172.000 trabajadores, pero el dato sigue reflejando las dificultades para renovar las plantillas. Junto al salario y la formación, la dureza física también pesa en la imagen del oficio.
La propia experiencia de Juan Diego muestra esa ambivalencia. Él habla con orgullo de la albañilería y defiende el trabajo bien hecho, pero al recordar el estado físico de su padre reconoce que habría entendido la búsqueda de una alternativa menos exigente.
Aprender el oficio requiere tiempo. Juan Diego creció rodeado de albañiles y pudo observar desde niño cómo se prepara una mezcla, se levanta un muro o se rehabilita una vivienda antigua. No todos los jóvenes tienen hoy acceso a ese aprendizaje cercano.
Trabajar mejor para cuidar la salud
La formación profesional, los cursos del sector y el acompañamiento de trabajadores veteranos pueden cubrir parte de ese vacío. Para atraer a una nueva generación, sin embargo, también hacen falta salarios dignos, estabilidad y condiciones capaces de proteger la salud.
No serviría de mucho incorporar jóvenes para repetir las mismas prácticas que dejaron a sus mayores con dolores crónicos. El relevo generacional necesita conservar el conocimiento del oficio y, al mismo tiempo, abandonar la idea de que sufrir forma parte inevitable del aprendizaje.
La prevención comienza antes de levantar el primer saco. La empresa debe evaluar cómo se manipulan las cargas, qué posturas exige cada tarea y cuánto tiempo se repite el esfuerzo. Adaptar el trabajo a la persona es una obligación preventiva, no una elección del trabajador.
También conviene repartir pesos, acercar los materiales al lugar donde se utilizarán y evitar transportes innecesarios. Una pequeña mejora en la planificación puede ahorrar cientos de levantamientos, giros y desplazamientos a lo largo de una obra.
Las molestias persistentes tampoco deberían asumirse como una consecuencia normal del oficio. El dolor que se repite, limita los movimientos o empeora con el trabajo merece una valoración sanitaria y una revisión de las tareas que lo están provocando.
Juan Diego recuerda que lo construido queda durante muchos años. Un muro mal hecho, explica, tiene consecuencias porque no es un objeto de usar y tirar. La misma atención debería dedicarse al cuerpo de quienes levantan esos muros.
