Juan Antonio González empezó a trabajar con 16 años, en plena fiebre de la construcción. En los talleres de piedra había encargos, prisas, encimeras que cortar y un polvo fino que se quedaba en la ropa, en el pelo y en el aire.
Ese polvo terminó llevándolo al quirófano. En 2023 necesitó un trasplante de los dos pulmones por silicosis, una enfermedad asociada durante décadas a la mina que ha reaparecido en marmolerías y talleres de piedra.
Cuando afrontó la operación, los médicos le hablaron de un riesgo extremo, según contó a Newtral. Tenía "un 80% de probabilidad de no salir" y una hija pequeña en casa.
Al cortar, pulir o perforar materiales con sílice cristalina, el aire puede llenarse de partículas muy finas. Si se respiran de forma repetida y sin protección suficiente, alcanzan las zonas profundas del pulmón y dejan cicatrices permanentes.
Cuando la encimera llega a una cocina, todo ese proceso queda fuera de la vista. El material instalado no libera ese polvo fino en el uso cotidiano. Sin embargo, el riesgo recae sobre quienes lo cortan, lo pulen o lo perforan y respiran ese polvo una jornada tras otra.
La silicosis parecía una enfermedad del pasado industrial. El informe La reemergencia de la silicosis en España, presentado por Sanidad, muestra otra realidad. Desde 2007 hasta 2024 se comunicaron 5.900 partes por silicosis en España.
Solo en 2024 se registraron 520 partes. Además, desde 2018 se notificaron 46 partes de cáncer de pulmón por exposición a sílice, 19 de ellos en 2024. El problema sigue creciendo.
Casi la mitad de esos partes se concentró en la fabricación y manipulación de aglomerados de cuarzo y en el procesado de piedra natural, como granito y pizarra. La construcción aparece también entre los sectores afectados.
El cambio de perfil preocupa especialmente a los expertos. Ya no se trata únicamente de mineros con décadas de exposición. En las estadísticas sobre aglomerados de cuarzo aparecen trabajadores jóvenes y casos acelerados, tras periodos de exposición relativamente cortos.
La piedra artificial se popularizó por su resistencia, su precio y su uso en cocinas y baños. El problema aparece durante la fabricación e instalación, cuando el material se corta o se pule y libera polvo respirable de sílice cristalina.
Algunos productos de piedra artificial pueden contener proporciones muy altas de sílice. Un editorial publicado en Occupational & Environmental Medicine señala que estos materiales pueden alcanzar hasta un 95% de sílice cristalina.
Qué le hace el polvo al pulmón
El polvo respirable es peligroso porque puede llegar a las zonas más profundas del pulmón. Allí provoca inflamación, cicatrices y pérdida progresiva de capacidad respiratoria. La silicosis puede avanzar incluso después de dejar la exposición.
La Agencia Internacional para la Investigación del Cáncer clasificó la sílice cristalina inhalada en forma de cuarzo o cristobalita, procedente de fuentes laborales, como carcinógena para humanos. El daño, por tanto, no se limita a la fibrosis pulmonar.
En los casos graves, el cuerpo deja de oxigenarse con normalidad. Aparecen ahogo, tos, cansancio y limitaciones para tareas cotidianas. Cuando la enfermedad llega demasiado lejos, el trasplante pulmonar puede ser una de las pocas alternativas.
Juan Antonio no fue una excepción aislada. En comarcas con fuerte presencia de marmolerías, muchos trabajadores empezaron jóvenes durante el boom inmobiliario. Años después, algunos recibieron diagnósticos propios de una exposición intensa y prolongada.
El diagnóstico puede llegar tarde porque los primeros síntomas se confunden con asma, fatiga o falta de forma física. Una radiografía o un TAC pueden mostrar las lesiones, pero para entonces el daño ya puede ser irreversible.
La Unión Europea incluyó los trabajos con exposición al polvo respirable de sílice cristalina dentro de la normativa sobre agentes cancerígenos. España incorporó esa protección y fijó un valor límite diario de 0,05 mg/m3 para la sílice cristalina respirable.
La normativa española exige evaluar el riesgo, medir la exposición y aplicar medidas técnicas y organizativas. También recuerda que los equipos de protección individual no deben sustituir a las medidas que eliminan o reducen el polvo en origen.
Eso significa que una mascarilla, incluso bien elegida, no puede ser la única barrera. Antes deben estar el trabajo en húmedo, la extracción localizada, el aislamiento de procesos, la limpieza segura y una vigilancia real de la salud.
El problema aparece cuando el polvo se normaliza. Cortar en seco, limpiar con aire comprimido o trabajar sin extracción adecuada puede convertir un taller en una fuente diaria de exposición invisible.
Para el consumidor, la situación es distinta. Obviamente, una encimera instalada no provoca silicosis por estar en la cocina. El riesgo aparece cuando el material se mecaniza y se fragmenta, especialmente en talleres o reformas sin controles adecuados.
Australia dio un paso inédito y prohibió desde julio de 2024 el uso, suministro y fabricación de piedra artificial. La decisión llegó tras la aparición de casos de silicosis aguda o acelerada en trabajadores jóvenes.
El editorial de Occupational & Environmental Medicine defendió que Europa y otros reguladores deberían estudiar una prohibición escalonada de la piedra artificial con alta proporción de sílice cristalina. Sus autores hablan de una epidemia global de una enfermedad antigua.
Con todo, ese debate no está todavía cerrado. Parte del sector defiende que el riesgo puede controlarse con mejores prácticas, inspecciones y tecnología. Otros especialistas creen que el problema es demasiado grave cuando el cumplimiento depende de miles de pequeños talleres.
Mientras tanto, los afectados reclaman reconocimiento, vigilancia y prevención real. Muchos comenzaron siendo adolescentes, trabajaron durante años sin conocer el peligro y descubrieron la enfermedad cuando ya les faltaba el aire.
