Para hacer ejercicio a diario -o seguir las recomendaciones de la Organización mundial de la salud (OMS) de ejercitarse al menos 30 minutos cinco días a la semana- hace falta fuerza de voluntad, pero también método. Desde hace años, diversos estudios especulan con la posibilidad de que no sea igual de beneficioso acudir al gimnasio por la mañana o por la tarde, aunque algún trabajo sí desaconsejaba esto último porque supuestamente podría afectar al sueño. 

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Pero este mito también se desmontó recientemente, así que parecía que no había consenso sobre cuándo practicar deporte y si sólo había que guiarse por las apetencias a la hora de optar por uno u otro horario. 

Ahora, un nuevo estudio publicado en el Journal of Clinical Endocrinology and Metabolism parece acabar con la duda y definir cuál es el mejor momento de acudir al gimnasio o calzarse las zapatillas para salir a correr, si el tiempo lo permite. 

El trabajo, llevado a cabo por investigadores de las universidades de Bath y Birmingham demuestra que hacer deporte antes de desayunar es la mejor manera de multiplicar los beneficios para la salud, en concreto porque se quema más grasa que si se ejercita después de esa primera comida del día. 

Es una práctica por la que ya han abogado en público deportistas como el ultrafondista Josef Ajram, pero ahora la ciencia les de la razón aunque, como suele suceder, con alguna limitación. 

Entrenar en ayunas ha demostrado esos beneficios en los pacientes que participaron en el estudio, un número relativamente bajo -30 hombres- y que además tenían sobrepeso u obesidad. Los participantes se dividieron en tres grupos, dos fueron obligados a hacer ejercicio antes o después de desayunar y uno constituyó el grupo control, es decir, no tenía que hacer ningún cambio en su estilo de vida. 

Tras seis semanas de seguir este régimen, se analizaron distintos parámetros y se llegó a la conclusión de que las personas que hacían deporte antes de desayunar quemaban el doble de grasa que las que lo hacían después de comer.

El fenómeno se explicaba porque los niveles de insulina eran menores durante el ejercicio si la gente había hecho ayuno previamente, lo que ocurría por la noche. Esto implicaba que podían utilizar más grasa de su tejido adiposo y de sus músculos como combustible. 

Aunque este cambio no implicó diferencias en la pérdida de peso entre los dos grupos, sí que llevaba acarreados cambios "profundos y positivos" en el estado de salud de los que hacían deporte antes de desayunar. Sus cuerpos mejoraron la respuesta a la insulina, lo que mantuvo sus niveles de azúcar bajo control y redujo así su riesgo de diabetes y enfermedad cardiovascular. 

Javier González, del Departamento de Salud de la Universidad de Bath y uno de los autores del estudio, explica: "Nuestros resultados sugieren que cambiar el momento en el que se desayuna en relación a cuándo se hace ejercicio puede acarrear modificaciones importantes y positivas para la salud general". 

"Este trabajo sugiere que hacer deporte tras el ayuno nocturno puede incrementar los beneficios para la salud del ejercicio, sin necesidad de modificar la intensidad, la duración o la percepción de esfuerzo. Ahora necesitamos explorar los efectos a largo plazo de esta forma de hacer ejercicio y comprobar si los resultados serían similares en mujeres", comenta por su parte el coautor Gareth Wallis, de la Universidad de Birmingham.