Ponerse al volante tiene muchas incompatibilidades, como nos recuerdan las campañas de tráfico contra el alcohol ("si bebes, no conduzcas") o la más reciente contra el uso del móvil ("si conduces, no chatees"). Menos se habla de la influencia que pueden tener los fármacos. ¿Si te medicas, no conduzcas? En algunos casos, también sería aconsejable.

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Según datos del Consejo General de Colegios Oficiales de Farmacéuticos, el 76,5% de los pacientes a los que se receta algún tipo de medicamento dicen no haber sido informados de los posibles efectos que tendrán esos fármacos si se ponen al volante. De hecho, el 17,3% de los conductores se encuentran bajo tratamiento farmacológico de acuerdo con su propio testimonio.

Pero, ¿qué puede pasar? Gran parte de los medicamentos desaconsejados provocan somnolencia en el conductor, reducen los reflejos y aumentan el tiempo de reacción. Algunos derivan en lo contrario a esos efectos sedantes, es decir, desatan una hiperactividad que puede ser igual de peligrosa si se traduce en acciones impulsivas. Otros fármacos ocasionan una visión borrosa o alteran la percepción de las distancias e incluso de los sonidos.

El proyecto europeo DRUID (Driving under the Influence of Drugs, Alcohol and Medicines) determinó cuatro categorías de medicamentos por su peligrosidad en relación a la conducción. La categoría 0 corresponde a fármacos seguros en los que no es necesaria ninguna advertencia para los conductores, mientras que en la categoría 1 se incluyen los que podrían tener un efecto leve.

Según un documento de consenso elaborado por especialistas españoles, los realmente preocupantes corresponden a la categoría 2, ya que afectarían de manera moderada a la capacidad de conducir, y sobre todo la categoría 3, que tendrían un efecto tan marcado que los profesionales piden que se evite coger el coche durante el tratamiento. A efectos prácticos, estas últimas categorías se pueden resumir en una lista de principios activos que afectan a la conducción.

De los antidepresivos a los colirios

Entre los principales medicamentos de los que deberían preocuparnos están los antidepresivos, ansiolíticos, hipnóticos y antipsicóticos: todos ellos tienen en común que alteran el sistema nervioso central. También hay algunos antineoplásicos, es decir, medicamentos que se utilizan en el tratamiento del cáncer, e inmunomoduladores, sustancias que regulan el sistema inmune. La lista de los que más interfieren con la conducción también incluye relajantes musculares y colirios.

Los antihistamínicos, que se utilizan para la alergia, eran tradicionalmente uno de los medicamentos que más afectaban a la capacidad de conducción porque provocaban sueño y cansancio, una advertencia habitual de los médicos. Sin embargo, los de nueva generación, como loratadina, cetirizina y mizolastina tienen una incidencia mínima.

Falso positivo en un test antidrogas

En el caso más extremo, según alertan asociaciones de automovilistas, algunos medicamentos pueden incluso dar falsos positivos en los test antidrogas que se realizan en los controles de tráfico. El motivo sería la existencia de medicamentos con una estructura parecida a la de otras sustancias ilegales, de manera que el aparato las identifica erróneamente.

En la lista de los fármacos que en teoría podrían dar lugar a esta confusión están algunos tan comunes como el Ibuprofeno, pero tampoco hay que alarmarse en exceso, porque según algunas fuentes esos falsos positivos por tratamiento farmacológico tan sólo rondarían el 2% de los casos.

El pictograma de la conducción

En cualquier caso, para identificar los medicamentos que pueden darnos problemas a la hora de conducir simplemente hay que ver si en el envase aparece el llamado "pictograma de la conducción", presente en la cuarta parte de los fármacos que están hoy en el mercado.

Como si fuera una señal de peligro en la carretera, esta imagen consiste en un triángulo rojo y un coche negro. Debajo pone "Conducción: ver prospecto". Y en el prospecto tendremos que buscar, en la sección 2, el apartado "Conducción y uso de máquinas", donde se indican las precauciones que hay que tomar.

El hecho de que aparezca el pictograma de la conducción no significa que está prohibido conducir si se ingiere. Tan sólo es una advertencia para que el paciente se lea el prospecto, lo que habría que hacer sobre todo al comienzo de un nuevo tratamiento o ante un cambio de dosis.