-¿Pones miel de la granja X en tu yogurt?

-¡Sí!

-¿Y en la leche? ¿Y en las tostadas? ¿Y en las infusiones?

-¡Sí, sí, sí!

-¿Por qué?

-Porque me gusta y porque cuando has de cuidar de dos [en referencia a un embarazo] has de comer el doble de sano.

-La miel de la granja X es miel pura y con 181 sustancias beneficiosas para tu organismo, haciendo más sana y más dulce tu alimentación. Miel de la granja X. No hay una miel mejor.

Hace 25 años, una conocida marca de mieles utilizaba a una mujer embarazada y a un jubilado para anunciar este alimento que siempre ha tenido fama de saludable y cuyas propiedades han sido elevadas a los altares desde tiempos inmemoriales. "Esto es todo natural, sale directamente de las abejas. Mano de santo", han argumentado en múltiples ocasiones madres y abuelas con el objetivo de que tomáramos algún brebaje con miel para combatir un catarro, prevenir distintas enfermedades o, simplemente, para endulzar la leche o el yogurt. Pero, ¿es realmente un producto tan sano y ligero como nos han hecho creer desde nuestra tierna infancia? ¿De verdad se trata de un alimento con propiedades terapéuticas?

Vayamos por partes. Si acudimos a un supermercado y miramos la etiqueta de uno de los botes de miel que podemos encontrar en las estanterías observamos que no es precisamente lo que solemos entender como un alimento saludable. En concreto, 100 gramos de este alimento contienen 79 gramos de azúcares. O lo que es lo mismo: la miel es en un 79% glucosa y fructosa. ¿Se trata del mismo tipo de azúcar que el que utilizamos para el café, por ejemplo? Básicamente el mismo, aunque se encuentre de forma natural en este alimento y no en un sobrecito o en una azucarera. 

¿Sabes cuánto azúcar comes?

"La fama de saludable de la miel se la damos por su obtención natural, pero la realidad es que está compuesta por los mismos azúcares que el resto de azúcares que podemos consumir", explica Gemma del Caño, farmacéutica y divulgadora especializada en seguridad alimentaria.  "Cuando estos llegan al organismo no preguntan: '¿Usted es refinado?'. Así que desde ese punto de vista no hay diferencia", añade.

Según las recomendaciones de la Organización Mundial de la Salud (OMS), los azúcares libres no deben suponer más del 10% de la ingesta calórica total de un adulto debido a su estrechísima relación con el sobrepeso, la obesidad y la caries. Así, según el organismo internacional, en una dieta de 2.000 calorías diarias no se deberían tomar más de 50 gramos de azúcar (25 gramos -un 5%- en el caso de que se deseen obtener beneficios para la salud). Pues bien, tal y como ilustran desde Sinazucar.org, una simple cucharada de miel (30 gramos) contiene unos 24 gramos de azúcar.

"Ya, pero es que la miel es un alimento natural muy rico en minerales y vitaminas", argumentan aquellos insensatos que confían ciegamente en el potencial de este producto. Y tienen razón: la miel contiene vitaminas y minerales. En concreto, entre el 0,5% y el 1% del contenido nutricional de la miel está compuesto por distintos tipos de sustancias como el zinc, el hierro, la vitamina B o la vitamina C.

Sin embargo, se trata de una cantidad tan ridícula que, tal y como explicaba el dietista-nutricionista Julio Basulto en un post hace algunos meses, ni siquiera puede etiquetarse legalmente como un producto "fuente de", ya que para ello su presencia tendría que alcanzar como mínimo el 15% en 100 gramos de producto. Así lo confirma también Del Caño: "La cantidad es de miel y vitaminas es tan pequeña que no compensa teniendo en cuenta la cantidad de azúcar que contiene". 

No, la miel no cura el catarro

Como suele ser habitual con los alimentos naturales como el limón, el ajo o, qué sé yo, el jengibre, una búsqueda en Google sobre la miel arroja decenas de páginas en las que se asegura que ayuda a adelgazar, que es un buen antioxidante, que previene el cáncer y que, por supuesto, se trata de un remedio maravilloso para curar el catarro. 

"Todos hemos oído en casa que lo de tomar un vasito de leche con miel. Para la tos, debido a su textura y condiciones, actuaría como hidratante de mucosas, con lo que podría calmar los síntomas de la tos, pero no tiene efecto expectorante, como se suele oír. En ningún caso podemos asociarlo a curar ninguna enfermedad", afirma Del Caño. "No aumenta las defensas, con lo que tampoco es cierto que se pueda utilizar para prevenir. La Autoridad Europea de Seguridad Alimentaria (EFSA) dejó claro que no hay ninguna evidencia al respecto", añade.

La farmacéutica hace referencia al informe que la EFSA hizo público en 2009 -que también reseñaba Basulto en su artículo- en el que se señala que la miel carece de los distintos beneficios que se le atribuyen. Según el organismo, la miel ni es antioxidante, ni tiene propiedades antitusivas, ni aporta beneficios sustanciales al sistema inmune y, mucho menos es un alimento que sirva para prevenir el cáncer.

La última revisión de estudios realizada por la revista The Cochrane database of systematic reviews fue publicada hace apenas un mes y viene a confirmar lo que ya apuntaba la anterior de 2014. Grosso modo: se cree que la miel puede aliviar la tos pero no existen pruebas sólidas que lo confirmen. "La miel probablemente alivie los síntomas de la tos en mayor medida que no dar tratamiento, que la difenhidramina y que el placebo, pero puede haber poca o ninguna diferencia comparada con el dextrometorfano. [...] No hay pruebas contundentes a favor o en contra de usar la miel", se puede leer en las conclusiones del metaanálisis. La pregunta es: ¿tiene algún sentido utilizar un remedio como éste sabiendo la enorme cantidad de azúcar que aporta a nuestro organismo? La respuesta está clara: no.

Tampoco es cierto que se trate de un alimento que no engorda ya que, desde el punto de vista nutricional, la miel es "exactamente igual" que el resto de los azúcares disponibles en el mercado. "Es cierto que el poder endulzante es mayor y necesitaríamos menos cantidad para conseguir el mismo dulzor. Por eso en ocasiones se oye que 'engorda menos'. Pero no es cierto. Si se añade menos, el aporte calórico será menor por este motivo", confirma Gemma del Caño.

Tal y como explica la experta en seguridad alimentaria, de la miel también se ha dicho que tiene efectos "bactericidas" porque no contiene microorganismos. Tampoco es verdad. "La gran cantidad de azúcar que tiene actúa como conservante, pero es un 'efecto secundario' del azúcar que no está relacionado con ninguna propiedad de la miel". Y no, tampoco existe ninguna evidencia de que la miel baje los niveles de colesterol ni de que los mantenga. "Claro que la miel no tiene colesterol, pero muchos alimentos no los tienen y no por ello los disminuyen", finaliza Del Caño.

Hace décadas, The Archies cantaron a la miel y al azúcar como nadie.