Chicago

Aunque nunca especificó qué tipo de tumor cerebral padecía, la descripción que el diseñador David Delfín hizo en la revista Vogue de su enfermedad -que EL ESPAÑOL había adelantado unos días antes- hace pensar que el modisto ha fallecido víctima de un glioma de alto grado, un tipo de tumor cerebral que Iván Márquez, oncólogo del Hospital Universitario Gregorio Marañón de Madrid, define como "una enfermedad de muy mal pronóstico". 

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Lo es porque pocas cosas buenas se pueden esperar de un diagnóstico como el que recibió Delfín en enero de 2016. Tres tumores de grado 3 en el cerebro de los que sólo uno pudo ser extirpado por completo quirúrgicamente. Esa operación precedió al resto del tratamiento: radioterapia y quimioterapia oral con temozolomida, el único medicamento que ha mostrado mejorar la supervivencia de estos pacientes. Pero mejorar, en este caso, no tiene nada que ver con curar.

Las estadísticas son terribles, como destaca Márquez. La mitad de los pacientes que completan el tratamiento -es decir a los que se les extirpa el tumor por completo, que no fue el caso de Delfín, y hacen la radio y la quimioterapia durante seis meses- recaen de la enfermedad en el primer año. 

Existen tres tipos de tumores cerebrales de alto grado: el oligodendroglioma, el astrocitoma y el glioblastoma. Todo parece indicar que Delfín sufriría alguno de estos dos últimos, ya que el primero "responde mejor a la quimioterapia", aunque tampoco es trata de una enfermedad de buen pronóstico.  La mediana de supervivencia del glioblastoma es de alrededor de 15 meses, más o menos lo que ha durado el diseñador. La otra variedad también agresiva del tumor cerebral, el astrocitoma anaplásico, deja a los pacientes vivir algo más, pero no suelen superar los dos años, según reconoce la neurooncóloga del Hospital del Mar María Martínez.

El oncólogo del Gregorio Marañón comenta que no es habitual sufrir esta enfermedad a la edad del diseñador, 45 años en el momento del diagnóstico, aunque sí hay un pequeño porcentaje de casos que se localiza en personas jóvenes. "Lo normal es a partir de los 50". Otro famoso fallecido por la misma enfermedad, el golfista Severiano Ballesteros, lo tuvo a los 51, aunque resistió hasta los 54. Martínez señala que la edad de aparición de los tumores cerebrales más agresivos es "algo anterior" a la de otros tipos de cáncer. 

El gran problema con el que se enfrentan los expertos en su lucha contra esta patología es lo agresivo de estos tumores, que se hacen resistentes al tratamiento. "No es sólo que a la quimioterapia le pueda costar atravesar la barrera hematoencefálica; es que, aunque lo haga, el tumor aprende a hacer frente a los medicamentos; al poco tiempo, un grupo de células se activa y vuelve a hacer crecer el tumor", subraya Martínez. 

Son más las características malévolas de este tipo de cáncer. Por ejemplo, la amplísima variedad de síntomas. Contaba Delfín que su médica le había diagnósticado ansiedad ante los primeros signos de alarma, algo relativamente común. "Depende muchísimo de dónde esté localizado; si es una zona que gobierna el habla o el movimiento, se nota porque fallan esas áreas", explica Márquez, que añade: "Pero también puede dar la cara con problemas de visión, con ataques epilépticos e incluso con alteraciones de la personalidad que pueden pasar desapercibidas en un primer momento". 

Los oncólogos consultados por EL ESPAÑOL coinciden en que, al contrario de lo que sucede en otros tipos de cáncer, para los tumores cerebrales las opciones terapéuticas son escasas. Y no por falta de intentos. Contra ellos se han ensayado sin éxito -al menos hasta el momento- desde la inmunoterapia, que está revoluciOtonando el tratamiento de otros tipos de cáncer- a terapias dirigidas como el anticuerpo monoclonal bevacizumab, muy potente en otras áreas. Los expertos creen que el futuro puede estar en la combinación de terapias, pero no se ve nada que vaya a revolucionar el pronóstico en un horizonte muy cercano

La última característica negativa de los tumores cerebrales es la incapacidad para prevenirlos. Si bien se sabe que en todo los cánceres, la mala suerte genética juega un papel importante, en muchos existen factores de riesgo asociados, desde el tabaquismo al consumo excesivo de grasas. 

No es el caso de este cáncer. Aunque se ha intentado asociar con el uso del teléfono móvil o las radiaciones, ningún estudio ha podido demostrar dicho nexo. En el adiós a David Delfín, poco se puede consolar a pacientes que sufren la misma enfermedad.