Aunque, en realidad, el concurso ¿Quién quiere ser millonario? es de origen inglés, tanto este espacio como la ceja levantada de Carlos Sobera son parte de la cultura popular de España. Ahora el formato vuelve a estar en antena con Juanra Bonet como presentador y celebridades como concursantes. El viernes pasado, sin embargo, el programa se hizo popular en redes sociales por una pregunta que ha indignado a nutricionistas y otros científicos.

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Concursaba la actriz Ana Milán —que había elegido a Open Arms como beneficiaria de todo el dinero que ganó— cuando irrumpió la siguiente pregunta por 750 euros: "Las flores de Bach son un remedio para…". La concursante dio en el clavo con la respuesta que pedía el programa, "los problemas emocionales". Pero los científicos y buena parte de los usuarios de Twitter que reaccionaron a este momento se llevaron las manos a la cabeza.

Todos ellos coincidían en señalar que las flores de Bach no servían para absolutamente nada. Milán confesó saberse la pregunta porque las había tomado y que se ponía unas gotas debajo de la lengua cuando tenía un mal día: "Quince. Creo que son cinco, pero yo me echaba quince", bromeó. De todas formas, al final de su intervención admitía que esta "infusión de flores" no hace nada, "pero te entretienes; o sea, ¿base científica? Ninguna".

Respuesta científica

Las flores de Bach son una solución muy conocida en el mundo de la homeopatía, una práctica pseudocientífica que ya ha desaparecido de las universidades españolas. Por esta razón, muchos científicos han reaccionado a la pregunta del famoso programa. Gemma del Caño, farmacéutica y experta en Seguridad Alimentaria; Miguel Ángel Lurueña, doctor en Ciencia y Tecnología de los Alimentos; o Conchi Lillo, neurobióloga de la Universidad de Salamanca, han sido tajantes con su respuesta en Twitter:

Aunque el nombre de las flores de Bach puedan recordarnos al famoso músico y compositor alemán, en realidad no tienen nada que ver con él, sino con Edward Bach, un médico y homeópata inglés que fue quien elaboró la receta. Como ingredientes lleva algunas flores maduras y, según su inventor y ¿Quién quiere ser millonario?, se emplean para tratar problemas emocionales como el miedo, la confusión o la ira.

Tal y como se explica en este artículo de EL ESPAÑOL, las flores de Bach se elaboran a través de dos métodos diferentes: por exposición solar o por decocción/hervor. En ambos casos, las flores se ponen en agua de manantial y se dejan al calor durante un tiempo determinado, finalmente, se rellena la mitad de un frasco con este líquido y la otra mitad, con alcohol —el más utilizado suele ser el brandy—.

Pocas evidencias

De todas formas, aunque algunos medicamentos proceden de las plantas, las flores de Bach no tienen principio activo. La Asociación Española de Medicamentos Genéricos (Aeseg) explica en su página web que un principio activo es "toda sustancia o mezcla de sustancias destinadas a la fabricación de un medicamento [...] destinado a ejercer una función farmacológica, inmunológica o metabólica con el fin de restaurar, corregir o modificar las funciones fisiológicas, o de establecer un diagnóstico".

Además, según el artículo anteriormente citado, apenas hay estudios que hayan intentado demostrar "la evidencia científica detrás del método y ninguno ha podido demostrar que las flores de Bach superen al efecto placebo". Es decir, que las flores de Bach no tienen efecto farmacológico ni están basadas en una evidencia científica y, por eso, los científicos se muestran tajantes a la hora de etiquetarlo como una pseudociencia inútil.

La dosis que se suele recetar de este líquido son unas 4 o 5 gotas hasta 6 veces al día colocadas debajo de la lengua. Aunque no producen ninguna mejoría demostrada en los síntomas emocionales que dicen tratar, las flores de Bach no son tóxicas. Se trata de una sustancia que no presenta riesgos para la salud, pero sí para nuestra cartera: un frasco de 20 mililitros puede llegar a costar hasta casi 20 euros.