Los aceites esenciales se han usado durante miles de años por sus propiedades y beneficios para la salud. El problema, como ocurre con todas las pseudociencias, es que no existe ninguna evidencia científica detrás de esas supuestas bondades.

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Esto debería ir acompañado de un descenso en su compra y consumo, pero no es así. La aromaterapia, que es cómo se ha bautizado a la utilización de estos diversos aceites, otorga un olor en particular mediante un aceite que varía según la planta de la que procede. Pero, según los defensores de su uso, sus poderes van mucho más allá de aromatizar. 

Ante esta situación, hay quien podría argumentar que tampoco hacen daño, ya que sólo mejora el olor de una estancia o de un pañuelo que el paciente huele con fe. Sin embargo, existe un peligro muy poco conocido asociado al uso de la aromaterapia y es que, como han destacado los científicos, su ingestión vía oral ha ido aumentando durante los últimos años.

Una tendencia al alza

Sí, en otras palabras, mucha gente está ingiriendo y comiéndose aceites esenciales, ya sea por accidente o de forma deliberada, y dichas situaciones están empezando a causar serios problemas. De hecho, en Europa y los Estados Unidos las intoxicaciones por aceites esenciales están volviéndose cada vez más frecuentes, mientras que en Australia están empezando a disminuir.

Ahora, un nuevo estudio publicado en el Medical Journal of Australia ha analizado datos procedentes del Centro de Información sobre Venenos de Nueva Gales del Sur (NSWPIC en sus siglas inglesas), el cual atiende a aproximadamente la mitad de los casos sobre venenos de todo el país oceánico. Según dichos datos, entre julio de 2014 y junio de 2018, este centro registró hasta 4.412 casos de intoxicación por aceites esenciales, y alrededor de dos terceras partes se producían en niños menores de 15 años. Y, como dato destacable, el número de llamadas aumentó hasta un 16% entre los años 2014-2015 y 2017-2018.

Los aceites esenciales son moléculas volátiles, lo cual implica que se evaporan a bajas temperaturas. De hecho, para producirlos, se extraen de materias vegetales mediante destilación, un proceso que implica el uso de vapor. Su nombre se refiere a la esencia de la planta, y a la fragancia de la misma.

Sus usos son diversos, y pueden formar parte de perfumes, jabones, quemadores de incienso y como aceites sin más en procesos de aromaterapia. Sin embargo, algunos comerciantes de estos productos llegan a recomendar su uso de forma directa sobre la piel, y también mencionan la posibilidad de ingerirlos por vía oral, algo que está condraindicado y puede ser peligroso.

Una toxicidad severa

Según los autores del nuevo estudio, estas sustancias pueden causar una "toxicidad severa" si se ingieren, y el riesgo depende mucho del aceite usado, pudiendo dar lugar a una toxicidad rápida con muy poca cantidad del aceite en cuestión, sobre todo en el caso de los niños, donde apenas 5 ml pueden dar lugar a una situación potencialmente mortal.

Los síntomas más comunes son vómitos, depresión o excitación del sistema nervioso central, e incluso neumonitis o inflamación pulmonar por aspiración. Además, algunos aceites esenciales pueden llegar a alterar el equilibrio hormonal corporal, y algunos estudios han llegado a demostrarlo: los aceites de lavanda o del árbol del té contienen compuestos que imitan a los estrógenos e inhiben a la testosterona, dando lugar en un pequeño número de casos a una ginecomastia prepuberal o crecimiento patológico del tejido mamario en niños pequeños tras usar dichos aceites sobre la piel. Por suerte, en todos los casos los síntomas desaparecieron al dejar de usar los aceites.

Así mismo, los autores explican que hasta el 80% de los casos que contactaron con el NSWPIC afirmaron que la ingestión de los aceites esenciales se debía a un accidente, tras confundirlos con otros compuestos, como jarabes para la tos; otro 13% los ingirieron como "error terapéutico". Sin embargo, hubo un alarmante 2.4% (105 personas) que confesaron haber ingerido estas sustancias deliberadamente, creyendo que eran seguros y tendrían beneficios para su salud.

Los investigadores sugieren que las regulaciones actuales para los aceites esenciales son inadecuadas e inseguras en cuanto a los niños se refiere. Los cierres a prueba de infantes solo son obligatorios cuando el volumen del aceite esencial es superior a 15 mililitros, pero algunos de ellos son muy tóxicos con tan solo 5 mililitros, por lo que hay algo que falla en la regulación actual.