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    La nutrición, una ciencia que avanza

    La nutrición es una ciencia joven que se encuentra en constante evolución. Prueba de ello es que hace no demasiado tiempo se pensaba que los huevos eran malos para el colesterol, que los frutos secos engordaban o que el café favorecía el riesgo cardiovascular. Numerosos estudios han demostrado, años después, que esto no es cierto. Se trata de alimentos saludables que deberíamos incorporar a nuestra dieta. Ocurre lo mismo con productos ricos en grasas saturadas como el pescado, por ejemplo. 

    De igual forma que hay alimentos que durante mucho tiempo se consideraron perjudiciales para la salud y realmente no lo son, hay otros que han sido venerados a lo largo de décadas (y que aún hoy se encuentran muy presentes en nuestros hábitos alimentarios) y que deberíamos evitar. 

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    Zumo

    El zumo de naranja forma parte del desayuno de cientos de miles de españoles prácticamente desde que el mundo es mundo. “Un zumito de naranja recién exprimido va que ni pintao’ por las mañanas”, suelen argumentar sus defensores. Sin embargo, el zumo, ya sea de naranja, de piña, o de manzana, es perjudicial para nuestra salud. ¿Incluso si lo hacemos en casa? Sí, el casero también. 

    Tal y como explicaba el creador de Sinazucar.org, Antonio R. Estrada, a EL ESPAÑOL, el azúcar de los zumos es absorbido de una forma asombrosamente rápida por nuestro organismo al tratarse de azúcares libres, que no es encuentran en la matriz de la fruta. En cambio, la fruta entera contiene una gran cantidad de fibra, un nutriente que no sólo favorece la lenta asimilación de la fructosa, que se encuentra intrínseca en ella, sino que consigue que el proceso de digestión sea mucho más lento. 

    Así, el último estudio robusto que advirtió sobre el peligro de los zumos fue publicado hace apenas unas semanas en la revista médica The BMJ y equiparaba directamente al zumo con los refrescos azucarados. Según los resultados de este trabajo, el consumo habitual de este tipo de bebidas aumentaría las posibilidades de sufrir cáncer.

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    Yogur

    Desde que el mundo es mundo, el yogur ha sido asociado con numerosos beneficios para la salud. De hecho, no sólo se trata de un alimento del que se decía que podía favorecer sobremanera nuestra salud intestinal, sino que además era un estupendo aliado para reducir el riesgo de padecer diabetes tipo 2 (en el contexto de una dieta saludable) y para prevenir la obesidad. 

    Pero las cosas han cambiado. Una relevante investigación publicada el pasado año en la revista BMJ Open dio la voz de alarma: no todos los yogures que podemos encontrar en el supermercado son tan saludables como pensamos ya que la gran mayoría sobrepasan ampliamente la cantidad de azúcar recomendada para un producto como éste. Así, los únicos yogures que este trabajo salva de la quema son los yogures griegos. ¿Por qué? Porque tienen una cantidad mucho menor de azúcar y un mayor contenido en grasas y proteínas. 

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    Jamón de York

    No sabemos cómo ni casi por qué, pero al jamón de York siempre se le han atribuido unas propiedades salutíferas que poco o nada tienen que ver con la realidad. Tal y como ya hemos contado en alguna ocasión, este producto, a pesar de su bajo contenido calórico, debería ser consumido de forma ocasional. En el mercado podemos encontrar tres tipos de jamón de York distintos: el jamón cocido extra (el de mayor calidad), el jamón cocido (a secas) y el fiambre. En este último caso, el porcentaje de carne ronda como mucho el 50% del producto. 

    ¿Por qué se trata de un producto poco recomendable para nuestra salud? Porque estamos ante una carne procesada, como las hamburguesas o como las salchichas, cuyo consumo aumenta el riesgo de sufrir cáncer. La Organización Mundial de la Salud (OMS) advirtió sobre ello en un famosísimo informe publicado en 2015.