Con los helados pasa como con los amores de verano: un año tras otro, aparecen en el momento más inoportuno. Después de meses machacándote en el gimnasio y siguiendo una estricta dieta para lucir tus mejores encantos, aparece él delante de ti (el helado de vainilla y chocolate con el que lo llevas gozando desde hace años), y no eres capaz de decirle que no. El amor (y la comida) tiene estas cosas. 

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La realidad es que el perfil nutricional de las distintas variedades de helados que podemos encontrar en el supermercado es muy variado. Eso sí, tenemos que tener en cuenta una cosa: salvo contadísimas excepciones, ninguno es recomendable. Por lo general, los helados son un alimento que, tal y como advierte la dietista-nutricionista Blanca García-Orea, del Centro Médico Clínicas Segura, contiene una elevadísima cantidad de azúcar, grasas de mala calidad y distintos conservantes y aditivos para alargar la vida útil del producto e impulsar aún más su sabor. "Ninguno se salva, ni los sin gluten ni los sin nada. Todos llevan azúcar para darle sabor", explicaba en un artículo publicado hace unas semanas en EL ESPAÑOL. 

Pero, ¿cuál es el helado más calórico? La Organización de Consumidores y Usuarios (OCU) publicó hace algún tiempo una guía de compra para aprender a diferenciar las distintas variedades industriales: desde el clásico sorbete, pasando por los granizados o los helados de crema. La composición, el perfil nutricional y la forma de elaboración varían sustancialmente de unos a otros. 

Así, desde el punto de vista legal, los helados se dividen en ocho categorías distintas: americano (10% de grasa), de crema (contiene como mínimo un 8% de grasa láctea), de leche (se elaboran tanto con leche entera como desnatada), helado (como los que podemos encontrar en ‘formato bola’ en las heladerías), con cobertura de chocolate (contienen manteca de cacao), sorbete (80% de agua), polo (90% de agua) y granizado ("son los helados de agua, aunque en estado semisólido", explica la organización).  

Si nos fijamos, esta clasificación legal ordena las distintas variedades de helado en función de la materia grasa que contienen. La grasa es un elemento fundamental en este producto porque determina tanto su textura como su calidad, tal y como explica la OCU. De hecho, cuanta más grasas tenga un helado, más cremoso será el resultado final. Por el contrario, cuanto más se asemeje a un polo de hielo tipo Calippo, menos cantidad de grasa tendrá y más de agua. 

La clave está en la grasa

"Un auténtico helado debería llevar grasa láctea (entre el 30% y el 40% de grasa saturada). Si no es de origen lácteo, deberían usarse grasas sustitutivas que tuvieran, como mucho, el mismo porcentaje de saturación", explica la organización. "Sin embargo, en la práctica, para fabricar helados de grasa no láctea se utilizan grasas vegetales, procedentes del coco, de palma… Son más baratas, mucho más saturadas y poco aconsejables para nuestra salud", añade. 

Estas grasas, junto a la elevadísima cantidad de azúcar que llevan y a otros ingredientes, es lo que hace de los helados un producto insano que, tal y como indican los nutricionistas, deberíamos tomar en contadas ocasiones. Por lo tanto, no es de extrañar que los helados más calóricos sean aquellos que tienen una mayor cantidad de materia grasa.

Según la OCU, los helados tipo americano son los que aportan un mayor volumen de energía. En concreto 100 gramos de una de esas tarrinas de helado de cheesecake y fresas o de crema de cacahuete pueden llegar a aportar alrededor de 270 kilocalorías en 100 gramos de producto. Le siguen muy de cerca los helados de crema como los conos, que llegan hasta las 230 kilocalorías; y los helados de grasa no láctea o de leche, que se encuentran entre las 180 y 200 kilocalorías; o los de leche desnatada, cuyo contenido calórico ronda las 170 kilocalorías. 

¿Y los helados sin azúcar? Que no te engañe el nombre. Su contenido calórico puede elevarse hasta las 232 kilocalorías. "Los helados sin azúcar y los light apenas tienen diferencias con los convencionales en lo que a aporte de calorías se refiere, puesto que el azúcar no es el ingrediente que más energía aporta, sino las grasas, y los productos sin azúcar también las suelen llevar", advierten desde la OCU. 

Así, en el otro lado de la balanza se sitúan los polos de agua (90 kilocalorías/100 gramos) o los sorbetes, que aportarían menos calorías aún (entre 80 y 100 kilocalorías). Por último, la OCU señala que los nuevos yogures helados son una variedad que se encuentra en un limbo legal, que "poco tienen que ver con lo que sería un helado de yogur". "Un producto de este tipo, como el Yolado de Danone, lleva cerca del 1,6% de grasa. Si estuviera hecho con leche desnatada, el contenido en grasa debería ser, como máximo, del 0,3%", finalizan.