Las pastillas de caldo deshidratado llegaron a España en 1937 (en plena Guerra Civil) de la mano de Gallina Blanca, que por entonces se llamaba Gallina de Oro. Desde entonces, la mayor parte de la población se refiere a todos los cubitos de caldo concentrado por el nombre comercial que le puso esta empresa: Avecrem.

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Aunque muchas personas usan a diario estas pastillas (independientemente de su nombre), la población general desconoce su principal problema: su alto contenido en sal y la calidad de las grasas que se utilizan. Como explicamos en este artículo de EL ESPAÑOL

Estas pastillas presentan un alto contenido en sal de mesa, potenciadores del sabor (glutamato monosódico) y grasas que pueden ser más o menos saludables. En concreto, si nos paramos a leer las etiquetas de algunos productos podemos comprobar el principal ingrediente que le echas a tus preparaciones cuando recurres a estos cubitos: sal.

[Más información: El peligro del Avecrem: esto es lo que esconden los cubitos de caldo concentrado]