Los efectos de El Niño podrían prolongarse hasta el invierno de 2027-2028 y alterar la circulación atmosférica sobre el Atlántico Norte y Europa. Así lo apunta un estudio publicado en la revista Geophysical Research Letters.
La investigación analiza 15 conjuntos de simulaciones climáticas y concluye que las anomalías térmicas de los océanos tropicales pueden persistir meses, como una especie de "memoria del sistema climático" que modifica la atmósfera y las precipitaciones europeas y españolas posteriores.
El Niño es un fenómeno climático que se desarrolla en el Pacífico ecuatorial y suele alterar las temperaturas y las precipitaciones de numerosas regiones del planeta. Sus consecuencias pueden alcanzar zonas muy alejadas y prolongarse considerablemente en el tiempo.
Según los autores, la influencia de El Niño sobre la circulación atmosférica del Atlántico Norte puede mantenerse durante el invierno siguiente. Así, un episodio que alcance su máximo en 2026-2027 podría seguir dejando huella durante el invierno de 2027-2028.
Cómo afectará a España
El estudio halla que, tras un episodio de El Niño, persisten anomalías de temperatura en amplias zonas de los océanos tropicales. En numerosos modelos, estas diferencias alcanzan "aproximadamente entre 0,5 y 1 °C" y continúan presentes durante el otoño siguiente.
Una de las regiones con un patrón persistente es el océano Índico tropical, donde aparecen diferencias notables entre sus sectores occidental y oriental. Estas anomalías modifican la evaporación, la formación de nubes y la distribución de las precipitaciones tropicales.
La clave para España reside en la Oscilación del Atlántico Norte, un patrón que determina la posición de las borrascas. En fase positiva, los vientos del oeste se refuerzan y las perturbaciones atlánticas tienden a desplazarse hacia el norte.
En ese escenario, la Península Ibérica queda con mayor frecuencia bajo la influencia de las altas presiones. El resultado es un invierno más seco de lo normal en muchas zonas de España, especialmente en el oeste y el suroeste.
La situación cambia cuando la NAO entra en fase negativa. Aumenta la probabilidad de que las borrascas atlánticas circulen por latitudes más meridionales, favoreciendo la llegada de frentes y precipitaciones a la península durante el otoño y el invierno.
Los expertos muestran que los episodios de El Niño suelen favorecer una respuesta próxima a la fase negativa de la NAO durante el primer invierno, aunque "esta relación no se produce siempre" y presenta una incertidumbre entre los modelos.
Lo más novedoso es que, en el segundo invierno, parte de los modelos muestra una respuesta diferente, marcada por la fase positiva de la NAO o por el patrón atmosférico del Atlántico Oriental. Los efectos podrían "cambiar de signo".
Los investigadores comprobaron que 12 de los 15 modelos analizados mostraban una respuesta significativa en los patrones de circulación del Atlántico Norte durante el segundo invierno posterior a un episodio de ENSO, el fenómeno que engloba a El Niño.
Los autores advierten de que "no todos los episodios de El Niño son iguales" y de que las observaciones históricas aún no confirman con la misma solidez todos los mecanismos. Aun así, el hallazgo puede mejorar las predicciones estacionales.
