Un otoño más la Comunidad Valenciana ha vuelto a verse afectada por unas precipitaciones "históricas", como las ha definido la Agencia Estatal de Meteorología (Aemet), que se han producido tras la llegada de la depresión aislada en niveles altos (dana) Adam.
Las escenas que ha dejado este temporal con municipios de Valencia y Alicante sufriendo inundaciones recuerdan a las que se vivieron en esta misma zona hace prácticamente dos años. En ambos episodios se han registrado acumulados de más de 700 litros por metro cuadrado.
La acumulación de estos eventos en tan poco tiempo ya no resulta sorprendente para los meteorólogos, quienes insisten en que el contexto climático en el que se desarrollan está cambiando, con un Mediterráneo más cálido y una atmósfera con mayor capacidad para contener vapor de agua.
La combinación de estos factores es lo que está provocando que algunas danas dejen precipitaciones más intensas de lo habitual. Pero la presencia por sí sola de estos fenómenos no es la que genera los episodios de lluvias intensas.
Barrancos con rápidas inundaciones
El levante español reúne unas características geográficas y meteorológicas especialmente favorables para la aparición de lluvias torrenciales, como explica la meteoróloga Mar Gómez en declaraciones a EL ESPAÑOL.
Por un lado, nos encontramos con un mar Mediterráneo que a principios del otoño conserva una importante cantidad de energía acumulada durante el verano: las temperaturas en superficie cercanas a las costas españolas todavía están entre 3 ºC y 4 ºC por encima de lo normal.
Por otro, la proximidad de sistemas montañosos al litoral favorece el ascenso del aire húmedo cuando los vientos soplan desde el mar hacia tierra.
Este proceso alimenta la formación de lluvias que combinadas con situaciones de inestabilidad como una dana, dan lugar a las intensas lluvias torrenciales típicas de la región.
Estas lluvias torrenciales extraordinarias, recuerda Gómez, no son un fenómeno nuevo en el Mediterráneo español. De hecho, el 3 de noviembre de 1987 se registraron 817 l/m2 en 24 horas en Oliva, un récord histórico de precipitación en nuestro país.
Hay otros expertos, como el meteorólogo J. J. González Alemán de la Aemet, que han reconocido que cualquiera en los años 80 diría que dos eventos de precipitaciones con más de 700l/m2 en apenas dos años es virtualmente imposible.
"Hoy ya no estamos en ese clima", argumenta, "nos encontramos con una nueva realidad climática que puede producir estos eventos con facilidad, por lo que no queda otra que adaptarse".
En esta ocasión se ha añadido otro factor más: sobre las Islas Británicas ha habido un potente anticiclón que ha favorecido que sobre España se canalizaran vientos de componente marítimo desde el Mediterráneo.
Estos vientos de gran recorrido marítimo aportan mucha humedad y energía a la atmósfera. Al entrar a tierra se encuentran con una orografía que los obliga a ascender, las sierras del interior de la Comunidad Valenciana, provocando la condensación y la formación de estas nubes de tormenta.
Al encontrarse con el aire frío en altura que acompaña a las danas se genera un perfil muy inestable. Estos vientos han sido persistentes y han continuado alimentando a las tormentas con humedad, por lo que las lluvias en este tipo de casos, dejan abundantes precipitaciones.
Pero, como apunta el meteorólogo de Meteored José Miguel Viñas, Adam por sí sola difícilmente hubiera dado lugar a unas lluvias tan extraordinarias: "Ha sido la segunda dana, situada en el sur peninsular y un área de bajas presiones en el Mediterráneo lo que las ha disparado".
El terreno también ha jugado un papel fundamental, como demuestran los trenes convectivos que se han formado. Y es que se trata de una sucesión de tormentas que quedan retenidas por la orografía y situadas sobre una misma región continúan descargando litros y litros sobre la misma zona.
Además, esta región está caracterizada por ramblas y barrancos de corto recorrido que recogen estas grandes cantidades de lluvia y canalizan rápidamente el agua hasta zonas más bajas, provocando inundaciones en puntos en los que incluso, no ha llovido ni una gota.
Por ello, señala Gómez, no se puede afirmar que haya más danas por efecto del cambio climático, pero sí que algunas pueden ser más virulentas y dejar precipitaciones más intensas, como demostró un estudio publicado a principios de este año en Nature Communications.
En él se concluyó que el cambio climático intensificó un 21% las tasas de precipitación en seis horas durante la dana de Valencia de octubre de 2024, aumentó un 19% el volumen total de lluvia en la cuenca del Júcar y amplió un 55% la superficie afectada por precipitaciones extremas superiores a 180 l/m2.
La aparición de estos fenómenos depende de configuraciones atmosféricas tan concretas que no pueden predecirse con tanta antelación.
Sin embargo, desde el punto de vista climático, debemos prepararnos para un escenario en el que determinadas precipitaciones extremas puedan ser más intensas y sus impactos potencialmente mayores.
"La realidad es que es altamente probable que cada vez veamos más episodios de este tipo tanto en intensidad como en frecuencia", advierte Gómez. Viñas conviene que un episodio como el que se ha vivido este lunes en el levante español es poco probable que se repita este mismo otoño.
"Eso no impedirá que volvamos a tener episodios de lluvias destacados. A más largo plazo, sí que es probable que volvamos a ver situaciones de una magnitud e intensidad similares", concluye.
