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Los veranos españoles de mediados de siglo podrían tener poco que ver con lo que conocíamos hace apenas unas décadas. Y no se trata únicamente del obvio aumento de temperaturas que ya hemos sufrido estos últimos años: los periodos sin lluvia se alargarán.

Las noches también serán cada vez menos refrescantes y, paradójicamente, los episodios de lluvias intensas seguirían siendo protagonistas en un clima progresivamente más seco.

En este aspecto, la meteoróloga Mar Gómez, de eltiempo.es, ha planteado uno de los escenarios más llamativos: que alrededor del año 2050 haya regiones españolas que encadenen más de 60 días sin registrar precipitaciones.

Su análisis se basa deliberadamente en escenarios climáticos desfavorables, pero la tendencia que describe sí cuenta con evidencia científica.

Más calor, más sequía

Como ejemplo, un estudio publicado en Science of the Total Environment, basado en simulaciones EURO-CORDEX para España y el periodo 2021-2050, proyectó un aumento generalizado del número de días secos consecutivos, especialmente en primavera, verano y otoño.

Asimismo, los días consecutivos de lluvia tenderán a reducirse en buena parte de la península. Se trata de una distinción importante. Hablar de un clima más seco no significa necesariamente que la lluvia desaparezca.

Esto suele implicar que llueva durante menos días y que parte de esas lluvias se concentren en episodios más intensos, algo que a su vez ha detectado este mismo trabajo, encontrando incrementos potenciales de determinados indicadores de precipitación máxima, especialmente fuera del verano.

La sequía, además, no depende tan solo del agua que cae del cielo: a mayor temperatura, mayor evapotranspiración y con más rapidez pierde la humedad el suelo.

Otra investigación publicada en npj Climate and Atmospheric Science, usando modelos climáticos CMIP6, encontró una tendencia de aumento de las sequías meteorológicas, agrícolas e hidrológicas en el Mediterráneo entre 2021 y 2060, particularmente en los países de su mitad meridional.

Así pues, España ocupa una posición especialmente sensible, y las consecuencias irían mucho más allá de tener que regar más los jardines.

La Agencia Europea de Medio Ambiente ya advierte de que el estrés hídrico afecta cada año aproximadamente al 20% del territorio europeo y al 30% de su población, una presión que se espera que aumente por efecto del cambio climático.

España figura entre los países donde la escasez de agua se hace especialmente patente durante primavera y verano. La combinación de calor y sequedad también prepara el terreno para los grandes incendios.

Un estudio sobre más de 11.000 incendios registrados en la Europa mediterránea entre 2008 y 2022 concluyó recientemente que los fuegos de mayor tamaño aparecen asociados precisamente a la coincidencia de combustibles secos, sequía acumulada, temperaturas anormalmente altas y viento.

A todo esto hay que añadir el impacto más directo: la salud humana. Las noches tropicales, es decir, aquellas donde la temperatura no baja de 20ºC, serán cada vez más habituales, especialmente en el Mediterráneo.

La ausencia de recuperación térmica nocturna no solo es incómoda, sino que prolonga la exposición del organismo al estrés térmico.

Como referencia de las consecuencias que pueden darse a raíz de este fenómeno está el estudio que se publicó en Nature Medicine donde se estimó que se produjeron más de 11.000 muertes relacionadas con el calor en España durante el verano de 2022.

Por todo ello, imaginar los veranos de 2050 como una simple versión algo más cálida de los actuales es quedarse muy corto.

El cambio más relevante podría estar en los extremos y, sobre todo, en su combinación: periodos secos más largos, suelos con menos agua, noches más cálidas y precipitaciones potencialmente más concentradas cuando finalmente se produzcan.

El verano del futuro no solo será más caluroso, sino también mucho más difícil de gestionar.