Las navidades de 2018 trajeron un anticiclón de regalo que se ha prolongado durante cuatro semanas. Las temperaturas por encima de la media y la ausencia de lluvias, con excepciones en Galicia y la mitad norte de la Península por entradas de frío ártico, han caracterizado el arranque del año. Pero la situación tiene visos de cambiar, tal y cómo adelantaba la predicción estacional: el auténtico invierno is coming, y la situación se prolongará hasta entrado febrero.

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El fin de semana del 18 al 20 de enero ha supuesto un prólogo de este cambio de tendencia, con el paso del primer frente atlántico que ha podido atravesar la Península y Baleares una vez que el bloqueo anticiclónico se ha desplazado en dirección a las Azores. Es un fenómeno de una naturaleza muy diferente a la oleada fría que se presentó diez días antes: se trataba entonces de una masa de aire polar escasamente húmedo, que desplomó las temperaturas allá donde soplaron los fuertes vientos pero que apenas depositó algún copo de nieve en las cumbres.

Un invierno sin montañas nevadas en España no es una mera molestia para románticos enamorados del paisaje y deportistas aficionados al esquí: las precipitaciones durante los meses de invierno suponen el 28% de lo que se recoge durante el año. El deshielo al llegar el calor es lo que debe rellenar embalses y caudales para pasar el verano. Un 37% restante se concentra en el otoño, pero en el caso del año hidrológico que nos concierne, los meses transcurridos desde octubre han dejado un 14% menos de precipitaciones de lo habitual según los datos de la Agencia Estatal de Meteorología (Aemet).

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Año de nieves, año de bienes: las reservas hidrológicas de nuestro país, como demostró la reciente sequía prolongada durante tres años y aún vigente en el sureste, son extremadamente poco resilientes. Sin embargo, se están verificando una serie de fenómenos que configuran una situación que recuerda a la del año pasado: un episodio de temporales lluviosos sin apenas tregua que se prolongó de la segunda mitad del invierno hasta las puertas del verano.

Gran nevada de miércoles a jueves

El lunes 21 de enero se presenta como día de transición, informa la Aemet, pero también se podría calificar de preámbulo. Se espera que a lo largo de la jornada se produzca una intensa entrada de viento de componente norte y, con ella, un acusado descenso generalizados de las temperaturas. Si hay lluvias, se producirán en el norte de la Península y en Baleares. Canarias, mientras tanto, permanecerá bajo el régimen de alisios.

Será el martes 22 de enero cuando se presente el principal frente atlántico, dejando nevadas significativas en los sistemas montañosos peninsulares que pueden llegar a caer en cotas más bajas aún, por no decir a pie de calle, en la mitad norte. Las acumulaciones de nieve en el área cantábrica y el Pirineo occidental se prevén "muy importantes" según la agencia, con espesores "muy significativos'. El temporal invernal tiene carácter "de gran persistencia", precisa la Aemet, y el miércoles 23 de enero aumentará de intensidad.

Se esperan nuevas entradas de viento del norte con rachas fuertes que contribuirán al frío, y de más frentes atlánticos que acentúen las precipitaciones por lo menos hasta el jueves 24 de enero. Mario Picazo, meteorólogo de eltiempo.es, ofrece un modelo de predicción según el cual la nieve podría caer "a nivel del mar" en la vertiente cantábrica. Para el viernes 25 de enero, la cordillera cantábrica acumularía 127 cms de nieve.

'El Niño' y el 'Calentamiento estratosférico'

El fenómeno que ya se produjo el año pasado y que convierte a nuestro país en un corredor para las borrascas atlánticas se conoce como "Calentamiento Súbito Estratosférico" (CSE). Ocurre en los polos del planeta, que registran año tras año temperaturas cada vez más altas, con las perturbaciones a nivel planetario que ello supone: destrucción de ecosistemas, deshielo, aumento del nivel del mar y olas de frío provocadas por el descuelgue de los vientos que forman el vórtice polar.

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    Los efectos del calentamiento estratosférico tiene que ver con ese último fenómeno. Comienza a gran altura, en donde la temperatura ha pasado de 75 a 15 grados bajo cero, y se extiende a capas atmosféricas cada vez más bajas. Al alcanzar el vórtice de vientos que circundan el Polo Norte, provocan que éste se expandan. Y esto a su vez provoca que los frentes de origen atlánticos se vean empujados a pasar por latitudes más bajas de lo habitual. Así, atraviesan la Península Ibérica y el Mediterráneo en lugar de hacerlo por las Islas Británicas y Europa Central.

    Este año, además, el CSE se ve favorecido por una perturbación climática planetaria: 'El Niño', el calentamiento anómalo de las aguas del Pacífico Central Oriental. Estos datos confirman que la tendencia hasta por lo menos la segunda semana de febrero será de precipitaciones por encima de la media histórica, y de "hasta 3ºC por debajo" de lo habitual para esta época según Aemet. Aunque la incertidumbre a mayor plazo es alta, la Agencia subraya que los efectos del calentamiento estratosférico pueden durar "meses".