Después de cerrar colegios, que a los trabajadores se les facilite trabajar desde casa y que se hayan suspendido conciertos y eventos deportivos para frenar la propagación del nuevo coronavirus, la práctica del distanciamiento social está teniendo un efecto colateral positivo: frenar la crisis climática. Aunque esta buena noticia tiene un sabor agridulce. La caída de las emisiones solo se prologará mientras dure esta crisis, según prevén los expertos. No obstante, este periodo de aislamiento, que obliga a vivir más despacio, a vaciar la agenda de viajes o de planes con los amigos, puede servir para explorar hábitos más saludables, tanto para las personas como para la naturaleza. 

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Según apunta Kimberly Nicholas, investigadora del Centro de Estudios de Sostenibilidad de la Universidad de Lund en Suecia, las principales fuentes de emisiones de carbono de nuestro estilo de vida son provocadas principalmente por tres actividades: coger un avión, desplazarse en coche o comer productos de origen animal. Cada vez que se evitan, la salud del planeta lo agradece. En los últimos días, muchas personas ya han dejado de hacer al menos dos de estas tres actividades contaminantes aunque, lamentablemente, haya sido una imposición para frenar la expansión del virus. 

Comer en casa 

Sobre la huella de carbono que deja la comida, se ha investigado si es mejor comer en casa o salir a cenar, pero, hasta ahora, los resultados son confusos. "Todavía no tenemos evidencia concluyente", señala Christopher M. Jones, integrante del Laboratorio de Energías Renovables de la Universidad de California. Los restaurantes son más eficientes a la hora de gestionar la comida que compran y gastan, mientras que los hogares desperdician el 25% de los alimentos que adquieren. Aunque, por otro lado, si se cena en casa se evitan las emisiones del desplazamiento hasta el restaurante.  

Pero la investigadora Kimberly Nicholas apunta al The New York Times que no es tan importante dónde se come sino lo que se come. "Comer carne de vaca tiene un impacto climático desproporcionado", mientras que las plantas tiene una huella de carbono mucho menor.

El pasado noviembre 11.000 científicos de todo el mundo instaron a la sociedad global a priorizar una dieta basada en alimentos de origen vegetal que reduzca el consumo de productos animales, especialmente el ganado rumiante, para mejorar la salud humana y reducir significativamente las emisiones de gases de efecto invernadero. Así, este periodo de confinamiento puede ser una buena oportunidad para ayudar al planeta y consumir las reservas de arroz y frijoles de la despensa. 

Compras online

Si se trabaja desde casa, con poca más actividad que sacar a pasear al perro, no es raro que se caiga en la tentación de hacer alguna compra online. Según considera Nicholas, un aumento del comercio electrónico podría ser malo para la cartera, pero bueno para el medio ambiente. La experta cita una investigación que sugiere que, gracias a las rutas de entrega centralizadas y logísticamente organizadas, puede haber menos emisiones que un escenario en que cada consumidor se desplaza en su coche de forma individual. 

Pero, este momento de menos actividad social y más vida en el hogar también es una buena ocasión para reducir las comprar compulsivas innecesarias. Como no se cansan de repetir los ecologistas, la forma más sostenible de comprar parte, en primer lugar, de hacer un ejercicio de reflexión: ¿de verdad necesito comprara ahora una camiseta o una barra de labios? No está demás dejar sobre la mesa otro dato. Amazon emitió 44,5 millones de toneladas de CO2 en 2018, según sus datos. O sea, tanto como las emisiones de todo un año de Suecia o Bulgaria

Transporte: grandes reducciones

Que la gente se quede en casa y no viaje es otra buena noticia para el planeta. Según Nicholas, un vuelo de ida y vuelta de Nueva York a Londres produce tantas emisiones de gases de efecto invernadero como el impacto climático preventivo de casi ocho años de reciclaje. Esta investigadora es autora de un estudio de 2018 que examina qué puede hacer la gente para reducir las emisiones individuales y está escribiendo un libro sobre el tema.

¿Hábitos en extinción?

Pero, ¿cuándo pase la crisis resistirá alguna de estas conductas bajas de carbono? Charles Duhigg, autor de The Power of Habit (El poder de los hábitos), señala que los hábitos construidos a lo largo de la vida son difíciles de eliminar. "Tan pronto como el ambiente de nuevo se estabilice, el hábito comienza a reafirmarse" a menos que haya una "recompensa poderosa" para un nuevo comportamiento.

Según Duhigg, aunque no hay un tiempo establecido para que se forme o que se cambie un hábito, algunas prácticas culturales, si la pandemia dura lo suficiente, podrían afianzarse. Puede ser el caso del apretón de manos, que se evita estos días junto a los besos, para no expandir el Covid-19. "Puede que haya otros tipos de comportamiento que reemplacen ese hábito, o que tal vez simplemente disminuya", así, este experto se pregunta en voz alta si algún día sus propios hijos podrían pensar que "estrecharse la mano es algo extraño y antiguo".

Algunas prácticas, como las videoconferencias y el teletrabajo, pueden ganar terreno, según este experto, ya que permiten ahorrar tiempo, dinero y emisiones. Sin embargo, duda que los viajes de placer vayan a experimentar un cambio similar. 

Lecciones de la pandemia

Para la doctora Nicholas, que se esfuerza en coger el avión lo mínimo posible, el mejor resultado de esta epidemia podría ser "encontrar nuevas formas de trabajar y colaborar, aprender, estudiar y compartir, con menos viajes físicos".

Michael Osterholm, director del Centro de Investigación y Política de Enfermedades Infecciosas de la Universidad de Minnesota, señala que la enfermedad, por todo el dolor y la destrucción que está causando, puede enseñar lecciones importantes. "Es poco agradable aprender de esta manera, pero estamos aprendiendo que podemos hacer mucho más en cuanto a qué hacemos, cómo lo hacemos y dónde lo hacemos".

No obstante, aunque los ciudadanos modifiquen sus hábitos hacia otros más sostenibles, frenar el calentamiento global no es posible sin la implicación de gobiernos y empresas. Como la crisis del coronavirus, la crisis climática necesita de medidas urgentes y radicales para mitigar su impacto. No se puede luchar contra el cambio climático con los efectos colaterales que deje un virus.