La ciudad de Ahvaz vio llegar al imperio persa, a los invasores árabes que traían la fe de Mahoma, a las hordas de Genghis Khan, a la revolución islámica de los ayatolás y a un intento de anexión que provocó la guerra de Irak con Irak. A lo largo de los siglos, dos constantes han marcado su supervivencia. De un lado, el clima desértico que la azota con siete meses de verano en los que fácilmente se superan los 40ºC. Del otro, el caudal del Karun, el único río navegable de Irán que irriga sus cultivos y da de beber a sus habitantes camino del golfo Pérsico.

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Los 1,1 millones de habitantes de Ahvaz acaban de tener otra cita con la historia. Mientras Europa se ha visto refrescada por una bajada de temperaturas generalizada, Oriente Medio está inmerso en plena ola de calor. El meteórologo francés Etienne Kapikian lo anunciaba el jueves por la tarde: la temperatura de una de las, de por sí, ciudades más cálidas del mundo, acababa de batir su récord histórico por siete décimas: 53,7ºC. La ONU recogía poco después que se trata ya no solo del máximo jamás registrado en Irán, sino en toda Asia.

Esas son las mediciones oficiales. Las oficiosas, registradas por el sitio Weather Underground citado por Tiempo.com, indican que la ciudad alcanzó los 54ºC a las cinco de la tarde, hora local. La misma que en Mitribah, Kuwait, registrada el 21 de julio del año pasado. La temperatura más alta medida jamás sobre la Tierra es la del 30 de junio de 2013 en Death Valley, California: 57ºC. Varios expertos, sin embargo, cuestionan esa medición basándose en lo que marcaron los termómetros aquél día en las áreas circundantes.

¿Tiene la mano humana alguna responsabilidad en esto? Ahvaz es una ciudad petrolera rodeada de campos de crudo y, como en gran parte de los núcleos urbanos de Oriente Medio, tiene un serio problema de contaminación provocada por el tráfico. La polución, por lo tanto, agrava las condiciones climáticas ya de por sí extremas.

Pero el cambio climático está provocando que las olas de calor sean cada vez intensas y lleguen más temprano por efecto de los gases de efecto invernadero, alertaba recientemente la organización Climate Central. Mientras que el golfo Pérsico es una caldera natural que, de seguir esta dinámica, terminará siendo demasiado cálido como para albergar la vida humana según alertaba un estudio de 20015 publicado en Nature Climate Change, la península Ibérica recibirá cada vez con más frecuencia las oleadas de aire cálido procedente del Sáhara y que han favorecido incendios como el de Pedrógão Grande en Portugal y Doñana en España.