Acabo de enterarme de que tengo 385 primos por todo el mundo. Al parecer, la mayoría de ellos viven en Estados Unidos, pero también los hay que viven en Europa, en América del Sur e, incluso, hay uno perdido en Corea del Sur. Realizar una prueba genética de ancestralidad es una de las cosas más inquietantes que me han pasado nunca.

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Yo, desde luego, soy gato. Nací en Madrid, como mis padres y mis cuatro abuelos. Mi abuelo materno era el carbonero de la calle Alcalá; mi abuela, la socia número 25 del Real Madrid. Sólo lo era para entrar en la piscina de Chamartín, pero hoy habría bofetadas por su carné. Mis abuelos paternos, tres cuartos de lo mismo: siempre vivieron en el centro.

Sin embargo, la empresa My Heritage asegura que soy un 40% italiano. ¡Casi la mitad! No, no es posible que mi padre no sea mi padre. Creedme, somos iguales. Hasta donde sabía, lo más exótico que tenían mis orígenes eran dos bisabuelos de una aldea de Asturias y una tatarabuela de Cuenca que tenía una madre pelirroja.

Las muestras de células se envían por correo a Estados Unidos Clara Rodríguez

Un vídeo musical, tópicos y 'Backstreet Boys'

Las células del interior de mi mejilla dicen que solo tengo un 58% y pico de ibérico y poco más de un 1% de europeo del noroeste. Se refieren a alemán, francés u holandés; ahora me creo cualquier cosa. Me parece muy extraño ser tan italiano y, sin embargo, no conocer a ningún pariente que lo sea. Pero, ¿quién soy yo para cuestionar a la ciencia genética? Multitud de youtubers, cantantes de Eurovisión e, incluso, los Backstreet Boys se han sometido al mismo examen que yo.

La prueba se puede adquirir en la página web de My Heritage. En su interior hay unos palillos con algodón con los que te frotas el interior de la mejilla. Según explica la página web, el algodón consigue recoger las células epiteliales, que, aseguran, serían las más indicadas para este tipo de análisis. Después, las muestras se mandan por correo al laboratorio en Texas, Estados Unidos, donde se extraen los datos, que llegan al cliente tras un mes de espera.

Los datos aparecen en un vídeo en el que se muestran las regiones terrestres en las que habitan las poblaciones con las que compartes genoma. De fondo, una melodía inspirada en la música típica de esos lugares y un poco de información sobre aspectos culturales de cada una de estas etnias. Eso sí, de una manera general y tópica. Sobre los italianos destacan el enorme consumo de pasta que hacen al año: 30 kilogramos por familia.

Un 'Facebook' de parientes lejanos

Para comprobar cuánta proporción de ciencia y cuánta de marketing tienen estos productos, llamé por teléfono a Manuel Pérez-Alonso, catedrático de Genética en la Universitat de València. "Yo diría que si no conoces a ningún pariente cercano que sea italiano, es imposible que tengas ese porcentaje en tu genoma. Estas pruebas están más cerca de aportar una interpretación lúdica que científica. Con las herramientas que disponen no pueden asegurar al 100% los resultados".

Más que de ibérico o de italiano, en ese momento se me quedó cara de idiota. La "interpretación lúdica" había costado 65 euros. "No es un problema de los métodos de la empresa My Heritage, es que todavía queda mucho por comprender de nuestro genoma. Estas pruebas se hacen comparando el ADN del cliente con el de los grupos de población humanos y, hoy en día, hay muy pocas personas a las que se les haya secuenciado el genoma. Cuando haya miles de millones de genomas secuenciados, será posible conocer nuestra ancestría con rigor".

La empresa estadounidense, sin embargo, se muestra con más confianza en la genética actual y me ha relacionado con casi 400 personas de todo el mundo. De todos ellos, My Heritage sólo está segura de que comparta genoma con diez. Les he mandado un correo electrónico con todos los apellidos que soy capaz de recordar esperando que alguno de ellos les suene. Funciona como si fuera una red social. Un Facebook lleno de parientes lejanos con los que puedes contactar. Una pesadilla para muchos.

El paquete contiene dos bastonillos con los que recoger muestras del interior de la mejilla. Clara Rodríguez

Mi primo, el de Ucrania

Eso sí, My Heritage advierte de que podrían ser primos terceros, cuartos o quintos. Es decir, la relación más próxima que puedo tener con ellos es que alguno sea el hijo de un tío abuelo y la más lejana el descendiente de un tío bisabuelo tercero (del hermano de mi tatara-tatarabuelo, para que nos entendamos). Lo más probable es que no hayamos oído ninguno de nuestros apellidos en la vida. La página web al final termina mostrando un carajal de perfiles en los que más que respuestas, te surgen preguntas.

El primer familiar con el que he contactado es muy mayor y le gestiona la cuenta de My Heritage su sobrino. Mi primo vive en Estados Unidos, pero según el mensaje de su familiar, sus orígenes son de la etnia judía asquenazí. Se trata de un grupo de población de centroeuropa y, concretamente, mi primo es del oeste de Ucrania. ¿Podría haber algún tipo de relación coherente entre mi nuevo primo y yo?

"Conozco a gente que es aficionada a construir árboles genealógicos y se han sometido a estas pruebas. Los resultados les han mostrado orígenes étnicos que les han sorprendido y han intentado encontrar parientes en esos países. Sin embargo, en muy pocos casos coinciden con los árboles genealógicos", asegura Pérez-Alonso.

Es cierto que hay otros primos que tienen más papeletas de ser familiares cercanos míos. Son de España, de Portugal y de Sudamérica. Uno de ellos me ha escrito con una enumeración de seis apellidos, pero ninguno me suena de nada. De todas formas, es normal si se tiene en cuenta la distancia de parentesco que nos separa. Al final, me queda la idea de que cualquier persona que veo en el metro por las mañanas podría tener un antepasado común conmigo.

Un futuro prometedor

"En realidad, la información que guardamos en nuestro ADN lleva ahí desde antes de que fuésemos humanos", me responde Pérez-Alonso cuando le pregunto hasta qué generación se puede remontar un genetista usando mi material genético. "La cadena del ADN se compone de cuatro sustancias: adenina, citosina, guanina y timina. Las diferencias genéticas radican en cómo se ordenan estas bases nitrogenadas, pero todas ellas proceden de hace millones de años".

Es decir, en cada una de nuestras células contamos con una pista sobre los orígenes de la Humanidad. Pero, al igual que pasa con las pruebas de ancestralidad, todavía no tenemos las herramientas suficientes para descifrar esta información. Pero no temamos: "la tendencia actual revela que nos acercamos a estudios más detallados. Es posible que, dentro de no muchos años, tengamos acceso a más información de nuestro genoma, y no sólo sobre nuestros antepasados".

"¿Y las pruebas que revelan qué enfermedades eres propenso a padecer?", le pregunto. "Esas sí que tienen una validez superior, son diferentes. Mucha gente se somete a ellas para anticiparse a sufrir algunas enfermedades. Sin embargo, la controversia que generan estas pruebas también es diferente: hay científicos que no consideran ético el acceso a esta información", explica.

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