Hasta el siglo XIX existían miles de unidades de medida para las mismas cosas. Cada región y casi cada pueblo de la vieja Europa tenían sus propias referencias a la hora de calcular el peso y la longitud. Hay que imaginarse el lío que suponía esto en un mundo cada vez más global en el que comenzaban a multiplicarse los intercambios comerciales.

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La Revolución Francesa, heredando las ideas de la Ilustración, impulsó la racionalización de muchos aspectos de la vida cotidiana, así que en 1791 la Academia de Ciencias de París propuso que la medida de referencia para la longitud debía estar basada en la naturaleza. En concreto, la diezmillonésima parte del meridiano terrestre desde el polo hasta el ecuador parecía una buena unidad. Esa iba a ser la referencia y se llamaría metro.

Pero, ¿cuánto medía exactamente el meridiano para dividirlo por 10.000.000 y establecer de una vez por todas lo que era un metro? Pues eso estaba por ver, así que Luis XVI encargó la misión de calcularlo a dos astrónomos y geodestas, Pierre Méchain Jean-Baptiste Delambre.

Ambos se propusieron medir el meridiano de París –una buena razón para que más tarde británicos y estadounidenses se negaran a aceptar el sistema métrico– pero como era imposible desplazarse justo hasta el polo norte y hasta el ecuador para realizar la medición en su totalidad, tomaron como referencia la línea imaginaria que va desde Dunkerque hasta Barcelona pasando por la capital francesa.

La técnica era la triangulación geodésica. A lo largo del meridiano trazaron una cadena de triángulos cuyos vértices solían ser montañas. Desde cada cumbre medían el ángulo que había con respecto a otros montes cercanos gracias a un instrumento de medición llamado círculo de Borda.

Por el sur la última referencia iba a ser la torre del Castillo de Montjuic, desde el que medir los ángulos con respecto a otras referencias, por ejemplo, el barrio de Vallvidrera. Méchain, encargado de esta parte del meridiano, llegó a Barcelona el 10 de julio de 1792, pero iba a permanecer más de lo que tenía previsto.

Jean-Baptiste Delambre y Pierre Méchain.

Podía haber acabado su trabajo en pocos meses, pero los acontecimientos políticos se interpusieron. Su rey pasó por la guillotina el 21 de enero de 1793, estalló la guerra entre Francia y España y él tuvo que quedarse.

El fuerte de Montjuic se militarizó, como correspondía en tiempos de guerra, y Méchain no podía acceder ni tampoco regresar a Francia, así que durante un tiempo se entretuvo realizando triangulaciones entre distintos puntos de la ciudad. Así descubrió que existía un error de casi 100 metros en la latitud que le habían asignado a Montjuic, pero no informó a la Academia.

El patrón para todo el mundo

Entre unas cosas y otras, los dos geodestas no regresaron a París hasta 1798 con todas las mediciones y aún así se pasaron meses perfeccionando los cálculos para determinar cuál era la diezmillonésima parte del meridiano. Finalmente, a finales de 1799 Napoleón presenta al mundo el nuevo sistema de medición, "para todos los pueblos y para todos los tiempos".

Sin embargo, el trabajo no había finalizado. Los científicos pidieron continuar las mediciones a lo largo del meridiano y nuevos cálculos desde Barcelona hasta la isla de Formentera aún harían variar mínimamente la longitud oficial del metro a comienzos del siglo XIX, aunque de forma imperceptible.

España adoptó el metro oficialmente en 1848. En 1889 la Comisión Internacional de Pesos y Medidas estableció el prototipo de referencia, una barra de platino e iridio que se guardó en Sèvres, a las afueras de París.

Este objeto mantuvo su función como referente universal de lo que es un metro hasta 1960, pero ya se ha redefinido dos veces en busca de mayor precisión desde el punto de vista teórico. Hoy en día esta definición se basa en la velocidad de la luz, aunque fuera de la exactitud científica en realidad nada ha cambiado.

Lo más curioso es que este episodio histórico ha marcado el urbanismo de Barcelona gracias al ingeniero Ildefonso Cerdá. La avenida Meridiana que proyectó debe su nombre a que su tramo inicial coincide con el meridiano.

Además, existe un monumento inaugurado en 1992 que conmemora los 200 años de la expedición de Méchain y que en la actualidad se ubica, lógicamente, en esta importante vía barcelonesa.

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