Un horno crematorio.

Un horno crematorio. WP

Ecología Polémica

La incineración que la 'lió' en Valencia: cuánto contamina y otras curiosidades

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La noticia saltó este martes tras conocerse que no todos los difuntos, a pesar de estar muertos, iban a tener los mismos derechos. Decidir qué hacer con los restos de un ser querido iba a ser imposible en algunos casos en la Comunidad Valenciana.

La Conselleria de Sanidad Universal y Salud Pública planteó en una orden sobre los hornos crematorios la prohibición de "la cremación de personas con obesidad mórbida", ya que "se necesita una cantidad muy elevada de combustible", porque repercutirá en negativamente en el medioambiente. 

Esta noticia, que condicionaba la cremación al coste medioambiental, suscitó mucha polémica; y provocó que horas después la Generalitat rectificara. Ante esto, la pregunta saltó en muchos lugares: ¿Realmente tiene un coste medioambiental tan alto?

¿Cuánto contamina la incineración?

Por lo general, un horno crematorio o una incineradora emite los mismos gases (CO2, óxidos de azufre, óxidos de nitrógeno y monóxido de carbono) que un tubo de escape, aunque a unos niveles no contaminantes, según explicó José Luis García Fierro, investigador del CSIC, a Europa Press

En concreto, los expertos señalan que cada cremación libera unos 400 kilos de CO2 a la atmósfera. Aunque, realmente el problema son las toxinas que emite este proceso; en concreto, los vapores de mercurio que se producen a causa de los empastes dentales. Este metal está asociado a problemas mentales y que suele acabar en la cadena alimentaria a través del pescado.

Científicos estadounidenses demostraron que cada incineración libera entre dos y cuatro gramos de mercurio al aire. Esto provoca que cada año nazcan en la UE unos 200.000 niños con niveles demasiado altos de mercurio.

Un estudio del año 2009 realizado en crematorios de Cataluña señala que, además del mercurio, se producen emisiones de compuestos más nocivos: Benzofuranos y benzodioxinas o PCDD/F. 

"Los resultados muestran que, en comparación con las emisiones de PCFF/F de otras fuentes, aquellas que corresponden a crematorios son significativamente menores, pero las del mercurio no deben ser infravaloradas", explica el estudio.

Coste energético de la incineración

El horno crematorio se calienta hasta los 900ºC para que el agua que compone el cuerpo humano se convierta en vapor y el cuerpo pueda arder. En concreto, para poder llegar a quemar un cuerpo de unos 70 kilos hacen falta 100 megajulios de energía termal, según un estudio publicado en Quora. Simplificado: Unos 32 metros cúbicos de gas natural o tres litros de fueloil.

Por otra parte, para un cuerpo de más de 100 kilos el gasto en energía no es superior, ya que la grasa arde. Pero, los profesionales señalan que incinerar a una persona obesa tiene el riesgo de que la cámara acumule demasiado gas o haga subir demasiado la temperatura y provocar un incendio. 

Por ello, la cremación de este tipo de cuerpos debe hacerse con cautela como indica la Cremation Association de EEUU. Incinerar un cuerpo de gran peso suele llevar más tiempo y es recomendable que sea la primera cita de cada día (cuando el horno no está aún demasiado caliente) o al menos hayan pasado 12 horas desde la última cremación.

Comer cenizas

La etnia indígena Yanomami, que habitaba el Amazonas, daba un uso bastante perturbador a las cenizas. Así, además de quemar el cuerpo, los familiares se comían las cenizas mezcladas con bananas. 

Se trata de un rito con significado religioso. Según sus creencias, esto permitiría que el alma pueda dejar el cuerpo y conseguir salvación.

La primera incineración 

Las primeras cremaciones conocidas sucedieron en la zona del litoral mediterráneo en el Neolítico, pero despareció durante el establecimiento de la cultura semita en esa área cerca del tercer milenio a. C. 

La cremación fue observada como una práctica bárbara en el Antiguo Oriente Próximo, incluso en tiempos de plagas los cadáveres se apilaban y enterraban en fosas comunes.

Los babilonios, de acuerdo a Heródoto, embalsamaban a sus muertos y los persas zoroástricos castigaban con la pena capital a todo aquel que intentaba la cremación, con una especial regulación para la purificación del fuego profano.

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