David Sinclair no es precisamente un desconocido en el mundo de la longevidad. Este profesor de Genética de la Escuela de Medicina de Harvard ya lleva asociado su nombre a años de investigación sobre envejecimiento, sirtuinas, reparación celular y diversas estrategias para vivir más años con mejor salud.
Por eso, cada vez que explica qué hace él mismo en su vida diaria, sus declaraciones generan multitud de titulares. Ese fue el caso de un artículo publicado en el medio Men's Health hace algunos meses.
En él se explicaba que este profesor, a sus 56 años, practica ayuno intermitente porque "comer tres veces al día es una locura", sugiriendo que el organismo se mantiene en un estado de permanente abundancia.
Si bien es cierto que esta afirmación es provocadora, una de las primeras cuestiones a tener en cuenta es si realmente el ser humano está hecho para comer continuamente mientras está despierto.
Saludable pero no imprescindible
Recordemos que, durante buena parte de la historia de la humanidad, no existía una disponibilidad constante de alimento; lo que hoy vemos con total normalidad, como es el hecho de comer tres e incluso cinco veces al día, sin dejar apenas unas horas entre comidas, es una costumbre relativamente moderna.
El ayuno intermitente no es una dieta en su sentido estricto, sino más bien una forma de organizar nuestros horarios de comida al ritmo de sueño-vigilia. El modelo más conocido y practicado, el 16/8, implica ayunar 16 horas y concentrar la ingesta de alimento durante las otras 8 horas.
También existen otras modalidades menos restrictivas, como la 12/12 o la 14/10, más realistas para el ritmo de vida actual. Sinclair, por su parte, defiende que estos periodos de ayuno son necesarios para activar rutas celulares vinculadas a la reparación, flexibilidad metabólica y respuesta al estrés biológico. Es lo que se conoce como hormesis, es decir, pequeñas dosis de estrés que obligan al organismo a adaptarse.
La hipótesis es atractiva y ha sido tratada en varios estudios.
Uno de ellos, una revisión publicada en 2019 en el The New England Journal of Medicine, describió que el ayuno intermitente puede inducir un "cambio metabólico" desde el uso preferente de glucosa hacia un mayor uso de grasas y cuerpos cetónicos, además de mejorar la sensibilidad a la insulina, la tensión arterial, el perfil lipídico y la inflamación de bajo grado.
Más tarde, en 2022, de nuevo en The NEJM, un ensayo realizado en humanos comparó la restricción calórica con o sin ventana de alimentación restringida durante 12 meses; es decir, todos los participantes consumían el mismo número total de calorías, pero algunos lo hacían mediante una dieta hipocalórica habitual y otros mediante ayuno intermitente. No hubo diferencias en la pérdida de peso.
Por su parte, un ensayo publicado en JAMA Internal Medicine no observó ventajas metabólicas en el ayuno 16/8, además de plantear dudas sobre la potencial pérdida de masa muscular si no se cuida la ingesta de proteína y el entrenamiento de fuerza.
Y, de forma más reciente, una revisión de Cochrane de 2026, tras analizar 22 ensayos clínicos en adultos con sobrepeso u obesidad, concluyó que el ayuno no supera a otros enfoques convencionales para perder peso.
Sin embargo, estas conclusiones no tienen que interpretarse como que el ayuno intermitente es "inútil". De hecho, para algunas personas esta reducción de la ventana horaria de alimentación les facilita consumir menos calorías; aunque, para otras, saltarse algunas comidas puede potenciar el hambre y la mala elección de alimentos.
El ayuno no debe verse como una compensación sobre una dieta poco saludable, ni un sustituto del ejercicio o el descanso.
Como explica el mismo Sinclair: "Debemos comer alimentos saludables y no consumir alimentos ultraprocesados ni comer en exceso. Practico el ayuno tanto como puedo, aunque es todo un reto en un mundo lleno de abundancia".
Pero hay ciertas formas de hacerlo. Ayunar no implica desnutrición. Hay que hacerlo con abundantes vitaminas y minerales. Hay que asegurarse de tener una nutrición adecuada. Pero creo que tres comidas al día es una locura".
Realmente, lo que puntualiza este experto es que deberíamos cuestionar hasta qué punto es normal comer a todas horas. El ayuno puede ser una herramienta útil, aunque no es magia: la longevidad dependerá de todo nuestro estilo de vida, y no solo de aplicar un rango temporal a nuestro consumo de alimentos.
