Las llamadas crisis vitales suelen interpretarse como momentos difíciles, pero para el psicólogo y divulgador Xavier Guix representan algo muy distinto. En su opinión, son etapas naturales que impulsan a las personas a revisar su vida y replantearse quiénes son realmente.
Durante una conversación en el pódcast Tranquilla ment de RAC1, Guix analizó cómo cambian las prioridades a medida que pasan los años. Según explica, cada década plantea desafíos distintos que obligan a adaptarse y a tomar nuevas decisiones.
El especialista sostiene que uno de los primeros grandes cambios llega alrededor de los 21 años. Es entonces cuando muchas personas dejan atrás definitivamente la adolescencia y comienzan a asumir responsabilidades propias de la vida adulta.
Más adelante aparece otra etapa marcada por las dudas y la reflexión. En torno a los 30 años, muchas personas empiezan a cuestionarse si el camino elegido coincide realmente con sus deseos o responde a expectativas externas.
Para Guix, el problema no es atravesar estas crisis, sino interpretarlas como un fracaso personal. Considera que forman parte del desarrollo humano y pueden convertirse en una oportunidad para comprender mejor las propias necesidades y aspiraciones.
La crisis de los 50
A partir de los 40 años, y especialmente al acercarse a los 50, surge con frecuencia una necesidad creciente de autenticidad. Muchas personas dejan de centrarse en cumplir con lo que otros esperan para prestar atención a sus verdaderos deseos.
Ese proceso implica revisar decisiones tomadas durante años y preguntarse si siguen teniendo sentido. Aunque puede generar incomodidad o conflictos internos, también abre la puerta a una vida más coherente con la identidad personal.
Según explica el psicólogo, la llegada de los 50 marca un punto de inflexión especialmente significativo. La percepción del tiempo cambia y aparece una conciencia más clara sobre cómo invertir la energía disponible en relaciones y proyectos.
Guix resume esta etapa señalando que es fundamental tener claro con quién se quiere compartir el camino. La selección de prioridades se vuelve más exigente y aquello que no aporta valor pierde espacio en la vida cotidiana.
En este momento, añade, resulta necesario aceptar los cambios físicos, emocionales y vitales que acompañan al paso del tiempo. Resistirse a ellos puede aumentar el malestar y convertir una transición natural en una carga innecesaria.
El psicólogo también alerta sobre una realidad cada vez más frecuente: personas que se sienten mayores cuando apenas han cumplido 30 años. Atribuye este fenómeno a la presión social y a la cultura del éxito inmediato.
Las redes sociales, explica, alimentan comparaciones constantes que generan sensación de retraso o fracaso. Sin embargo, recuerda que cada etapa tiene dificultades y ventajas propias, y comprenderlo ayuda a afrontar el paso del tiempo con mayor serenidad.
