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Las claves

MeerKAT, el radiotelescopio sudafricano que trabaja como un oído gigantesco, ha servido para detectar una señal que delata una colisión de galaxias a gran escala. No es una foto bonita: es un láser natural en radio que aparece cuando el gas se comprime brutalmente.

Ese láser tiene nombre técnico: megamáser de hidroxilo (OH). Emite en torno a 18 centímetros (líneas principales del OH), y suele encenderse en galaxias extremadamente ricas en gas y polvo, justo cuando una fusión dispara densidades, choques y formación estelar.

La detección récord se bautizó “Nkalakatha”, “gran jefe” en isiZulú. El equipo encontró el máser en una sola noche de observación y luego rastreó su casa: una galaxia infrarroja luminosa con una cola visible en radio, típica de interacción.

El objeto está a un corrimiento al rojo z≈0,52, lo que sitúa la emisión cuando el universo tenía aproximadamente dos tercios de su edad actual (hace unos 4.600 millones de años). En el artículo, la línea aparece con alta significancia y una luminosidad integrada del orden de miles de L☉, entre las más potentes conocidas.

La gracia del megamáser es que funciona como un cartel luminoso: “aquí hay una fusión con gas denso”. Los OHM se detectan casi siempre en galaxias infrarrojas muy brillantes, porque el polvo oculta el drama en óptico, pero la radio atraviesa el caos sin pedir permiso.

Es como observar el pasado

El hallazgo llega dentro de LADUMA (Looking at the Distant Universe with the MeerKAT Array), uno de los grandes programas de MeerKAT para cartografiar hidrógeno neutro (HI) a distancias enormes. La proximidad entre HI y OH en frecuencia hace posible “cazar” ambas cosas.

LADUMA aspira a mirar hasta épocas en las que el universo tenía solo un tercio de su edad, con miles de horas de integración. La detección temprana de Nkalakatha sugiere que, conforme el sondeo profundice, los OHM pueden convertirse en un censo estadístico de fusiones ricas en gas.

La radio, además, añade un detalle morfológico: la cola larga en un lado. En fusiones, estas colas mareales suelen ser la firma de un tirón gravitatorio sostenido, como si la galaxia se estirara mientras las órbitas se reordenan y el gas se amontona en el centro.

¿Por qué obsesionarse con estas señales? Porque el ritmo de colisiones fue mayor en el pasado cósmico, y medirlo bien sigue siendo difícil. Los megamáseres de OH ofrecen un atajo: no necesitan imágenes profundas perfectas; basta con detectar la línea correcta.

El equipo subraya otro aprendizaje: el muestreo humano siempre es parcial. Nkalakatha se encontró sin buscarla de forma dirigida, lo que sugiere que los grandes sondeos en radio están entrando en una fase donde las sorpresas ya no son excepciones, sino subproductos del volumen de datos.