Las claves
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Europa habla de autonomía estratégica y casi siempre mira al cielo: gas, petróleo, rutas marítimas. Pero hay otra dependencia más silenciosa que empieza bajo los pies. En España, el subsuelo se ha vuelto conversación geopolítica por los minerales críticos.
La dimensión de este negocio en España es más grande de lo que parece. La Estadística Minera 2024 del MITECO cifra el valor de la producción en 3.628 millones de euros, con 30.234 empleos repartidos en 2.592 explotaciones.
El interés no es como elementos decorativos: esos materiales sostienen la electrificación. El cobre es el cableado de la transición; el wolframio aguanta herramientas y aleaciones; el espato-flúor alimenta química y metalurgia; el estroncio y la sepiolita colocan a España en posiciones ventajosas.
Lo cierto es que el Gobierno acaba de aprobar el I Plan de Acción 2026-2030 para materias primas minerales, con 34 actuaciones y un discurso claro: producir más, reciclar más y hacerlo con estándares ambientales exigentes, alineado con el Reglamento europeo de materias primas fundamentales.
Bruselas, por su parte, ha fijado metas que suenan a checklist industrial: para 2030, extraer al menos 10%, procesar 40% y reciclar 25% del consumo anual europeo, además de limitar dependencias excesivas de un solo país tercero.
7 de 47 proyectops estratégicos
En esa lista comunitaria ya hay letra española. La Comisión seleccionó 47 proyectos estratégicos y siete están en España, ligados a litio, wolframio, cobre, níquel o reciclaje, con trámites acelerados y mejores condiciones de financiación.
La geografía minera también pesa. Andalucía concentra 33,9% del valor de la producción nacional y lidera el empleo del sector; la Faja Pirítica Ibérica explica parte del tirón por su metalurgia, sobre todo en torno al cobre.
Pero la “clave para desbancar a China” rara vez es solo extraer. China domina el refinado y el procesado global, y ahí Europa tiene cuello de botella. Por eso el plan español insiste también en cadena de valor, I+D y circularidad.
En paralelo, España explora otro filón menos obvio: convertir lo que fue carbón en almacenamiento. La idea es usar minas abandonadas como “baterías” hidráulicas por bombeo en circuito cerrado, moviendo agua entre cotas bajo tierra.
Hay proyectos que ya se venden como cambio de pantalla. El proyecto Navaleo, en El Bierzo, plantea reutilizar galerías inundadas para una central reversible que aporte potencia y capacidad de regulación a la red, con obra civil más contenida que una presa nueva.
El argumento es doble: mPor eso España es clave en canto a minerales para fabricar la transición, y almacenamiento para que esa transición funcione cuando no hay sol ni viento. Eso sí, si fallan ambos, se vuelve al gas de respaldo.
