Las claves
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China se ha propuesto luchar contra la naturaleza, frenar el avance del desierto y volver a hacerlo verde. Y esta batalla contra los elementos la van a realizar con un ejército microscópico: van a utilizar microorganismos capaces de transformar el suelo.
Un equipo de investigadores ha puesto en marcha una estrategia para recuperar terrenos degradados utilizando cianobacterias, organismos microscópicos muy antiguos. Los resultados del estudio se han publicado en la revista científica PLOS ONE.
Y sugieren que estas bacterias pueden ayudar a devolver la fertilidad a zonas áridas. El procedimiento consiste en introducir estos microorganismos sobre la superficie arenosa para estimular un proceso natural.
Una vez allí, comienzan a formar lo que se conoce como biocostras, una fina capa biológica que cubre el suelo. Esa película microscópica cumple una función clave: une las partículas de arena y crea una superficie más estable.
Gracias a ello, el viento deja de arrastrar con tanta facilidad el terreno superficial, uno de los principales problemas de los ecosistemas desérticos. Cuando el suelo deja de desplazarse constantemente, las condiciones cambian.
Vuelve la vida
Las biocostras reducen la erosión y permiten que el terreno retenga mejor los sedimentos y los nutrientes necesarios para la vida. Además, las cianobacterias aportan otra ventaja importante.
Estos microorganismos son capaces de fijar carbono y nitrógeno procedentes de la atmósfera, elementos esenciales para que el suelo vuelva a ganar fertilidad con el tiempo. Ese proceso provoca transformaciones graduales en el terreno.
Aumenta la materia orgánica y mejora la capacidad del suelo para conservar humedad, factores que facilitan la aparición de las primeras plantas. Los investigadores también destacan la rapidez de los resultados.
En muchos de los experimentos realizados, las mejoras comienzan a observarse en periodos relativamente cortos, entre uno y tres años.
Los datos recogidos indican que la erosión del suelo puede reducirse en más de un 90%. Esta reducción resulta crucial en regiones donde el viento desplaza continuamente grandes cantidades de arena.
Cuando la superficie se estabiliza, las plantas empiezan a colonizar el terreno. Esa vegetación inicial ayuda a consolidar aún más el suelo y acelera el proceso de recuperación del ecosistema.
Los resultados ya son visibles a gran escala. Gracias a esta estrategia basada en microorganismos, China ha logrado recuperar alrededor de 6.000 km2 de zonas degradadas.
En un contexto global donde la desertificación avanza en muchas regiones del planeta, este tipo de soluciones biológicas podría convertirse en una herramienta clave para restaurar suelos dañados y frenar la expansión de los desiertos.
