Publicada

Las claves

Los análogos del GLP-1 han recibido durante los últimos años una gran atención, no sólo por parte de quienes quieren adelgazar, sino también por parte de científicos de los más diversos campos de investigación. Ahora se preguntan si todo era una burbuja.

"Esta pregunta es trending topic entre los científicos", asegura Gontrand López-Nava, director de la Unidad de Endoscopia Bariátrica del Hospital Universitario HM Sanchinarro. "Yo diría que, desde el punto de vista epidemiológico, absolutamente sí".

López-Nava reconoce que Ozempic, Wegovy, Mounjaro y el resto de marcas comerciales de esta familia de fármacos han hecho historia y que se seguirán usando, "pero se han vendido de una manera que no debería hacerse, teniendo en cuenta que es medicina".

Según este médico, estos fármacos han canalizado la compulsión que siente la gente por adelgazar, ya sea con una motivación estética o de salud. Sin embargo, un buen número de pacientes no han sabido utilizarlos para conseguir un efecto duradero.

"Hemos notado que muchas personas que han intentado adelgazar con estos fármacos, y que han experimentado un fuerte rebote al dejarlos, han venido en el último semestre a realizarse una endoscopia bariátrica", explica este experto.

Si bien estos medicamentos han conseguido que muchas personas se planteen una ayuda farmacológica para su obesidad, "estudios publicados en The British Medical Journal (BMJ) han advertido que quien interrumpe el tratamiento con agonistas de GLP-1 recupera peso".

En concreto, el rebote puede estar entre los seis y los siete kilogramos, según López-Nava. El experto explica que esa cantidad de kilogramos es mayor de lo que se suele rebotar tras dejar una dieta o una rutina de ejercicio físico.

Los españoles que se han animado a probar los agonistas de GLP-1 suelen hacerlo por una media de tiempo de sólo dos meses. "Muchos empiezan a preocuparse por los efectos secundarios que podrían tener estas inyecciones, experimentan malestar gástrico", dice.

Aunque los análogos de GLP-1 han sido una gran revolución, son conocidos sus efectos parecidos a una mala digestión producidos por el hecho de que vuelven más lenta la digestión. "Luego tiene otros efectos secundarios más graves y menos frecuentes", señala.

Cambio de mentalidad

Ningún fármaco está exento de efectos secundarios, pero a López-Nava le preocupa el hecho de que muchas personas toman estos productos sin la correcta supervisión médica. "Los agonistas de GLP-1 actúan en el cerebro, en el hipotálamo", explica López-Nava.

El experto señala que lo que hacen es provocar anhedonia, es decir, que la comida llame menos la atención, que se suprima el deseo de comer. Y, además del peso, quienes dejan de tomarlo también recuperan el riesgo alto de enfermedades cardiometabólicas.

Cuando las personas con obesidad o sobrepeso adelgazan experimentan una mejora en parámetros como la tensión arterial, o el riesgo de padecer diabetes. Por tanto, dejar el tratamiento también lleva a los pacientes a tener una peor salud.

Por esta razón, López-Nava explica que a los agonistas del GLP-1 les pasará lo mismo que a otros métodos milagro, como la dieta Dukan. Terminarán por dejar de ser tan populares porque no han conseguido trasladar un mensaje: que el abordaje de la obesidad es integral.

Es decir, no se puede apostar todo a una dieta extrema o a un tratamiento. La manera de dejar atrás la obesidad de forma definitiva es implementar hábitos de vida saludable. "Es frustrante ver que en la época en la que más tratamientos tenemos es cuando más obesidad hay", apunta López-Nava.

"La obesidad se ha triplicado en esta última década", explica el médico. "Nos hemos mentalizado con el tabaco, pero la obesidad ha matado más. Falta concienciación sobre los peligros que representa la obesidad y no tanto sobre los tratamientos".

En concreto, López-Nava señala que la obesidad se debe tratar a través de un enfoque triple: actuar en el estómago, educar en nutrición y tratar la ansiedad volcada en la comida. La endoscopia bariátrica, que se ha disparado, entra en ese primer enfoque.

"Como se vio que lo importante en obesidad no era cortar estómago, sino cambiar de hábitos, los procedimientos se han hecho cada vez más rápidos y menos invasivos. Ahora entramos por la boca y en 25 minutos hemos hecho una reducción de estómago", explica.

Al final, esta cirugía también hace que el paciente se sacie antes y coma menos, pero el experto señala que el método es más natural. El tratamiento consiste en la colocación de unos hilos que pliegan el estómago y lo hacen más pequeño.

Sí, es una intervención, pero el médico explica que el paciente no pasa por la UCI. Ahora bien, este procedimiento es igual que los agonistas de GLP-1 en algo: sólo es una ayuda para sentir menos hambre. Lo importante realmente es ganar hábitos saludables.

La cirugía bariátrica tradicional, la que consiste en cortar un trozo de estómago e incluso de intestino, "no va a desaparecer", vaticina López-Nava. "Es mucho más agresiva y se debe reservar a los pacientes a los que no les ha funcionado otros métodos más sencillos".

Sin embargo, el experto reconoce que es muy efectiva cuando la persona con obesidad no ha podido introducir nuevos hábitos de ninguna manera. "La persona obesa piensa que la enfermedad es culpa suya, pero no es tan fácil como eso. Al final, sienten vergüenza".