J. Rodríguez
Publicada

Las claves

El filósofo Edgar Morin acaba de cumplir nada menos que 104 años y, en vez de jubilarse, el padre del pensamiento complejo sigue pendiente de la actualidad. Y en sus entrevistas pide a los europeos que permanezcan despiertos ante los desafíos que nos acechan.

"Lo que está en juego en la historia hoy es más importante que nunca: nada menos que el destino de la humanidad como tal. Debemos reconocerlo. ¿Ha habido alguna vez una causa más esencial, vital, pura y hermosa?", dice en una entrevista con Corriere della Sera.

Según este filósofo, el Viejo Continente se enfrenta al nacionalismo otra vez, con "la vuelta de las ideas supremacistas y xenófobas" surgidas del desafío de la migración. Representan un problema porque pueden barrer el humanismo que ha caracterizado a la región.

Por supuesto, también han interrogado a este experto sobre la Inteligencia Artificial (IA), esa nueva tecnología con la que nos estamos familiarizando todavía. Como siempre, el mundo se divide entre quienes temen su potencial y aquellos que lo observan con esperanza.

Sin embargo, este filósofo centenario ofrece otro punto de vista: "La IA puede dar miedo, pero temo sobre todo a la inteligencia humana superficial", zanja. Es decir, a las ideas que están desconectadas de su realidad y sus múltiples factores, que apenas están trabajadas.

Tal y como se explica en este artículo de EL ESPAÑOL, Morin considera que "la barbarie del pensamiento" es precisamente la superficialidad. Y, por eso, considera que todo debe comenzar con una educación a los jóvenes basada en la conexión del conocimiento.

"Las ciencias acumulan conocimiento sobre la humanidad, pero este conocimiento está separado por barreras disciplinarias. El cerebro se enseña en Biología, la mente en Psicología, y las humanidades descartan cualquier idea de humanidad biológica", sostiene.

Complejidad humana

"Nunca ha habido tanto conocimiento sobre la humanidad y nunca se ha sabido tan poco sobre lo que significa ser humano: existe una especie de agujero negro en nuestro conocimiento de nosotros mismos, y esto dificulta el entendimiento mutuo", añade.

¿Qué hacemos al respecto? Morin propone reconocer y aceptar la idea de que la identidad del ser humano es compleja. "El Homo sapiens es también Homo demens: la locura, el delirio y el exceso son una posibilidad permanente", declara rotundo.

Ambos, razón y delirio, se encuentran presentes en todos los seres humanos, aunque parezcan antagónicos, según este filósofo centenario. "Asistimos al delirio de los fanatismos que se multiplican, a la locura de las ilusiones que se creen racionales", apunta.

Pero también Morin alerta sobre el peligro que representa la idea de emplear la racionalidad de manera única en lo técnico y lo económico, ignorando las diferentes realidades de la humanidad. Es decir, que el ser humano no es solamente productor de materiales.

"El hombre no puede reducirse al Homo faber. Existe la otra polaridad, el Homo imaginarius, que nutre al Homo mithologicus y al Homo religiosus. Debemos reaccionar contra la concepción contemporánea dominante, según la cual toda solución es técnica", explica.

Morin se refiere a que no hay que dar de lado nuestra imaginación, nuestra visión poética de la realidad o de la religión. Este filósofo denuncia que, ahora mismo, se considera a estas partes del ser humano como un pensamiento de segunda.

"Debemos estar más vigilantes que nunca contra todas estas simplificaciones de la humanidad", aconseja. "También hay que ser capaz de liberarse del egocentrismo y el resentimiento, esforzarse por comprender mejor a los demás y rechazar la bajeza".

El futuro de la humanidad es también complejo debido a sus problemas, que van desde el aumento de las armas nucleares, hasta la degradación de la biosfera, pasando por la crisis económica. Sin embargo, Morin deja espacio para la esperanza.

"Todos los giros que he dado en la vida fueron altamente improbables. Por supuesto, parece imposible cambiar de rumbo. Pero todos los nuevos caminos que la historia ha explorado han sido inesperados, fruto de desviaciones que luego se han arraigado", cuenta.