Las claves
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Se calcula que hasta el 10% de la población podría tener altas capacidades, pero en este grupo hasta el 90% de ellos pasan desapercibidos. Es decir, no es tan raro encontrar a nuestro alrededor gente naturalmente brillante, pero sí que sea vista por los demás.
Cada vez más personas descubren en su etapa adulta que tienen estas altas capacidades, cuando ya han desarrollado su carrera y han pasado la parte más dura de socialización. La detección, por lo menos, les hace comprender mejor su pasado y seguir adelante.
Esto es lo que le pasó a la pedagoga Sandra Medina, escritora del libro La alumna invisible. Historia de una pedagoga con altas capacidades y que divulga sobre esta característica en sus redes sociales. Esta experta fue detectada hace tres años, cuando tenía 27.
Para comunicarlo, Medina grabó un vídeo que luego colgó en su página de Instagram. En él confiesa que es superdotada y explica cuál fue el proceso por el cual empezó a sospechar y terminó pidiendo la prueba que lo confirmó. Y eso le hizo sentir mucho mejor.
Sus sospechas comenzaron después de atravesar un momento duro de salud mental que estaba relacionado con su vida laboral. Medina explica que pasó meses en los que sentía que no había llegado a donde ella había querido profesionalmente, que no se encontraba.
Al detectar este malestar, Medina se decidió por empezar una psicoterapia y trabajar con sus recuerdos de infancia. Sostiene que entonces encontró una "sensación agridulce" porque entendió que estuvo ocultando su personalidad para encajar mejor.
Recordó que en uno de sus colegios se aburría, decía a los profesores que ya sabía lo que le estaban queriendo enseñar. En otro de sus colegios comunicaron a sus padres que no podía comer ni vestirse sola, pero ella sí que sabía hacerlo. Estaba disimulando.
Evitar destacar
"Mis padres no entendían nada", cuenta la pedagoga. "Empecé a andar a los nueve meses sin pasar por el gateo". En ese momento, Medina se enfrentó a la primera evaluación de su vida porque ya sospechaban que algo pasaba, no hacía uso de todo su potencial.
"La evaluación concluyó que era más madura que los niños de mi edad y ya está", resume la pedagoga. Le dijeron a sus padres que el comportamiento que había hecho saltar sus alarmas terminaría por pasar, dijeron que "Sandra no necesita demostrar lo que sabe".
Pero, claro, "una cosa es que no necesites demostrar lo que sabes y otra que lo ocultes y prefieras que piensen que eres tonta", señala Medina. Y a raíz de este pensamiento empezó a buscar en internet qué podía haberle llevado a tener ese comportamiento.
"Leí sobre las características de las altas capacidades y me sentí completamente identificada, decidí contactar para hacer la evaluación", explica en el vídeo. El resultado ya lo conocemos: Medina tiene altas capacidades y ahora divulga sobre ello en internet.
"Ahora ya lo puedo decir. A las personas que me han considerado sosa o callada: esa no era yo, esa era otra Sandra. Y a veces sigo siendo esa Sandra, pero quiero ser yo", explicó la pedagoga a sus seguidores. Una manera de vivir de una forma más auténtica.
La pedagoga explica que conociendo esto "habría tomado otras decisiones" durante su educación, pero ahora está dedicada a dar a conocer las altas capacidades y brindar las oportunidades que ella no tuvo a las nuevas generaciones.
