Las claves
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Si bien la sociedad actual está llena de comodidades, la felicidad sigue siendo un valor difícil de alcanzar. De hecho, algunos pensadores sugieren que, para ser más felices, haríamos bien retrocediendo en algunos aspectos. Es el caso de Byung-Chul Han.
Este filósofo de origen surcoreano que vive en Alemania se ha hecho muy popular en nuestro país desde que se alzó con el Premio Princesa de Asturias de Comunicación y Humanidades 2025. En sus obras critica el devenir de las sociedades del siglo XXI.
La época histórica que nos ha tocado vivir, marcada por el capitalismo global, ha dado lugar a personas cansadas, según explica Han. Los grandes estímulos como el consumismo y las redes sociales, lejos de hacernos más felices, han terminado por agotarnos.
De hecho, Han sostiene que nuestra sociedad es especialmente cruel porque ya no hace falta tener un explotador externo, sino que nosotros mismos nos llevamos al límite de forma voluntaria. Buscamos producir de manera constante y que el resultado sea siempre original.
Por esta razón, a Han no le extraña que, mientras que las infecciones han dejado de representar el peligro de siglos anteriores, las enfermedades relacionadas con la salud mental se encuentren en ascenso en los últimos años. Sobre todo, ansiedad y depresión.
Aunque este filósofo ha criticado el frenético ritmo de la sociedad actual y la autoexplotación, también reivindica la capacidad que tiene el trabajo para hacernos felices. Eso sí, no todos valen. "La felicidad viene siempre por el trabajo con las manos", explicó Han a El País.
Ahora bien, este trabajo manual no solo hay que interpretarlo como trabajar en una obra. El propio Han asegura que el trabajo manual que le da a él la felicidad es tocar el piano. "Tengo que tocar el piano todos los días, si no, me pongo enfermo", afirmó el pensador.
Vida contemplativa
En otros de sus escritos también se refiere a otras actividades, como la jardinería. Lo fundamental para este pensador es que sea un trabajo en el que nos podamos demorar y recrear. Se refiere, por tanto, a una artesanía o actividades relacionadas con la afición.
En cualquier caso, Han también ha hecho una defensa de la inactividad. "La vida sólo adquiere su brillo en la inactividad", pronunció. Y es que, según señala, el capitalismo "odia el vacío y el silencio" y quedarse en casa sería "la manera más lúcida de resistencia".
De esta manera, el ser humano se distancia del ruido que lo inunda todo hoy en día. "Moramos en un orden horizontal del consumo, la comunicación y la información constante donde la sociedad se convierte en una cápsula vacía de contenido", explica Han.
Y añade que, en esta forma, la sociedad queda sin orientación ni aspiraciones elevadas. "El énfasis en lo nuevo y en el hacer constante hoy se ha convertido en una trampa", destaca. Y sigue diciendo que "pensamos que somos libres, pero pasamos de una adicción a otra".
Con adicciones, este galardonado filósofo se refiere a las redes sociales, al consumismo o a la información. Es decir, elementos que forman parte de nuestro día a día, de los que todos participamos y que no nos atrevemos a clasificar como adicciones de manera abierta.
Han propone una vida más contemplativa que productiva, más centrada en la reflexión y en la meditación, en la que podamos trabajar con las manos en tareas que nos permitan precisamente tomarnos un tiempo para estar centrados y con nosotros mismos.
Sobre la felicidad también ha dicho que su búsqueda ansiosa es "la nueva forma de dominación del ser humano" y que el dolor tiene una importancia fundamental a la hora de lograrla. "La felicidad sólo es posible en fragmentos", explicó.
