Comparar entre tragedias es muy complicado pero a la vez puede ser indicativo para muchos. Es casi inevitable apelar al horror de marzo y abril para hacerse una idea de la magnitud de lo que está pasando este invierno. ¿Hasta dónde llega dicha comparación? Difícil saberlo aún.

De entrada, ya sabemos que no podemos comparar buena parte de lo que pasó en la primavera de 2020 con cualquier otro período de la pandemia porque no se hacían tests suficientes y por lo tanto no había detección digna de ese nombre. A su vez, el empeño del ministro Salvador Illa en que solo se contabilizara como "caso" a aquel que hubiera dado positivo en uno de esos tests que tanto escaseaban, hizo que las cifras oficiales de fallecidos fueran poco menos que un chiste. No recogen ni mucho menos a la totalidad de víctimas de ese tsunami de la primera ola.

A su vez, la virulencia de aquellos días tampoco admite comparación con cualquier momento posterior. No se verá nunca una explosión de ese tamaño y no veremos tampoco una bajada al mismo ritmo que la de mayo. Tenemos que buscar otros parámetros: el primero, el más obvio, la hospitalización, aunque probablemente también esté infrarrepresentada en muchos lugares durante la primera ola.

El que requiere más paciencia, la duración: no veremos 10.000 ingresos diarios en los hospitales como vimos en marzo, no alcanzaremos prevalencias de 45.000 pacientes en planta y desde luego no morirán 13.000 personas en mes y medio como sucedió tan solo en Madrid, según los datos oficiales de la Comunidad. Ahora bien, veremos cifras parecidas que se prolongan durante mucho más tiempo que en la primavera pasada.

En lo que pasa el tiempo suficiente como para hacer balance, bueno es ir viendo dónde ya es imposible defender aquello de "esto no puede ser como en marzo" y el criterio -imperfecto- en el que nos vamos a basar es la ocupación hospitalaria. Ya digo que al menos en Madrid hubo semanas y semanas en las que no se hacían tests ni a los que entraban en planta. Se les aplicaba el protocolo Covid para no enredarse con la burocracia y punto. No tenemos claro si esos pacientes cuentan en las cifras oficiales, pero es muy probable que sí porque la Comunidad siempre ha sido mucho más flexible en sus contabilidades. De entrada, vamos a echar un vistazo a cómo ha evolucionado la situación a nivel nacional con el siguiente gráfico:

El Español-27 de enero-grafico1

Estamos ante un buen ejemplo de lo que comentaba antes: no es solo la virulencia puntual (el famoso "pico") sino el volumen que se arrastre lo que puede asimilar en términos generales esta tercera ola a la primera. Aunque pillemos la gráfica en momento de plena ascensión y eso pueda ser un poco engañoso, no es descartable que llegue en febrero a los más de 45.000 hospitalizados y 5.500 camas UCI ocupadas de principios de abril.

Aunque el nivel de contagios se está frenando en casi todo el país, anticipando una bajada semanal de casos que puede darse este mismo domingo y que implicaría también una bajada en los ingresos, lo normal es que la prevalencia suba aún una semana más por la acumulación que mencionábamos, aunque quizá lo haga a un ritmo menor que el actual. ¿Y cuál es ese ritmo actual? Bueno, a 27 de enero tenemos 30.789 hospitalizados en todo el país, de los cuales 4.515 están en la UCI. Eso supone un incremento semanal del 22,04% y el 26,01% respectivamente respecto al miércoles anterior.

De seguir el mismo incremento -no tiene pinta, afortunadamente-, en una semana estaríamos en un total de 37.574 hospitalizados y 5.689 en camas UCI. Solo en siete días, habría más camas UCI ocupadas en España que las que jamás hubo durante la pandemia. Como ya digo, no hay que esperar un incremento tan alto y que es probable que a partir de ahí bajemos el número de hospitalizados poco a poco, lo que implica que las plantas estén menos presionadas.

Pero lo de las UCI ya no lo salva nadie porque de hecho es un indicador que suele tardar aún más en bajar. En cualquier caso, esto son abstracciones a nivel nacional, que suman muchos datos distintos de distintas comunidades. En algunas de ellas, la situación ya es crítica, mucho más que en primavera, sin necesidad de esperar a evolución ninguna. Veamos el siguiente gráfico de Andalucía.

Lo que llama la atención de este gráfico es la velocidad a la que se ha superado el pico de la segunda ola. De hecho, hemos pasado del mínimo de hospitalizaciones de esa segunda fase (unos 850 en torno al 1-2 de enero) al máximo de la tercera (hasta el momento, 4.268) en menos de un mes. Hablamos de multiplicar por cinco la prevalencia en cuatro semanas, lo cual es una auténtica barbaridad, sobre todo cuando ya partimos de una base considerable. En la primera ola, como se puede ver, el número de hospitalizados en planta no llegó a los 3.000, aunque las UCI sí que alcanzaron las 500, algo que ya hemos visto ampliamente superado en los últimos días.

Si Andalucía está en una situación espantosa, peor aún es lo de la Comunidad Valenciana. Durante la peor semana de la primera ola, la última de marzo, la región presidida por Ximo Puig llegó a un total de 2.189 hospitalizados, de los cuales 386 ocupaban una cama UCI. Diez meses después, son 5.239 y 767 respectivamente. Todo esto mientras la incidencia sigue subiendo y se coloca en torno a los 1.500 casos por 100.000 habitantes cada 14 días. Un volumen tan escandaloso que provocará muchísimos ingresos a corto y medio plazo. Aunque se vaya rebajando la incidencia (y se hará la semana que viene, a más tardar), las cifras seguirán siendo tan altas que apenas aliviarán la situación hospitalaria.

@homosensatus

Sin duda, por su población, estas dos comunidades son las que mejor ejemplifican el horror de esta tercera ola y como puede, perfectamente, ser peor que la primera. Siguiendo con la Comunidad Valenciana, nunca se superaron las 70 defunciones diarias ni en marzo ni en abril. En seis de los últimos ocho días de enero se han notificado más de 90. Y este indicador será el último en bajar. Sin embargo, aunque pasen un poco por debajo de radar mediático, no hay que olvidar la situación en Extremadura, Baleares, Galicia y Murcia, donde ya tenemos picos de ingresos más altos que en la primera ola y prevalencias hospitalarias superiores, si bien es cierto que en dichas comunidades la primera ola fue relativamente benévola.

El problema en el resto de España es la constancia. ¿Cuánto tiempo va a durar esta tercera ola? Sin duda, mucho más que la primera. El hecho de que seis comunidades al menos hayan superado los picos del tsunami no quiere decir que a la larga muchas más se unan en el horror. Recordemos que para mayo-junio, esto ya estaba controladísimo. Parece difícil pensar que en marzo-abril de este mes hayamos llegado a una situación prácticamente de contagio cero. Difícil no, imposible.

Cuando examinemos el período diciembre 2020-marzo 2021 en comparación con el período marzo-junio 2020, es muy probable que casi todas las comunidades hayan sufrido más ingresos y más fallecidos en cifras totales. ¿Las excepciones? A riesgo de equivocarme, diría que Madrid, Cataluña, País Vasco y las dos Castillas, donde la primera ola fue una masacre. Llevamos 27 días de enero y ya han fallecido más de 7.000 personas con clínica Covid. En la última semana, la media se acerca a las 450 diarias. Que estemos anestesiados no alivia la gravedad del asunto.

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