Sociedad Asimismo, denuncia como “kafkiana” una gestión gubernamental que legislatura tras legislatura “destina, únicamente, el 30% del dinero presupuestado y se escuda, para no conceder el resto, en que es necesaria una parte de inversión europea que no llega”.

“Pese a la mierda que nos dan, solemos ser la quinta o sexta potencia del mundo”

23 julio, 2021 15:17

“Hay que potenciar la inversión en I+D+i”, proyectan los grupos políticos en sus programas electorales. Es una idea transversal a toda campaña política, ya sea a nivel nacional o, como en el caso que ocupa este texto, a nivel regional. El Español-Noticias de Castilla y León visita el Instituto Universitario Centro de Innovación en Química y Materiales Avanzados (CINQUIMA), de la Universidad de Valladolid, y departe sobre la actual situación del propio instituto Universitario, así como de la exigua inversión en capital investigador que acucia al sector.

El organismo nace dentro de una institución de 800 años, como es la Universidad de Valladolid, tal y como explica Celedonio Álvarez, secretario del instituto y doctor en Química por la Universidad de Oviedo. “Se buscó una forma de aunar a científicos de distinto tipo e investigar sobre, en este caso, química”, explica Álvarez. Aclara que este instituto no gestiona grados, sino que la docencia está enfocada, meramente, a la investigación, mediante másteres y doctorados.

La Ley Orgánica de Universidades, de 2001, surgió para regular la ordenación y composición de centros de esta índole, una regulación que se traduce en continuas y exhaustivas evaluaciones quinquenales de la Junta de Castilla y León. “Me da vergüenza, cuando hablo con colaboradores, compartir la cifra que recibimos”, lamenta el secretario al valorar la cantidad de controles que han de pasar, como instituto, para mantener la acreditación en comparación con la retribución monetaria que reciben para continuar con su labor investigadora.

No obstante, valora de manera muy positiva que pese a la “mierda” que recibe el centro y la investigación química en forma de financiación, España continúe como la “quinta, sexta o séptima potencia a nivel mundial”. Álvarez define como “encomiable” la vocación y el compromiso con la ciencia de un personal que pretende desarrollar una carrera en el campo de la investigación y “no se estabiliza hasta bien entrados los cuarenta años”. Asimismo, denuncia como “kafkiana” una gestión gubernamental que legislatura tras legislatura “destina, únicamente, el 30% del dinero presupuestado y se escuda, para no conceder el resto, en que es necesaria una parte de inversión europea que no llega”. Añade que se llegarían a “conformar” con otro 30%, “ni siquiera se reclama la totalidad de la partida presupuestaria”, apunta. El alto cargo del centro, no obstante, se muestra comprensivo con las “presiones” que puede recibir el Ministerio de Ciencia, encargado de este reparto.

La metáfora de un queso como imagen del tiempo total del día para un científico es usada tanto por el propio Álvarez como por el, también, doctor José María Andrés García. “Si representamos el tiempo como un queso, la mitad la destinamos a burocracia que nos impide avanzar en la propia investigación, algo que nos obliga a, además de trabajar de sol a sol, cada día, llevarnos la investigación a casa durante los fines de semana”, comparte el jefe del Grupo de Investigación Reconocido (GIR) de Síntesis Asimétrica y Catálisis.

La labor de este equipo es la de estudiar unos componentes (enantiómeros) de productos como los fármacos para determinar si alguno de ellos es nocivo. En el consabido caso de la distribución de la talidomida, a finales de la década de los años cincuenta, un medicamento recetado a las embarazadas para mitigar los dolores durante el embarazo que provocó múltiples malformaciones en los recién nacidos, la implementación de esta labor se habría antojado como fundamental.

Por último, el doctor José Bernal, hijo, coordinador del Grupo de Técnicas de Separación y Análisis Aplicado (TESEA) explica las líneas de investigación de su equipo, de entre las que destaca la apicultura. “Desarrollamos métodos para el control de plagas en los productos derivados de este sector pero, además, vemos la influencia de una serie de enfermedades y del uso de plaguicidas en la desaparición de las abejas”, explica Bernal sobre la función de su departamento. Acusa, de igual modo que sus compañeros, la latencia de una “tasa de reposición que amenaza con dejar al grupo en cuadro, que cuenta con cuatro miembros fijos, por ahora” y se encomienda a futuras convocatorias de becas para, así, “captar gente y continuar con la labor del grupo”.

Por su parte, Damián Moreno, responsable del área de comunicación del instituto nos acompaña a la salida del edificio QUIFIMA, en el Campus Miguel Delibes de la universidad, y reflexiona sobre el valor de un personal que vive “por y para la investigación”.