Castilla y León

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Sociedad

Migrantes que buscan cobijo y encuentran abrazos

14 julio, 2021 12:18

Niños, sonrisas, abrazos y ganas de ayudar copan el 63 de la calle Olmo de Valladolid, en plena Rondilla, en la sede central de ‘Red Íncola’, una fundación que presta servicio a personas en situación de vulnerabilidad y en riesgo de exclusión social, en su mayoría, migrantes. Las mascarillas, en tiempo pandémico, no impiden que la alegría al ser escuchado, respetado y valorado de un niño traspase la frontera impuesta por la necesidad de proteger la salud de todos por culpa de la pandemia. Son muchas y diversas las experiencias y circunstancias que hacen que personas estigmatizadas, aún en pleno siglo XXI, por su lugar de origen, apariencia física o religión acudan al socorro de entidades de esta índole en busca de cobijo, comprensión y ayuda de todo tipo, desde apoyo en la etapa escolar, hasta formación para la búsqueda de empleo, sin olvidar labores como la de sensibilización de la sociedad.

"Van a por ti", es el testimonio del miedo que siente una madre musulmana que, vestida con su hiyab, acude al colegio a buscar a sus hijos a la salida, nos traslada Silvia Arribas, responsable de comunicación de la fundación. La falta de comprensión por parte de la ciudadanía y de las instituciones se plasma en las solicitudes de refugio. “Estamos viendo un incremento de denegaciones, por ejemplo, a personas colombianas, no así a personas venezolanas dada la existencia de un convenio que lo facilita”, denuncia Arribas. El motivo no es otro que la creencia de que al ser Colombia “un país muy grande, la gente puede encontrar refugio en cualquier otra zona sin tener que salir de ahí (…), es algo totalmente absurdo”, apunta.

“No pedimos, siquiera, la regularización de migrantes; en este punto es necesaria la igualdad de oportunidades”, ya que en un contexto de despoblación como en el que se enmarca Castilla y León, sigue figurando como requisito “absurdo” que los migrantes deban pasar “tres años hasta poder trabajar”, lamentan desde la Red Íncola. En ese momento valle de hastío y desesperación de los migrantes entra en juego una labor clave de la fundación, como es la de “alimentar la esperanza” a través de cursos y formación continua en el castellano para que cuando puedan incorporarse al mercado laboral, estén preparados.

Por otra parte, Silvia destaca la importancia de ofrecer una atención personalizada, puesto que la idiosincrasia de cada uno es totalmente diferente. Se le iluminan los ojos al hablar del caso de un orfebre mexicano encargado del regalo con el que su país obsequió a los reyes Felipe VI y Letizia por su boda, en 2004. “Vienen joyas que la sociedad termina enterrando sobre paladas de prejuicios, estigmas y rechazo”, critica, desde la tristeza, la colaboradora de la fundación.

Durante toda la charla, son muchas las ocasiones en las que nos reitera que “hay que romper la barrera de su lugar de origen, ahora son vecinos de la comunidad”. Al respecto de cómo ha afectado a los migrantes la pandemia, Arribas explica la situación de “irregularidad sobrevenida”, una situación según la cual, por la imposibilidad de mantener sus puestos de trabajo y de entrar en un ERTE, se paraliza el proceso de renovación de residencia, “es la pescadilla que se muerde la cola”, lamenta.

No todo es negativo y hay “luz al final del túnel”, tal y como valora esta trabajadora. Tanto los mayores como los niños, a quienes se les presta apoyo escolar durante el curso y se les ofrece actividades de ocio en campamentos de verano, “no tardan ni un minuto en llenar la estancia con abrazos y sonrisas al sentirse únicos, escuchados y valorados”.  

Así nos depedimos desde un centro en el que bajo el sol vallisoletano se gestan historias de comprensión, como pegamento entre las personas más vulnerables y una sociedad que recela de ellas, pese a que “todos somos personas y no hay mayor igualador posible que la condición humana”.