Miriam Avecilla, ceramista y creadora del proyecto Tantaterra.

Miriam Avecilla, ceramista y creadora del proyecto Tantaterra. Cedida.

Zamora

De Venialbo a la Amazonia: Miriam Avecilla, la ceramista de Utrera que cruza océanos siguiendo la brújula del barro

Licenciada en Bellas Artes, terapeuta y afincada en este pequeño pueblo de Zamora desde hace cuatro años, la artista sevillana viaja este otoño a Perú para aprender de maestras indígenas, tras crear en Tierra de Vino un foco internacional de arte rural: "Aquí he encontrado una familia que no es de sangre; el barro siempre toma las decisiones antes que yo".

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Hay caminos que no se trazan sobre un mapa de carretera, sino que se descubren con las manos manchadas de arcilla.

A Miriam Rodríguez Avecilla (Utrera, Sevilla) le gusta repetir que el barro tiene una extraña capacidad para tomar las decisiones importantes antes que ella.

Hace cuatro años, buscando un espacio propio donde montar su taller tras años compartiendo local en la capital andaluza, una corazonada —y la recomendación de una buena amiga— la condujo hasta Venialbo, un apacible municipio de la comarca zamorana de Tierra de Vino.

No conocía el pueblo, ni siquiera había pisado Zamora en su vida, pero lo que iba a ser una estancia temporal para comprar una casita a buen precio se convirtió en el lugar donde echar raíces profundas.

“El día que llegué a la provincia estaba celebrándose la Feria de Cerámica de Zamora.

Miriam Avecilla, ceramista y creadora del proyecto Tantaterra.

Miriam Avecilla, ceramista y creadora del proyecto Tantaterra. Cedida.

Te prometo que yo no sabía ni que existía y dije: '¡Guau, aquí están pasando cosas!'.

A los tres o cuatro días, los vecinos del pueblo, al enterarse de que era ceramista, se volcaron conmigo.

Me contaban historias de los antiguos artesanos, me abrieron sus huertos y me llevaron a ver el barrero local.

Dije: 'Creo que he llegado al sitio correcto'”, rememora Miriam con la calidez de su acento natal.

La calidez vecinal y el arte como terapia humana

Acostumbrados al ritmo pausado del medio rural, la llegada de una joven artista plástica dinamizó por completo la vida cotidiana de Venialbo.

Licenciada en Bellas Artes y formada en Psicoterapia Humanista Integrativa, Gestalt y Bioenergética, Miriam traía consigo un bagaje singular: con solo 23 años ya trabajaba en la reinserción social de personas con adicciones a través de la artesanía, y más tarde colaboró con colectivos vulnerables y mujeres víctimas de violencia de género.

Esa sensibilidad para unir la salud emocional y la alfarería echó a andar de inmediato en su nuevo hogar. En el bar del pueblo comenzó a impartir clases de dibujo y pintura, además de ofrecer talleres regulares de modelado para los vecinos.

Miriam Avecilla, ceramista y creadora del proyecto Tantaterra con un paisano de Venialbo.

Miriam Avecilla, ceramista y creadora del proyecto Tantaterra con un paisano de Venialbo. Cedida.

"Al principio a la gente del pueblo le chocaba un poco verme caminar por la calle con gente de fuera, con pelos de colores y pintas diferentes a las de aquí, tomando algo en los bares. Les hacía mucha gracia y se animaban un montón, venían a las quemas de cerámica que hacíamos y nos acogieron con un cariño enorme", cuenta entre risas.

Para la creadora, el concepto de la "España vaciada" no debe contarse desde la nostalgia o la pérdida, sino desde la riqueza viva que late en los pueblos:

"Mi teoría es que en estos lugares se puede aprender lo mismo o más que en las grandes ciudades. No hace falta irse a Madrid o Barcelona para crecer. Solo hace falta un poco de creatividad y ganas de poner en valor lo que ya existe: los artesanos, los queseros, los apicultores y la gente que mantiene vivo el territorio".

'El origen del hacer': Un puente entre continentes

Esa mirada integradora dio luz a iniciativas de dimensión internacional como 'El origen del hacer', un proyecto cofundado junto a la ceramista argentina Laura Galeotti.

El año pasado, Miriam logró convocar en Venialbo a maestros alfareros de renombre llegados desde Argentina para impartir formaciones de alto nivel, atrayendo a participantes de distintos puntos de España y Europa que, durante días, dinamizaron la economía y la vida social del pueblo.

"Ellos sabían que hacer un taller en un pueblo de Zamora tenía sus riesgos frente a hacerlo en una gran capital, pero quisieron apostar por la vida rural y por esta España que llaman vacía. Tuvimos un éxito maravilloso", señala. Ahora, la aguja de su brújula se invierte y apunta al otro lado del océano.

Rumbo a la Amazonía: Aprender de las maestras ancestrales

Este mes de septiembre, Miriam cruza el Atlántico para instalarse durante varios meses en la Amazonia peruana, donde profundizará en la cerámica ancestral amazónica, una tradición caracterizada por su profunda conexión con la naturaleza y la extracción directa de la tierra.

Allí continuará el legado de investigadoras de referencia como Juanita Bartra (87 años), quien rescató técnicas tradicionales promoviendo el trabajo comunitario entre las mujeres de la selva.

"A diferencia de las ciudades, donde compras el barro en paquetes de plástico y no sabes ni de qué está hecho, en la Amazonía —igual que hacen los viejos tinajeros de Zamora— la relación con la tierra es directa. Te vas al entorno y extraes la arcilla con tus propias manos. Hay un estudio profundo de la naturaleza", destaca la artesana.

Miriam Avecilla, ceramista y creadora del proyecto Tantaterra haciendo arte relacionado con la cerámica por la noche.

Miriam Avecilla, ceramista y creadora del proyecto Tantaterra haciendo arte relacionado con la cerámica por la noche. Cedida.

Lejos de guardarse la experiencia para sí misma, del 17 al 30 de septiembre Miriam abrirá una pequeña ventana de su viaje a un reducido grupo de personas que quieran acompañarla en una expedición de inmersión cultural y humana por la selva peruana.

"No es un viaje turístico al uso. Nos quedaremos a dormir cerca de cascadas en la jungla, veremos colibríes, pero el hilo conductor serán las formaciones que recibiremos de la mano de los propios maestros artesanos de las comunidades nativas".

"Viajar para aprender, volver para compartir"

A pesar de que el camino de la artesanía independiente exige lidiar con la incertidumbre económica y la búsqueda constante de proyectos, Miriam no concibe el éxito desde la acumulación financiera, sino desde la riqueza de los vínculos creados.

De Perú viajará a Argentina para proseguir con sus formaciones y, finalmente, regresará a su taller en Tierra de Vino.

Miriam Avecilla, ceramista y creadora del proyecto Tantaterra con un grupo de maestros de la cerámica.

Miriam Avecilla, ceramista y creadora del proyecto Tantaterra con un grupo de maestros de la cerámica. Cedida.

"Hay quien piensa que para triunfar en el arte hay que marcharse a una gran capital, pero a mí lo que me hace inmensamente feliz es la red humana que se está generando. Que me llamen de Sudamérica para venir a Zamora y que la gente de aquí quiera viajar allí a aprender. Mi viaje no nace de querer marcharme de Venialbo, sino de todo lo contrario: viajo para aprender y vuelvo para compartir. Mi sitio está aquí", concluye con rotundidad la artista.