Francis y Alina (al fondo) preparando el modelo de negocio en San Justo.

Francis y Alina (al fondo) preparando el modelo de negocio en San Justo. Cedida

Zamora

Francis y Alina, de trabajar en la Gran Vía de Madrid a dejarlo todo para montar un 'coliving' en un pueblo de 44 habitantes

Esta pareja ha padecido ya ocho mudanzas en siete años, dos de ellas transoceánicas, por eso decidieron parar y llegar a un pequeño pueblo de Zamora donde han apostado por un modelo ideal para nómadas digitales.

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Ocho mudanzas en siete años, dos de ellas transoceánicas, son suficiente para pensar en querer buscar un cambio de vida y asentarse en un lugar. Francis y Alina esperan haberlo encontrado por fin.

“Esperamos quedarnos aquí mucho tiempo”, admite Francis. Y es que la vida es cuestión de decisiones. Y a veces alguna te marca para toda la vida. Esta pareja ha vivido en Madrid e incluso en México (con X), pero tenían claro que el destino les tenía garantizado algo mejor.

Probaron en Galicia, en Asturias, también en Cantabria, pero no hubo el famoso ‘match’ que dicen los de las nuevas generaciones. Ese amor llegó con una visita a la provincia de Zamora.

Concretamente en San Justo, un pequeño pueblo zamorano de apenas 44 habitantes en invierno, cuatro veces más en verano. Este lugar está a punto de convertirse en escenario de una iniciativa pionera en Castilla y León.

Aquí, Francis y Alina ultiman los detalles de Casa Seis, un proyecto de coliving rural que aspira a transformar la forma de habitar y trabajar en el medio rural.

La idea podría ser una gran estrategia empresarial, pero en este caso es simplemente una búsqueda vital. Ambos proceden de Madrid y desarrollaron sus carreras en el ámbito creativo.

Él como diseñador y ella como artista e ilustradora. Durante años trabajaron en plena Gran Vía madrileña, con lo que eso supone. Pero una noticia leída hace más de una década cambió algo en ellos.

“Leímos que una gente había abierto un espacio de coliving y coworking en el rural gallego, en un pueblo pequeñísimo. Y pensamos: ¿quiénes son estos locos?”, recuerda Francis entre risas mientras charla con EL ESPAÑOL Castilla y León.

“Empezamos a investigar y nos fascinó la idea de crear comunidad en un entorno natural”.

Aquella semilla quedó presente durante años. Después llegaron experiencias que terminarían moldeando el proyecto.

La pareja se trasladó a México, donde vivieron episodios como el terremoto de Ciudad de México o el huracán de Puerto Escondido. Allí, explican, redescubrieron el valor de la comunidad y del apoyo mutuo. Algo que siempre llevan por bandera.

“En México volvimos a conectar con ese sentimiento de ayuda y convivencia que se pierde muchas veces en las grandes ciudades”, explica el diseñador.

“Vivimos muy cerca de la naturaleza y entendimos que queríamos construir algo relacionado con eso”, apunta Alina.

Trabajo y cotidianidad en Casa seis

Trabajo y cotidianidad en Casa seis Cedida

Aunque intentaron poner en marcha una iniciativa similar allí, finalmente regresaron a España.

Volvieron a Madrid, pero con la sensación de que el modelo de vida urbano ya no encajaba con ellos. “Madrid otra vez nos volvió a comer, con su tráfico, las prisas, el metro… y vimos que todo lo que queríamos hacer se alejaba”, relata.

Comenzó entonces la búsqueda definitiva. Recorrieron Galicia, Asturias y la cornisa cantábrica hasta llegar a Sanabria. Y allí ocurrió algo distinto que no habían sentido.

“Conectamos con el lugar, con la naturaleza y sobre todo con la gente”, resume Alina. “En otros sitios no terminábamos de sentirlo. Aquí sí”.

Desde junio del año pasado trabajan en transformar un antiguo complejo rural de San Justo en Casa Seis, un espacio pensado para acoger a nómadas digitales, creativos, escritores, diseñadores o profesionales que puedan teletrabajar y busquen algo más que un alojamiento turístico.

"Aquí se vive el silencio sin aislamiento
, la concentración sin rigidez,
 el descanso sin evasión
, el tiempo sin urgencia. No es para todo el mundo.
 Y eso está bien", reflexiona.

Qué es un coliving rural

El fenómeno del coliving nació hace años ligado a las grandes ciudades y a los nuevos modelos laborales. "El trabajo aquí se vive sin prisa, pero sin pausa", es la frase que les gusta decir.

Consiste en compartir vivienda y espacios comunes con otros profesionales, combinando alojamiento, convivencia y, en muchos casos, trabajo colaborativo.

El auge del teletrabajo y de los llamados nómadas digitales ha impulsado este tipo de experiencias, especialmente entre personas que priorizan la flexibilidad, la creatividad y la calidad de vida.

Sin embargo, el concepto apenas ha comenzado a aterrizar en el medio rural español. Ahí reside precisamente el carácter innovador de Casa Seis.

“No apostamos por el turismo de fin de semana o de las escapadas rápidas”, apuntan, el proyecto apuesta por estancias largas, de entre tres semanas y tres meses, en las que los residentes puedan integrarse en la vida del pueblo y desarrollar proyectos personales o profesionales en un entorno natural.

“Lo que buscamos no es que la gente venga dos días”, explica él. “Queremos que puedan pasar tiempo aquí, conectar con el pueblo, con la naturaleza y con las personas”.

El complejo ofrecerá distintos tipos de alojamiento. Desde cabañas individuales con mayor privacidad hasta habitaciones compartidas y una gran casa común.

Todo ello acompañado de zonas de coworking con conexión de alta velocidad, mesas amplias, pizarras, pantallas y espacios pensados para la creatividad.

Pero Casa Seis pretende ir mucho más allá de un simple alojamiento con wifi.

“No queremos que sea solo un sitio para trabajar”, señala ella. “Queremos que sucedan cosas alrededor de la convivencia”.

La propuesta incluye talleres, encuentros culturales, sesiones musicales, comidas compartidas y actividades vinculadas al territorio.

Por ejemplo. Desde cursos de pintura impartidos por la propia Alina hasta talleres de cestería con vecinos del pueblo o sesiones de vinilos bajo un roble centenario.

“Queremos demostrar que no solo en las ciudades hay vida cultural”, afirma Francis. “Aquí también pueden pasar cosas, pero a otro ritmo, mucho más conectado con la naturaleza”, insiste.

La llegada de Casa Seis supone también una nueva mirada sobre el desarrollo rural en territorios afectados por la despoblación. En muchos pueblos de la llamada España vaciada, el turismo rural tradicional se ha convertido en una de las pocas fuentes económicas complementarias. Sin embargo, Francis y Alina creen que existen otras fórmulas más sostenibles a largo plazo.

“En Sanabria siempre ha funcionado el turismo de fin de semana”, explica Francis. “Nosotros venimos a decir que quizá también se puede atraer a personas que trabajen aquí, que vivan aquí temporalmente y generen relaciones más profundas con el territorio”.

La diferencia, sostienen, es importante. Frente a un visitante ocasional, el residente de un coliving consume producto local, participa en la vida diaria, establece vínculos y permanece durante semanas o meses.

De hecho, Casa Seis quiere apoyarse precisamente en la economía local. Los lunes son día de mercado.

"Compramos con consciencia, consumimos lo que se produce cerca.
 Alberto, el pastor, aparece por aquí.
 Pasamos por la tienda de Nacho.
 Los quesos vienen de Villalpando, el aceite de Fermoselle. Todo es cercano.
 Todo se cuida.
 Todo se comparte con respeto", afirma.

Los productos de bienvenida incluirán miel de apicultores de la zona, quesos zamoranos y vinos de Toro. Además, pretenden colaborar con vecinos y pequeños productores en actividades y experiencias.

“Queremos que quien venga conozca lo que se produce aquí y también a la gente que vive aquí”, explica Alina.

El pueblo, por ahora, observa el proyecto con curiosidad y cierta sorpresa.

“Lo primero que nos preguntaban era: ‘¿Qué hacéis aquí?’”, recuerda Francis sonriendo. “Y luego nos advertían de que el invierno era muy duro”.

Sin embargo, tras pasar allí los meses más fríos, ambos aseguran sentirse plenamente integrados.

“La acogida ha sido increíble desde el primer momento”, afirma Alina. “Eso fue clave para decidirnos”.

Obstáculos administrativos

Pese al entusiasmo, el proyecto también se enfrenta a dificultades. La principal tiene que ver con la falta de hueco administrativo de iniciativas de este tipo.

“Ahora mismo no existe un epígrafe claro para un coliving rural”, lamenta Francis. “Nos intentan catalogar como vivienda turística, pero no somos eso”.

La diferencia es importante Según explica, muchas ayudas y líneas de apoyo excluyen a las viviendas turísticas, mientras que proyectos innovadores vinculados al emprendimiento rural o al teletrabajo todavía carecen de una regulación específica.

“Nos gustaría que se entendiera que esto no es turismo convencional”, sostiene. “Creemos que puede aportar crecimiento sostenible al medio rural”.

Sanabria, la gran desconocida

Parte del atractivo del proyecto reside también en el propio entorno. La comarca de Sanabria, dominada por montañas, bosques y el imponente Lago de Sanabria, ha cautivado a sus impulsores.

“Para nosotros ha sido la gran desconocida”, reconoce Francis. “Habíamos viajado muchísimo y apenas conocíamos Castilla y León”.

Las casas de piedra y pizarra, los senderos entre castaños y la abundante fauna salvaje forman parte de un paisaje que ambos describen con entusiasmo.

“Sales de casa y tienes bosques, valles, ciervos, jabalíes…”, cuenta Alina. “Si te gusta la naturaleza, esto es impresionante”.

También destacan la arquitectura tradicional del pueblo y la sensación de autenticidad que todavía conserva. “No se ha perdido esa estética rural”, señalan.

La apertura oficial está prevista para finales de mayo y ambos afrontan el inicio con mezcla de ilusión e incertidumbre. No saben todavía hasta qué punto funcionará el modelo en una provincia como Zamora, pero sí tienen claro el objetivo.

“No sabemos si vamos a conseguirlo”, reconoce Francis. “Pero creemos que merece la pena intentarlo”. Sus redes son www.lacasaseis.com y en Instagram: @casaseis.coliving

Y quizá ahí reside precisamente el valor simbólico de Casa 6: en demostrar que el medio rural no tiene por qué limitarse a resistir la despoblación, sino que también puede convertirse en escenario de nuevas formas de vida, trabajo y comunidad.