El artista zamorano, Saúl Alija, detrás una de sus últimas obras.
Saúl Alija (29), el muralista que 'hackea' la tradición de Zamora: "Mi fe es la que hace vibrar mis cuadros"
Entre el minimalismo de Matisse y las geometrías de las Capas Pardas, el artista zamorano reivindica un arte callejero accesible, espiritual y profundamente mimetizado con su entorno.
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En las calles de Zamora el arte de Saúl Alija no grita sino que susurra con una precisión que detiene al peatón. Alija no es un muralista al uso, ni siquiera un simple artista de 'brocha fina'. Se mueve entre la mística de la religiosidad zamorana y la vanguardia de las líneas minimalistas con la soltura de quien conoce bien sus raíces.
En las paredes de la capital del románico su obra no busca el impacto estridente del grafiti tradicional sino una conversación pausada con el entorno. Para Saúl pintar en el casco antiguo o en los barrios de nueva construcción es un acto de mimetismo y respeto además de una forma de devolverle a la ciudad una identidad renovada.
Uno de sus retos más significativos fue plasmar a Nuestra Madre de las Angustias en pleno casco histórico. En una ciudad donde el sentimiento religioso es casi un código genético enfrentarse a una imagen tan icónica suponía una presión añadida.
Alija decidió alejarse de la representación figurativa clásica para buscar una visión inspirada en la sencillez de Matisse. Utilizando colores planos y jugando con la profundidad visual del blanco sobre fondos crema logró una imagen que parece avanzar hacia el espectador sin necesidad de artificios.
Explica que el color blanco siempre engaña al ojo y parece estar mucho más cerca que el resto de elementos lo que le permite crear volumen con el mínimo recurso posible.
"Yo creo que cualquier artista en la medida que pone su vocación al servicio de Dios enriquece toda su inspiración" explica el artista al defender la presencia de la fe en su obra contemporánea.
Sin embargo esta pieza no ha estado exenta de ataques. El mural ha sufrido ataques vandálicos hasta en dos ocasiones lo que refleja la tirantez que a veces genera la simbología religiosa o quizás una incomprensión hacia la estética experimental de Saúl. A pesar de que el dibujo está muy definido el resto de la obra rompe con los esquemas clásicos de representación buscando una versión a pie de calle que no siempre es bien recibida por todos.
El artista zamorano, Saúl Alija con uno de sus murales en el Aparcamiento de Reyes Católicos.
"No me extrañaría que fuera alguien con tirantez hacia la religión o simplemente alguien que quiera fastidiar" comenta Alija mientras observa los matices de una obra que diseñó específicamente para ese rincón evitando duplicar dibujos previos para que la Virgen encontrara su lugar exacto allí mismo.
Su vocación artística despertó temprano alrededor de los trece años cuando su madre le apuntó a una escuela de pintura por su carácter inquieto. Sin embargo fue en su etapa posterior en Salamanca donde la pintura se convirtió en su refugio definitivo.
La soledad de esa época en una ciudad nueva actuó como un gatillo creativo permitiéndole expresar lo que no encontraba cabida en el lenguaje cotidiano. Para Saúl el oficio de artista es intrínsecamente solitario y espiritual.
Cuadro del papa Francisco pintado por Saúl Alija, ubicado en el Obispado de Zamora.
No oculta su fe ni su práctica religiosa por miedo a perder proyección o ventas. Al contrario afirma con rotundidad que su espiritualidad enriquece su inspiración y que ser coherente con sus creencias es lo que otorga verdad a sus cuadros.
En sus intervenciones más recientes encargadas por el Ayuntamiento de Zamora, Alija ha explorado la abstracción del folclore local. En las fachadas del aparcamiento de Reyes Católicos en la avenida de Carlos Pinilla que él describe como cubos funcionales a veces carentes de alma ha integrado geometrías basadas en los espejuelos de las capas pardas de Aliste.
El artista zamorano, Saúl Alija con uno de sus murales del Aparcamiento de Reyes Católicos inspirado en los motivos de las Capas de Aliste.
Estas formas que a ojos de un profano podrían parecer motivos contemporáneos cercanos a estéticas de diseño internacional hunden sus raíces en la artesanía de sastres tradicionales como Juan Gallego Bach. Saúl utiliza el muralismo para rescatar elementos del árbol de la vida o cruces antiguas y reinsertarlos en el paisaje urbano actual de manera elegante.
El objetivo final de Alija es la accesibilidad total. Entiende que el arte en la calle debe poder ser disfrutado por cualquier transeúnte sin necesidad de que sea un experto en historia del arte. Busca una belleza sencilla que mimetice el color crema de los edificios zamoranos con el pigmento de sus pinceles.
Para él el arte es un diálogo constante con el hombre de hoy una forma de poner la tradición frente al espejo de la modernidad para que ningún vecino se sienta excluido de la belleza que ahora decora sus muros cotidianos.