José M. Gómez González, óptico-optometrista en Zamora y María José Moro, la paciente

José M. Gómez González, óptico-optometrista en Zamora y María José Moro, la paciente Fotografía: COOCYL

Zamora

Una nueva vida para María José tras superar una miastenia gravis: “Pensaba que tendría que dejar de conducir o leer”

“Noté más el cambio con la terapia que con la medicación”, asegura la zamorana

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El Colegio de Ópticos-Optometristas de Castilla y León (COOCYL) ha presentado una historia real dentro de la campaña que lleva el nombre de #COOCYLConLosPacientes.

En esta ocasión está centrada en el papel del óptico-optometrista en el abordaje de las disfunciones visuales que causa la miastenia gravis, una enfermedad neuromuscular autoinmune que puede afectar gravemente a la visión.

La protagonista es María José Moro Fraile, vecina de Zamora, diagnosticada de esta patología crónica que provoca debilidad muscular.

En su caso se manifestaba con diplopía (visión doble), inestabilidad visual y una creciente inseguridad al realizar actividades cotidianas como conducir, trabajar frente al ordenador o bajar escaleras.

“Yo veía, pero no asimilaba lo que veía. Me sentía insegura. Llegó un momento en que pensaba que tendría que dejar de conducir o incluso de leer, con lo que me gusta”, explica.

La miastenia gravis es una enfermedad autoinmune en la que el sistema inmunitario ataca la unión neuromuscular, impidiendo la correcta transmisión de las señales nerviosas al músculo.

Cuando afecta a los músculos oculares, miastenia gravis ocular, puede provocar síntomas como ptosis palpebral (caída del párpado), visión borrosa y, especialmente, diplopía, con un patrón característico de empeoramiento a lo largo del día debido a la fatigabilidad muscular.

En el caso de María José Moro, la variabilidad propia de la enfermedad y los ajustes de medicación hacían que su visión fuese inestable, con “picos y bajadas” que le impedían mantener una calidad de vida adecuada.

Tratamiento personalizado

José M. Gómez González, óptico-optometrista en Zamora, comenzó a tratarla a finales de 2024. “El primer día prácticamente no pude valorar parámetros como la convergencia o el cover test porque veía doble constantemente. La graduación estaba bien; el problema no era refractivo, era un problema binocular”, explica.

Tras la valoración inicial, se diseñó un plan de terapia visual completamente individualizado. Durante seis meses, María José realizó 24 sesiones, una a la semana, combinadas con trabajo en casa. El objetivo era mejorar la localización espacial, la fusión binocular, la coordinación visuo-vestibular y la propiocepción del sistema visual.

“Empezamos trabajando para que fuese capaz de identificar cuándo veía doble y por qué. A las ocho sesiones ya notaba mejoras importantes”, señala el optometrista.

Al finalizar el tratamiento, la visión doble pasó a ser nula en condiciones normales. Para momentos de mayor fatiga, se prescribieron prismas gemelos base inferior tallados en gafa convencional, que utiliza de forma puntual para conducir trayectos largos o cuando necesita mayor descanso visual.

Recuperar la autonomía

La mejora fue progresiva, pero el cambio en la calidad de vida resultó inmediato. “Para mí fue respirar. Pasé de no poder ir tranquila ni siquiera de copiloto a hacer un viaje Zamora-Gijón conduciendo con normalidad. Volví a sentirme capaz”, afirma María José Moro.

La paciente destaca que la terapia visual supuso un punto de inflexión incluso mayor que la propia medicación: “Noté más el cambio con la terapia que con la medicación. Me da pena que haya gente que no sepa que esto existe”.

María José Moro insiste en que muchas personas con visión doble o inestabilidad visual pueden estar resignándose a convivir con el problema por desconocimiento. “Yo pensaba que tenía que acostumbrarme a vivir así, que era lo que me había tocado. Si no llego a conocer esta opción, probablemente seguiría limitando mi vida mucho más”, señala. Por eso anima a quienes sufran síntomas similares a buscar ayuda especializada: “Que no se conformen, que pregunten, que acudan a un óptico-optometrista formado en terapia visual. A veces creemos que solo hay una solución y no es verdad”.

Para ella, la clave fue sentirse escuchada y acompañada durante todo el proceso: “Aquí no solo me decían si iba mejor o peor como en las consultas médicas, aquí trabajaba para mejorar. Y yo veía mis avances. Recuperar esa seguridad no tiene precio”.

Actualmente, tras recibir el alta, solo realiza revisiones periódicas y mantiene estabilidad visual, con el apoyo puntual de prismas en momentos de mayor fatiga. “Saber que tengo herramientas y profesionales a los que acudir si lo necesito también me da tranquilidad”, concluye.

El papel sanitario del óptico-optometrista

Desde COOCYL, subrayan que este caso pone de manifiesto la importancia de la atención personalizada y del papel sanitario del óptico-optometrista como profesional cercano, accesible y altamente cualificado.

“La terapia visual no es una batería estándar de ejercicios. Es un tratamiento individualizado que debe adaptarse a cada paciente y a cada patología. No tratamos solo el síntoma; tratamos cómo ese síntoma afecta a su vida diaria”, explica Gómez González.

El optometrista añade que este tipo de intervención puede estar indicada en casos de diplopía, insuficiencias de convergencia, problemas acomodativos derivados del uso intensivo de pantallas, ambliopías, estrabismos o alteraciones visuales asociadas a enfermedades neurológicas o neuromusculares, siempre tras una valoración exhaustiva. “No todos los pacientes necesitan terapia visual; en muchos casos una buena prescripción óptica es suficiente. Pero cuando el sistema visual es ineficaz o inestable, el entrenamiento específico puede marcar la diferencia”.

Gómez González reconoce que, pese a la creciente evidencia científica, la terapia visual sigue siendo una gran desconocida para parte de la población. “Todavía hay personas que no saben que existe esta opción, y a veces ni siquiera se plantea dentro del circuito sanitario. Por eso es importante divulgar y explicar que el óptico-optometrista no solo gradúa la vista, sino que puede intervenir de manera activa en la rehabilitación y mejora del rendimiento visual”.

El profesional insiste en la necesidad de coordinación entre disciplinas sanitarias y en la importancia de la formación continuada: “Cada vez trabajamos en soluciones más personalizadas, y eso exige conocimiento profundo del sistema visual más allá de una refracción, además de actualización constante”.

Por su parte, María José Moro defiende la integración de los ópticos-optometristas en la sanidad pública: “Ahorraría tiempo, dinero y problemas futuros. Si puedes mejorar tu calidad de vida de otra manera, ¿por qué resignarte?”.