Megli en su nueva frutería del Mercado de La Rondilla.

Megli en su nueva frutería del Mercado de La Rondilla. Fotografía cedida a EL ESPAÑOL de Castilla y León.

Valladolid

Megli (29), frutera peruana que abre un negocio: “He invertido todos mis ahorros y he pedido un préstamo de 2.000 €”

“Estoy empezando y mi prioridad no es ganar mucho dinero sino crecer, poco a poco”, explica la dueña del negocio.

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El pasado 23 de septiembre de 2025 se inauguraba un Mercado de La Rondilla que, poco a poco, ve cómo se ocupan cada vez más puestos con una amplia oferta de productos.

Megli Álvarez Cárdenas tiene 29 años y nació en Iquitos (Perú). Llegó a España cuando tenía 24 años y hace un año a Valladolid. Es auxiliar de Medicina Estética y le encanta entrenar y escuchar música. Ahora ha abierto su nueva frutería en el citado espacio.

“He invertido todos mis ahorros y he pedido un préstamo de 2.000 euros”, asegura nuestra protagonista en esta entrevista con EL ESPAÑOL de Castilla y León.

Todo para abrir un nuevo negocio con el que está “muy ilusionada” y que quiere que “crezca día a día”.

La vida de Megli

“Me defino como una persona alegre, extrovertida y apasionada con todo lo que hago. Una mujer cariñosa, amable y, sobre todo, muy trabajadora y perseverante. Si tuviera que destacar algo de mí sería esa capacidad de no rendirme y de seguir adelante cuando tengo un objetivo claro”, asegura Megli Álvarez Cárdenas.

Nuestra protagonista nació en la Amazonía del Perú, en Iquitos. Llegó a España cuando tenía 24 años. No fue una decisión sencilla porque en su país de origen había comenzado una carrera de Animación Digital en Lima, pero llegó a Alicante primero, donde pasó cuatro años, y hace uno a Valladolid.

“No recuerdo haber tenido una profesión concreta que quisiera ejercer de mayor, cuando era pequeña. Desde pequeña me gustaba dirigir, organizar y comunicarme con todo el mundo”, cuenta, en declaraciones a este periódico.

Recuerda su infancia “con mucha nostalgia” porque, reconoce, fue “una de las etapas más bonitas de su vida” y hace mención a sus hermanos y a “todo lo que aprendió de sus padres”.

Con 16 años entró en el Conservatorio para estudiar Música Académica y, posteriormente, continuó su formación en la Escuela Nacional de Folklore de Perú, pero por circunstancias personales lo tuvo que dejar. Fue después cuando empezó a estudiar Animación Digital en Lima en algo que también tuvo que abandonar al venir a España.

“Ya aquí estudié para ser auxiliar de Medicina Estética y, durante un tiempo, trabajé en ese sector. Sin embargo, por diferentes circunstancias, decidí buscar otras oportunidades laborales para mejorar en lo económico y tener más posibilidades de crecimiento”, apunta nuestra protagonista.

Después trabajó en diferentes empresas realizando “muchas horas extras” con la intención de “mejorar” su situación y poder “construir algo propio”. El esfuerzo ha valido la pena.

La nueva frutería

Nunca había sido frutera. Precisamente, eso es lo bonito, empezar y emprender desde cero. He ido descubriendo este mundo sobre la marcha y con muchas ganas de aprender. Aunque nunca había ejercido como frutera, sí que tenía experiencia creando nuevos proyectos. Pienso que esa parte de mí me ha ayudado muchísimo a lanzarme a la aventura”, asegura nuestra protagonista.

La oportunidad de abrir su frutería en el Mercado de La Rondilla llegó casi por casualidad y gracias a su padre que le transmitió la idea de emprender y le puso en contacto con Fecosva. A partir de ahí comenzó todo.

“Abrí mi frutería, que se llama Tutifruti, el pasado 4 de septiembre. Con mucha ilusión. Preparé mi puesto lo mejor que pude. Llevo menos de un mes y estoy muy contenta con la productividad que estoy teniendo, con los primeros clientes que voy consiguiendo y con cómo, poco a poco, voy entrando en este mundo”, señala.

Comenzó gracias al apoyo y al impulso de su padre, pero, en la actualidad, es ella la dueña y la que está al frente de la aventura. Aunque sabe que detrás tiene el apoyo de su familia y pareja.

De momento, nuestra protagonista no cuenta con ningún trabajador más. Ella hace todo y afirma que cree que “en esta primera etapa está bien que así sea” para conocer “todos los entresijos de su negocio desde dentro”. Aunque no se cierra a afrontar contrataciones cuando “crezca”.

En el Mercado de La Rondilla, donde ha abierto su nuevo negocio, cuenta con un puesto de 13,58 metros cuadrados donde cuenta con una vitrina que le permite “aprovechar bastante bien el espacio y hacer que los clientes puedan ver todo lo que ofrezco”, apunta.

Los productos de la frutería y Megli, la dueña.

Los productos de la frutería y Megli, la dueña. Fotografía cedida a EL ESPAÑOL de Castilla y León.

Inversión y productos

“He invertido todos mis ahorros y he pedido un préstamo de 2.000 euros. La inversión continúa. Al trabajar con alimentos perecederos, muchos productos tienen una vida útil corta, por lo que hay que estar comprando continuamente, buscando proveedores y aprendiendo a surtir el negocio de la manera más eficiente posible”, afirma la peruana.

Otra de las cosas que valora nuestra entrevistada es “la calidad humana” del resto de comerciantes del Mercado de La Rondilla que le han acogido “con los brazos abiertos”.

La fruta es mi especialidad y el corazón del negocio. He buscado, de manera constante, proveedores que me permitan encontrar un equilibrio entre calidad y precio y estoy aprendiendo a reconocer qué hace que un producto sea realmente bueno”, añade.

También vende verduras y vegetales nacionales, ha incorporado productos latinos y cuenta con frutos secos y otros productos que tiene en mente que va a ir incorporando a medida que el negocio crezca.

“Tengo varios productos que funcionan como reclamo. Por ejemplo, en la actualidad, vendo el plátano de Canarias a 1,19 euros el kilo en un precio que es bastante competitivo, pero quiero sorprender al cliente y ofrecer productos de buena calidad con un margen de beneficio justo”, añade.

Todo con el fin de que los clientes se acerquen hasta su puesto.

Ganancias, gastos y futuro

“Es difícil de cuantificar una cifra de ganancias, pero espero llegar a los 1.500 euros al mes en esta primera etapa. Estoy empezando y mi prioridad no es ganar mucho dinero sino crecer, poco a poco”, afirma.

En lo que al apartado de gastos se refiere, asegura que “entre alquiler, luz y agua tiene unos 450 euros de gastos” a lo que hay que añadir la gestoría, los gastos extraordinarios y las inversiones de mejora lo que hace que el desembolso “pueda llegar a los 730 euros”.

“He asumido una gran responsabilidad y sé que no va a ser fácil, pero no he sentido miedo. Tengo unas ganas enormes de trabajar, quizás más que nunca. Estoy segura de que todo va a salir bien”, afirma Megli.

Nuestra entrevistada ve el futuro “de forma positiva” y quiere “construir una frutería reconocida por la calidad de sus productos, precios justos y por la confianza que transmite”, señala.

“Me gustaría que mi frutería se convirtiera en uno de esos lugares donde los clientes no solo entran a comprar fruta, sino donde se sienten cómodos, bien atendidos y saben que pueden confiar en lo que están llevando a casa”, finaliza.