Elisa Pedrosa posa con la bandera de Ceuta en la Plaza Mayor de Valladolid.

Elisa Pedrosa posa con la bandera de Ceuta en la Plaza Mayor de Valladolid. Cedida

Valladolid

Elisa (48), vecina de Ceuta en Valladolid: “Pedro Sánchez quiere un centro de migrantes, sus calles son ya Marruecos”

Pedrosa ha sido testigo de lo que “muchas veces no sale en los medios de comunicación”. El 8 de agosto regresó a Ceuta, donde tiene a familiares y amigos.

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“Nací en Ceuta y soy española”. Elisa Pedrosa lo tiene claro, pero desde hace casi dos meses le duele el corazón por la situación que está viviendo su tierra natal.

Aunque lleva dos décadas viviendo en Valladolid, lejos de la ciudad en la que creció por sus calles, sigue teniendo allí a su hermano, amigos y gran parte de sus recuerdos.

Desde el pasado 30 y 31 de julio, cuando Ceuta vivió una entrada masiva de migrantes ilegales desde Marruecos, Elisa asegura que siente que su tierra ha cambiado y que quienes siguen allí viven con "miedo e incertidumbre".

Elisa tiene 48 años y abandonó Ceuta a los 18 años para estudiar en Madrid. Allí conoció a su marido y, después, la vida la llevó hasta Valladolid, donde reside desde hace unos 20 años. Sus padres ya no viven, pero su hermano continúa en Ceuta, y mantienen una comunicación constante.

“Yo no vivo allí, pero converso día a día con mis familiares”, explica a EL ESPAÑOL Castilla y León. “Y ahora mismo siento impotencia porque me da mucha pena que la ciudad se haya convertido en eso y siento dolor por la gente que está pasándolo mal”.

Pedrosa ha sido testigo de lo que “muchas veces no sale en los medios de comunicación”. El 8 de agosto regresó a Ceuta.

Un viaje que ya tenía previsto y que estuvo a punto de suspender, pero que finalmente decidió realizar. Sobre todo porque quería acompañar a su hermano en un momento que describe como “crítico”.

Lo que encontró allí fue una ciudad que, según recuerda, le resultaba difícil de reconocer. “Mi sensación fue estar en Marruecos”, relata.

“Había muchísimas personas por la ciudad y la sensación era completamente distinta a la Ceuta que yo conozco”.

Lo que más le preocupa es lo que, según cuenta, ha quedado después, en concreto una ciudad que ha perdido parte de su normalidad y vecinos que sienten miedo.

“Mis amigos me transmiten que hay mucha inseguridad”, explica. “La gente no circula seguramente a partir de las ocho de la tarde. Se sienten confinados. Es como una ciudad fantasma”.

Ceuta, recuerda Elisa, siempre ha sido una ciudad acostumbrada a convivir con distintas culturas. “Ha vivido con cuatro culturas: la hindú, la hebrea, la marroquí y la española”, señala.

“Ha habido una relación muy buena entre las cuatro. No se puede tachar nunca a Ceuta de ser una ciudad racista”. Precisamente por eso, considera que lo sucedido ha roto algo que durante años formó parte de la identidad de la ciudad.

“El problema es que se han roto las reglas de esa convivencia”, resume.

Elisa conoce muy bien lo que era antes del 30 de julio la ciudad autónoma. “Era una ciudad comercial y con mucho encanto”, recuerda. “Se había convertido también en una ciudad turística”.

Ahora, según cuenta a partir de lo que le transmiten sus amigos y de lo que ha podido conocer de la situación, los efectos también se dejan notar en los negocios.

“Se han roto los comercios, sobre todo los relacionados con el textil, los bares y el turismo”, explica.

Y solo la presencia de periodistas es lo que mueve la economía. “Los hoteles están llenos porque van muchos periodistas”, cuenta.

Si algo puede sacar de bueno esta vallisoletana es que “Ceuta nota el respaldo de toda España. Y lo que piden es que, por favor, no se les olvide”.

Esta es la idea que más repite Elisa durante la entrevista que nos concede; ella quiere que Ceuta siga estando en el debate.

“No puede convertirse en algo normal”

Elisa es muy crítica con la respuesta que, a su juicio, está dando el Gobierno central. Habla sin miedo de “abandono” y teme que la situación se prolongue.

“No han avanzado nada”, sostiene. “Llevamos 45 días y no ven ningún cambio”.

También rechaza que Ceuta pueda convertirse en un lugar permanente de acogida para miles de personas llegadas durante la crisis. “El Gobierno de Pedro Sánchez quiere convertir Ceuta en un CETI de 20.000 personas”, afirma. “La población no lo puede asumir”.

Su preocupación no se limita a que esas personas permanezcan en Ceuta. Tampoco quiere, dice, que el problema termine trasladándose a la Península.

“Ceuta tampoco quiere trasladar el problema que tiene ahora mismo a la Península”, apunta. “Lo que quiere es que las personas que legalmente tengan que ser devueltas a su país sean devueltas”.

Y hay otro temor detrás de todo ello: el futuro de la propia ciudad. “La situación es insostenible”, advierte. “¿Y qué va a ocurrir? Que mucha gente joven va a abandonar la ciudad”.

Valladolid también salió a la calle

Elisa pudo comprobar que su tierra no estaba sola El pasado 2 de septiembre. Ese día, Valladolid se sumó a las concentraciones convocadas en apoyo a Ceuta. La Plaza Mayor se llenó y la organización cifró la asistencia en unas 20.000 personas.

Ella fue la encargada de poner voz a un manifiesto. “Para nada me esperaba esa respuesta tan contundente de la ciudad”, recuerda.

Cuando salió a pronunciar su discurso, la emoción pudo con ella. “Me vine arriba porque me pudo la emoción de ver tanta gente apoyando a Ceuta”, afirma.

La escena le sirvió también para descubrir algo que, quizá por la distancia, no había terminado de percibir: el vínculo que existe entre Ceuta y el resto de España. “Mucho menos me podía esperar tanto el apoyo de Valladolid como el apoyo de toda España”.

El mensaje que Elisa quiere lanzar

Si pudiera dirigirse directamente a Pedro Sánchez, Elisa es prudente y dice que preferiría hablar a todos los españoles. “Ceuta necesita el apoyo de España. Ceuta necesita ser escuchada”.

También pide que se conozca la realidad cotidiana de quienes viven allí. “Ceuta es de España”, reivindica.

Y cuando habla de lo ocurrido, utiliza una palabra especialmente contundente: “invasión”. “Han invadido un territorio español y han atentado contra la integridad del territorio español”, sostiene, al contrario de otros medios de comunicación o políticos que evitan hablar de ello.

Para terminar, Elisa lo tiene claro cuando ve lo que está pasando con su Ceuta: “Siento impotencia. Siento dolor”. Y sí, va a volver. “Por supuesto, en cuanto pueda”.