Rubén Carpintero, en el centro de la imagen, junto a sus padres, Ana y José.

Rubén Carpintero, en el centro de la imagen, junto a sus padres, Ana y José. Fotografía cedida a EL ESPAÑOL de Castilla y León.

Valladolid

Rubén (31), dueño de un bar familiar en un pueblo: “La caña cuesta 1,60 € y el café 1,50. Tenemos precios ajustados”

El hostelero está al mando de El Rincón de Rubo desde hace cuatro años.

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Villanueva de Duero es un municipio de la provincia de Valladolid que, en la actualidad, y según los datos del Instituto Nacional de Estadística (INE) cuenta con un total de 1.263 habitantes.

Allí vive Rubén Carpintero Rico, un hombre de 31 años que hace cuatro se puso al frente del Bar El Rincón de Rubo, un establecimiento hostelero familiar que se esmera, cada día, por dar el mejor trato a sus clientes.

La caña cuesta 1,60 euros y el café 1,50. Tenemos precios ajustados para que nuestros visitantes se sientan cómodos y que consumir no se convierta en un lujo”, asegura el hostelero en declaraciones a EL ESPAÑOL de Castilla y León.

Rubén, un enamorado de la hostelería

Me considero una persona trabajadora, cercana y bastante familiar. Llevo muchos años en el mundo hostelero y, para mí, el bar no es solo un trabajo, sino una forma de vida. Me gusta estar de cara al público, conocer gente y que los clientes se sientan como en casa”, asegura Rubén Carpintero Rico.

Nuestro entrevistado tiene 31 años y suma más de 13 años en el mundo de la hostelería. No nació en Villanueva de Duero (Valladolid) pero llegó al pueblo cuando tenía solo nueve años. Se considera de la localidad vallisoletana por el vínculo tan fuerte que le une a ella.

“De pequeño no tenía claro que acabaría dedicándome a la hostelería. Con los años fui descubriendo que era un mundo que me gustaba, sobre todo, por el trato con la gente y el ambiente que se vivía”, confiesa.

Añade que vivió una infancia “normal y feliz” desde los nueve años en Villanueva de Duero. Ahí ha crecido y en el municipio ha conocido a mucha gente. Muchos de los vínculos que conserva en la actualidad vienen de esos años.

“Empecé en el mundo de la hostelería en el año 2013. Desde entonces he ido aprendiendo, poco a poco. Trabajando y conociendo realmente lo que supone este oficio. Después de tantos años es algo que forma parte de mí”, explica nuestro protagonista.

Son más de diez años de trabajo, aprendizaje y también de momentos buenos y malos, aunque el hostelero no duda en señalar que “tiene las mismas ganas de seguir adelante”.

Imagen del Bar El Rincón de Rubo en Villanueva de Duero.

Imagen del Bar El Rincón de Rubo en Villanueva de Duero. Fotografía cedida a EL ESPAÑOL de Castilla y León.

El Rincón de Rubo

“El Rincón de Rubo abrió sus puertas hace cuatro años. Era un proyecto familiar y, desde el primer momento, la idea fue la de crear un sitio cercano, donde la gente del pueblo pudiera venir a tomar algo, comer y pasar un buen rato”, explica nuestro entrevistado, que es el gerente del negocio.

Cuatro años de historia que, como Rubén asegura, pueden “parecer pocos comparado con otros establecimientos hosteleros que llevan más años abiertos” pero señala que “han sido intensos” y en los que “han conseguido crear su clientela y hacerse un hueco dentro del pueblo”.

“Llevo los cuatro años, desde que abrimos, al frente del bar. Es un negocio familiar y estoy muy involucrado en el día a día. Trabajo en, desde atender clientes, hasta en organizar el trabajo y estar pendiente de que todo funcione”, señala nuestro entrevistado.

El Rincón de Rubo se encuentra en Villanueva de Duero, en concreto en la calle Loya 3 de la localidad vallisoletana. Son cuatro los trabajadores que se esmeran por, cada día, sacar adelante el bar.

Afirma que, al ser un negocio familiar “también hay momentos en los que todos echamos una mano” porque en la hostelería “hay días de mucho trabajo y es importante que el equipo funcione bien”.

Otra imagen del Bar El Rincón de Rubo en Villanueva de Duero.

Otra imagen del Bar El Rincón de Rubo en Villanueva de Duero. Fotografía cedida a EL ESPAÑOL de Castilla y León.

Su oferta

Ofrecemos un poco de todo. Principalmente buscamos que El Rincón de Rubo sea un sitio para cualquier momento del día. Tenemos cafés, tapas, hamburguesas, paellas y diferentes opciones para comer o, simplemente, tomar algo. Intentamos que haya un ambiente cercano y familiar”, asegura el hostelero.

Nuestro entrevistado señala que cuentan “con varias cosas que funcionan bien” pero destaca, sobre todo, “los cafés, las tapas, hamburguesas y paellas” para que los clientes “puedan ir, tanto a tomar un café como a comer o cenar algo”.

La caña cuesta 1,60 euros y el café 1,50 euros. Tenemos precios ajustados y acorde a lo que buscamos, que es que nuestros clientes puedan venir habitualmente y sentirse cómodos sin que consumir se convierta en un lujo”, añade Rubén Carpintero Rico.

Él y su familia cuidan a todos los que por su negocio pasan.

Vivir del negocio y el futuro

“Es difícil dar un dato de lo que ganamos cada mes. Cada uno es diferente. Hay algunos con más trabajo y otros que son bastante más flojos. Además, una cosa es lo que se factura y otra, muy diferente, lo que realmente queda después de pagar proveedores, trabajadores, alquiler, suministros, impuestos y, en definitiva, los gastos de un bar”, señala.

Pese a ello, el dueño del bar familiar nos confiesa que “se puede vivir de un negocio hostelero” aunque “hay que trabajar mucho y estar muy encima”. Añade que “no es un trabajo de ocho horas y desconectar”.

“Hay que estar pendiente de compras, proveedores, clientes, cuentas, personal y de todo lo que pueda surgir. En mi caso, además, al ser un negocio familiar hay una componente personal muy importante”, apunta.

Mirando al futuro apuesta por “seguir trabajando mucho para mantener una clientela fiel durante todo el año”. Todo con el fin de que “cuando alguien entre por la puerta esté cómodo y tenga ganas de volver”.