Patricia Simón Román en su quiosco de Cabezón de Pisuerga.

Patricia Simón Román en su quiosco de Cabezón de Pisuerga. Fotografía cedida a EL ESPAÑOL de Castilla y León.

Valladolid

Patricia (32), quiosquera en un pueblo: “Jugamos con muy poco margen de ganancia por los gastos e impuestos”

Abrió su quiosco hace seis años y señala que lo que más vende son las gominolas. “Gustan a mayores y pequeños”, afirma.

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Cabezón de Pisuerga es un municipio de la provincia de Valladolid que, en la actualidad y según los datos del Instituto Nacional de Estadística (INE), cuenta con una población que llega a los 3.910 habitantes.

Está cercano a la capital de la provincia, a escasos 12 kilómetros, lo que hace que sea un lugar atractivo para vivir y crear un proyecto en familia.

Allí vive Patricia Simón Román. Una mujer de 32 años que hace seis decidió abrir las puertas de su quiosco que lleva el nombre de la Calle de la Gominola, en el centro de la localidad.

“Jugamos con muy poco margen de ganancia por los gastos e impuestos”, asegura la quiosquera en declaraciones a EL ESPAÑOL de Castilla y León. A pesar de todo ve el futuro “con mucha ilusión”.

Ganas de trabajar

“Me considero una chica extrovertida y con ganas de trabajar. Curiosa y que siempre está dispuesta a ayudar y a mejorar cada día”, afirma Patricia Simón Román, en declaraciones a este periódico.

Nuestra protagonista vive en Cabezón de Pisuerga desde que nació. Es amante de los viajes, de conocer diferentes países y sus culturas y tiene 32 años. Estudió en el Juan de Juni y completó varios cursos, tanto de comercio como de hostelería.

“Recuerdo mi infancia como la de cualquier niña normal. Rodeada de mi familia y amigos. Mi vocación, desde pequeña, siempre ha sido la enseñanza con niños pequeños. Su inocencia, espontaneidad y esa forma de ver el mundo siempre me ha gustado”, explica nuestra entrevistada.

Sin embargo, hace seis años, decidió abrir un quiosco en la localidad vallisoletana que lleva el nombre de Calle de la Gominola.

El quiosco

La idea de abrir el quiosco es mía. A pesar de haber ya varias tiendas de chucherías en el pueblo notaba que hacía falta una en el centro del municipio. Abrí en septiembre de 2020, en plena pandemia, con sus restricciones y normas que cumplir”, afirma la quiosquera.

Un quiosco que suma ya seis años de vida, todos con Patricia al frente. Se ubica en la calle Silencio, junto a la Plaza de la Concordia donde se encuentra el Ayuntamiento y varios comercios locales.

Imagen del interior del quiosco de La Calle de la Gominola en Cabezón de Pisuerga.

Imagen del interior del quiosco de La Calle de la Gominola en Cabezón de Pisuerga. Fotografía cedida a EL ESPAÑOL de Castilla y León.

Cuenta con un total de 40 metros cuadrados y en el lugar trabaja únicamente nuestra entrevistada sin ningún empleado más.

“Vendemos todo tipo de gominolas, snacks, detalles para invitados, y, además, contamos con el servicio de paquetería de varias empresas”, explica.

Señala que “lo que más vende son las gominolas” porque “es un producto que gusta a mayores y a pequeños” afirmando que “por mucho que pasen los años siguen teniendo ese toque de ilusión y nostalgia que hace que siempre gusten”.

“Los clientes suelen destacar de mí que soy una persona muy cercana, risueña y simpática. Siempre intento atenderles con una sonrisa y buscar una solución rápida a lo que necesitan. Pienso que es importante que se vayan con una buena sensación”, señala.

Imagen de alguno de los dulces que Patricia vende en su quiosco.

Imagen de alguno de los dulces que Patricia vende en su quiosco. Fotografía cedida a EL ESPAÑOL de Castilla y León.

Ella se esmera, cada día, en dar el mejor servicio a sus clientes para que se marchen del local satisfechos.

“Poco margen de ganancia”

“En un mes puedo ganar lo mismo que un trabajador normal con la ventaja y la desventaja de que el negocio es tuyo. Jugamos con muy poco margen de ganancia por los gastos e impuestos. Ahí se va la mayor parte del ingreso”, apunta.

Patricia es clara y tiene claro que “si lo trabajas se puede vivir de un negocio como un quiosco” pero matiza que “hay que echarle ganas y horas” y “no solo esperar que el cliente entre a la tienda y compre el producto que viene buscando”.

Además, no duda en asegurar que “no cree que sea complicado sacar adelante un negocio como un quiosco en un pueblo”, pero apunta a hacer las cosas con cabeza, pensando hasta en el más mínimo detalle.

“Hay que estudiar la viabilidad del negocio, si hay muchos o pocos iguales, si hay muchas cadenas de supermercados cerca… Y, sobre todo, hay que tener ganas de trabajar y de superarse cada día”, añade.

Una mujer meticulosa y con las ideas claras.

El futuro

“El riesgo de cierre es, como con todo. A día de hoy no veo riesgo, pero nunca se sabe cuándo las cosas pueden ir a peor, cuándo nos van a subir más los impuestos que ya tenemos o si las compras online llegarán al punto de quitarnos nuestro puesto de trabajo”, señala Patricia.

Todo hablando de los cierres que golpean a estos establecimientos. Son varios los quioscos que están teniendo que bajar la persiana, tanto en la capital, como en pueblos vallisoletanos.

Veo el futuro con mucha ilusión. Me gustaría seguir creciendo dentro de este mundo, seguir haciendo que mis clientes disfruten y se lleven una buena experiencia. Aunque pasen los años, hay cosas que nunca cambian como es la ilusión que nos hace una buena gominola”, finaliza.