Amir Raee posa en su tienda de alfombras en plena liquidación.

Amir Raee posa en su tienda de alfombras en plena liquidación. JIF

Valladolid

Amir, vendedor de alfombras hechas a mano, prepara el cierre tras 25 años: “Nunca he tenido una sola reclamación”

Tiene 65 años, es iraní y ha decidido bajar la persiana de una mítica tienda de Valladolid. Ahora todo está en liquidación y con ofertas de hasta el 75%.

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En la tienda de Amir Raee hay más de mil alfombras. Son de esas que muchas veces llevan un genio subido por eso de ser voladoras.

Algunas están enrolladas, otras dobladas, también apoyadas unas sobre otras o colocadas en las paredes. Son alfombras hechas a mano, muchas procedentes de Irán y Pakistán.

Ninguna de las que vende Amir es de máquina, esto es lo que la diferencia del resto y le ha diferenciado durante mucho tiempo. Estamos en una tienda que durante 25 años han formado parte del centro de Valladolid y, para muchos clientes, también de su vida.

Se encuentra a mitad del paseo Zorrilla y para entrar a ella hay que bajar unos escalones. Raee siempre ha dicho que estaba algo "escondida", hasta el punto de que alguna clienta despistada sigue preguntando "¿cuánto habéis abierto?".

Ahora todo está en liquidación y con ofertas de hasta el 75%. Amir tiene 65 años y ha decidido bajar la persiana.

No sabe todavía qué día será el último. Antes tiene que hablar con la Seguridad Social y, sobre todo, vender buena parte del género que todavía guarda en la tienda, pero sabe que queda muy poco tiempo. Tic, tac, tic, tac.

Los descuentos llegan al 60, al 70 e incluso al 75%. “Salen menos de coste”, apunta mientras busca en una factura el precio de una de las alfombras que acaba de vender para justificarlo.

La decisión no es sencilla. “Sí, me da pena”, reconoce a EL ESPAÑOL Castilla y León, pero tras casi 30 años en España, casi la mitad de su vida, Amir sabe que ha llegado el momento de pensar en otra etapa.

“Mi familia está aquí”, dice. Y él también seguirá aquí porque es donde ha echado raíces y donde se ha sentido “uno más”.

De Irán a Castilla y León

Amir nació en Irán, “en Persia”, como él mismo aclara. Llegó a España en 1999, siguiendo en parte el camino que habían abierto dos de sus hermanos. Uno vivía en Castellón y otro estaba en Burgos.

Cuando llegó tenía dos hijas pequeñas, de seis y siete años. Hoy tiene un nieto y otro que está en camino a punto de llegar. “Lo mismo tenemos que dejar la entrevista y salir corriendo al hospital”, bromea.

Una de sus hijas es ortodoncista y la otra trabaja como óptica, cuenta orgulloso y es que la familia ha crecido en España y Amir se ha convertido también en español.

“Casi la mitad de mi vida estuve en España. Ahora soy español también”, afirma. Antes de instalarse definitivamente en Valladolid pasó por Salamanca y Ponferrada.

En tierras charras tuvo una tienda entre 1999 y 2004. También participó durante años en exposiciones de alfombras en hoteles de distintas ciudades españolas, por ejemplo en Ponferrada.

Una de aquellas exposiciones fue la que determinó su futuro en Valladolid. Fue en 2001, en un hotel de la ciudad. El sábado vendió mucho. Al día siguiente regresó dispuesto a continuar, pero a las diez de la mañana había un policía en la puerta.

Dos comerciantes de alfombras habían denunciado la exposición ante el Ayuntamiento.

La directora del hotel le pidió que no expusiera más. Amir recuerda aquel día como si fuera hoy. “Estuve muy triste”, cuenta y eso le hizo salir a caminar por Valladolid y empezó a mirar locales.

Encontró uno y en una de las mejores zonas, el paseo de Zorrilla. Preguntó cuánto costaba y decidió quedarse. Después llegaron los anuncios en el periódico y los primeros clientes.

“Después de un año que estuve aquí, estas dos tiendas cerraron”, recuerda mirando a aquella mañana en la exposición.

Una clientela que llega desde lejos

Con el tiempo fue creando una clientela propia, en este caso no solo de Valladolid, también de Palencia, Ávila, Segovia y otras provincias de Castilla y León.

“Si alguien quiere comprar alfombra hecha a mano, este es más cerca”, explica. Pero ojo porque también ha tenido clientes de Madrid, Barcelona, México, Argentina o Brasil.

Incluso personas conocidas, aunque prefiere no dar nombres, entre ellos “algún político”.

Algunos clientes han hecho el camino hasta Valladolid para comprar una alfombra para sus casas, mientras que otros han llamado para recomendar la tienda a familiares.

El vínculo se ha mantenido durante años. Tanto, que cuando Amir envió el año pasado unas 1.600 cartas a antiguos clientes, muchas regresaron, ya que sus destinatarios habían fallecido.

Alfombras en el interior de la tienda.

Alfombras en el interior de la tienda. JIF

“El 90% del cliente de la alfombra es gente mayor de 50 años”, explica. Algunas de aquellas cartas ya no pudieron llegar a sus destinatarios y es que la pandemia hizo mucho daño entre sus clientes.

La tienda también ha cambiado con los años. Hubo una época en la que Amir llegó a tener dos trabajadores. Ahora está solo.

Además en determinados momentos había clientes esperando para entrar y se hacían colas en las escaleras que van a dar al paseo Zorrilla.

La pandemia marcó un cambio. Después llegó la guerra de Ucrania y las ventas cayeron todavía más, pero no tanto por el suministro de sus alfombras como por el “miedo de la gente a gastar”.

Una alfombra para cada estación

Amir conoce bien el producto que ha vendido durante un cuarto de siglo.

Sabe de dónde viene, cómo está hecho y también algunas cosas que muchos clientes desconocen.

Por ejemplo, que una alfombra de lana no es solo para el invierno.

“En verano sale frío, en invierno sale calor", explica.

La tienda, llena de alfombras, es un buen ejemplo. “Por la tarde, si entras aquí, está fresquito”.

Durante todo este tiempo Amir asegura que solo ha tenido un problema relacionado con su condición de extranjero.

Cuenta la historia con una mezcla de indignación y humor. Una clienta necesitaba un albarán.

Amir no sabía exactamente dónde estaba porque había estado de viaje y su mujer, que estaba en la tienda, tampoco encontraba el documento.

La mujer tuvo que acudir para buscarlo. Mientras esperaba, la clienta preguntó por ella y llegó a decir que tenía que venir “desde Marruecos”.

Amir la corrigió. “¿Por qué desde Marruecos? Marruecos es un país cerca de España. Yo no soy de Marruecos, yo soy de Irán”.

No fue más allá. “Una vez, solo una vez”, insiste.

Es una anécdota que cuenta sin rencor, porque, cuando habla de Valladolid y de sus clientes solo tiene buenas palabras: “Son muy buena gente”.

Ni una hoja de reclamaciones

Hay una frase de Amir que resume mejor que ninguna otra su relación con los clientes. “Estos 25, 26 años que estoy aquí, nunca, ningún cliente me pide hoja de reclamación”. No necesita añadir mucho más.

Los clientes han vuelto una y otra vez y han recomendado la tienda, y ahora algunos no quieren que cierre. La tienda, sin embargo, cerrará, aunque todavía no se sabe cuándo.

Amir llegó de Irán, pasó por Salamanca y Ponferrada y terminó haciendo su vida en Valladolid. Ha viajado, ha vuelto a su país y ha conocido muchas ciudades. Pero cuando le preguntan por Valladolid no duda.

Hasta el punto de que cuando viaja a Irán, al cabo de un mes empieza a echar de menos Valladolid. “Todo el mundo que está jubilado me dice que me voy a aburrir en casa», comenta, pero él no lo tiene claro. “No sé, no sé”.

A los 65 años, después varias décadas en España, Amir está a punto de jubilarse de las alfombras, pero no de la ciudad que le ha abierto las puertas.

Es el momento de que Amir se suba a su alfombra mágica y siga contando las mil y una noches.