Iván Sanz y José Ribagorda

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Valladolid

La desgarradora carta de José Ribagorda un mes después de la muerte de Iván Sanz y su familia: "Sigo sin creérmelo"

El periodista dedica un emotivo recuerdo al bodeguero y a su familia tras el accidente que acabó con sus vidas el pasado 5 de julio.

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Ha transcurrido algo más de un mes desde que la tragedia sacudiera de lleno a la Ribera del Duero y a la sociedad vallisoletana tras la muerte de Iván Sanz y su familia.

El pasado 5 de julio, un devastador accidente de tráfico en la A-67, a la altura de Herrera de Pisuerga, se cobraba la vida del reconocido bodeguero, la de su esposa Irene y la de dos de sus tres hijos.

Una pérdida irreparable que dejó en un profundo estado de shock a una provincia entera y cuyo vacío sigue siendo inasumible para sus más allegados.

Entre ellos, el periodista José Ribagorda, que ha querido dedicar unas sobrecogedoras palabras a la memoria de la familia.

"Ha pasado poco más de un mes del fallecimiento de Iván Sanz Cid, su mujer Irene y dos de sus tres hijos, Irenita y Alvarito, y sigo sin creérmelo y al mismo tiempo sin superar la insoportable ausencia de todos ellos", arranca la emotiva carta publicada en redes sociales.

"Habían llenado nuestras vidas los últimos quince años de tantas maravillosas sensaciones que es imposible levantarse cada día sin pensar en ellos con los ojos humedecidos y sintiendo un dolor para el que no existe consuelo posible", continúa.

En su doloroso recuerdo, Ribagorda no halla explicación para una tragedia de tal magnitud. "Uno se pregunta por qué ha tenido que ocurrir una tragedia así, por qué el destino se ha cebado con una familia buena y ejemplar y no encuentro respuestas, lo que hace que la pesadumbre sea más grande", lamenta.

"Iván era un ser extraordinario, el mejor hijo, el mejor hermano, el mejor esposo y padre y el mejor de los amigos que uno podía tener. Para nosotros, era más que un amigo, era nuestro hermano, nuestra familia misma".

El periodista destaca los valores del bodeguero señalando que era "generoso hasta el extremo, siempre dispuesto a ayudar a quien fuera, cordial, honesto, tremendamente vital".

Todo ello, expresa, fruto de haber interiorizado "los enormes valores de sus padres, Luis y Mari Luz, basados en la humildad, el esfuerzo y el sacrificio, el respeto por la tradición, la consideración de la familia y la eterna disposición de estar siempre al lado de quien lo necesitaba".

Según relata Ribagorda, esa entrega incondicional no hacía distinciones: "Daba igual qué o quién. Lo mismo daba el equipo de rugby de su hijo Alvarito, cualquier ONG o acción destinada a promocionar los vinos de la DO Ribera del Duero y la gastronomía de su tierra, Valladolid".

En el plano profesional, el periodista destaca que su marcha deja un hueco enorme en el sector vitivinícola español. "Junto a su hermana Belén y al excepcional equipo de la bodega dimensionó extraordinariamente Dehesa de los Canónigos fundada por sus padres, modernizándola y posicionándola a nivel nacional e internacional".

Para concluir su emotivo recuerdo, José Ribagorda evoca una conmovedora imagen poética ligada a la tierra y al trabajo que tanto apasionaba a su amigo.

"Las viñas de la Dehesa de los Canónigos no dejan de llorar. Esas lágrimas que terminarán fundidas con el zumo de las uvas que darán origen a la añada 2026, que Iván velará desde el cielo para que sea más extraordinaria aún que las anteriores".

Una despedida cargada de amor que cierra con un último y eterno mensaje: "Descansa en paz, amigo, hermano mío. Descansad en paz Irene, Irenita y Alvarito. Siempre viviréis en nosotros".