Ernesto Fernández Martínez en el Bar River Valley de Valladolid.
Ernesto (59), hostelero en un famoso bar con tortillas y croquetas: “Vivimos seis familias de este negocio”
“Yo soy el último en cobrar”, afirma el gerente del conocido establecimiento hostelero.
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El River Valley es un establecimiento hostelero de Valladolid que abrió sus puertas allá por el año 1972 y que se ubica en la calle Panaderos número 35 de la ciudad del Pisuerga, donde da lo mejor al cliente que por el lugar pasa.
Al frente del negocio hostelero está Ernesto Fernández Martínez, un hombre que cuenta con una experiencia en este mundo de más de 40 años y al que le sigue apasionando eso de conseguir que sus clientes salgan con una sonrisa del lugar.
“Vivimos seis familias de este negocio. Yo soy el último en cobrar y en gastos se nos pueden ir más de 21.000 euros al mes”, señala a EL ESPAÑOL de Castilla y León nuestro entrevistado.
Pese a todo, él sigue ofreciendo, a todo el que por allí pasa, su sabrosa tortilla y sus ricas croquetas, entre otras elaboraciones.
La vida de Ernesto
“Me defino como una persona luchadora y buena gente. Amante de la lectura, de los viajes y, sobre todo, de estar con mi familia”, asegura, en declaraciones a este periódico, Ernesto Fernández Martínez.
Nuestro entrevistado tiene 59 años. Cuenta con estudios universitarios y suma 40 años de experiencia en el mundo de la hostelería. Nació en Mellanzos (León) y es hijo de padre asturiano y de madre leonesa.
“Me considero, en lo que a la profesión se refiere, como un gerente de hostelería. También como un asturleonés que tiene un gran cariño a Valladolid. Llegué siendo un bebé a la ciudad del Pisuerga cuando mi padre entró en Renault”, explica nuestro entrevistado.
Ernesto asegura que de pequeño quería ser “locutor de radio” y que “estudió marketing” que era algo que “le llamaba especialmente la atención”.
“Mi infancia la recuerdo en pleno cambio de régimen en el colegio Sagrada Familia de Valladolid. Siendo yo muy pequeño, mi padre puso en marcha el primer bar en Valladolid”, confiesa.
Ahí arrancó su historia dentro del mundo hostelero.
La hostelería y el River Valley
“Comencé a trabajar con mi padre en el Bar El Infanzón. Con 14 años estudiaba y ayudaba. El Bar River Valley abrió sus puertas en 1972. Lo hizo de la mano de la familia Val de Frutos que lo gestionó durante unos años. Yo lo regento desde el 2016”, nos explica Ernesto sobre la historia del lugar.
Un establecimiento hostelero, por tanto, que cuenta con 54 años de vida. Casi nada. 10 de ellos con el asturleonés al mando abriendo sus puertas, a las 7 de la mañana cada día en esa calle Panaderos número 35.
Un establecimiento hostelero que, en la actualidad, cuenta con un total de seis trabajadores y con un espacio de 130 metros cuadrados en el que Ernesto intenta que sus clientes se sientan como en casa.
Cuenta con desayunos, menús y una pequeña carta para chuparse los dedos.
Imagen del Bar River Valley en Valladolid.
Vivir del negocio
“Vivimos seis familias de este negocio. Yo soy el último en cobrar. En gastos se nos pueden ir más de 21.000 euros al mes, pero aún así, seguimos adelante año tras año”, explica nuestro entrevistado.
El hostelero asegura que en el lugar vende “tortillas, croquetas, callos, ensaladilla, calamares” y otra serie de raciones con precios que “se ajustan a los de un bar de barrio”, apunta.
“Lo que más vendemos son la tortilla, las croquetas, las bravas y la ensaladilla”, señala nuestro protagonista. Elaboraciones que triunfan en el lugar por su calidad y por ser caseras, algo que marca la diferencia.
“El futuro lo veo complicado. La hostelería que yo conocí está desapareciendo y ocurrirá como las tiendas pequeñas, las panaderías y fruterías, por poner un ejemplo, que se convertirán en establecimientos liderados por grandes cadenas o grupos”, señala.
El objetivo y el deseo que se marca Ernesto Fernández Martínez pasa por conseguir que “sus clientes sigan disfrutando de la experiencia y siendo fieles a su producto” para “confiar en la calidad y el cariño” que “ponen en cada elaboración”.