Patricia Vicente Herrero, orientadora educativa.
Patricia (34), orientadora educativa en Cantabria: “Estudiaba nueve horas al día para sacarme las oposiciones”
Nacida en Medina del Campo consiguió su plaza tras mucho esfuerzo. En la actualidad vive en Castro-Urdiales con su marido y su hija de dos años.
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Patricia Vicente Herrero tiene 34 años y nació en el famoso municipio vallisoletano de Medina del Campo. Es una mujer luchadora que se ha esforzado para llegar a conseguir su sueño, el de aprobar la oposición para ser orientadora educativa.
“Estudiaba nueve horas al día para sacarme las oposiciones. Descansaba solo los domingos. El ritmo de estudio era alto, sobre todo los últimos meses”, indica, en declaraciones a EL ESPAÑOL de Castilla y León, nuestra entrevistada.
Tras conseguir su plaza consiguió destino en el lugar en el que nació para completar tres cursos en el Centro de FP de Medina del Campo para ejercer como orientadora. Ahora afronta un nuevo reto en Cantabria.
Conocemos al detalle su historia.
Una persona “intensa”
“Quienes mejor me conocen dicen que soy una persona intensa, para lo bueno y para lo malo. Siempre doy el 100% de mí y eso me hace ser una persona exigente y perfeccionista tanto conmigo misma como con los demás”, asegura en declaraciones a este periódico, Patricia Vicente Herrero.
Nuestra protagonista tiene 34 años y nació en la localidad vallisoletana de Medina del Campo. Es amante del deporte. Hace crossfit, running, pilates, yoga y monta a caballo por tradición familiar. En la Villa de las Ferias se ha criado y ha estudiado hasta que comenzó la carrera.
“Mi infancia ha estado marcada por la cultura del esfuerzo. Desde niña siempre fui muy responsable. Recuerdo que septiembre era el mejor mes del año para mí, por la vuelta al cole, estrenar libros y demás. Me gustaba la rutina de ir al colegio, volver a estudiar y ver a mis abuelos por la tarde”, señala.
Cuando era pequeña siempre tuvo claro que quería ser psicóloga. Ya en cuarto de la ESO leía libros sobre el funcionamiento de la mente, el comportamiento de las personas y las emociones. De hecho, recibió un premio literario con una redacción sobre el miedo.
Psicología y orientación
Nuestra entrevistada cuenta con un Grado en Psicología, Máster en Psicología del Trabajo y Recursos Humanos y otro Máster en Orientación Educativa. De hecho, ella se define como eso, como orientadora educativa y acumula siete años en la profesión.
“Hice el Grado en Psicología en la Universidad de Salamanca y comencé impartiendo técnicas de estudio porque mi madre, durante mi época de estudiante, dio mucha importancia a que aprendiera un buen método para estudiar”, afirma Patricia.
Realizó, durante seis años, cursos intensivos y al estar en contacto con tantos alumnos, las familias le demandaban un “servicio más personalizado cuando había problemas de aprendizaje” por lo que abrió una consulta. Todo dentro de una época de la que “tiene muy buenos recuerdos” por “todas las personas a las que ayudó”.
“Después me quise especializar en orientación para trabajar desde dentro de los centros educativos. Oposité, por primera vez, en el año 2018, combinando el estudio con un contrato parcial en La Fundación Simón Ruiz de Medina del Campo, como psicóloga con personas con discapacidad intelectual”, añade.
Un trabajo que le permitía estudiar “una media de cuatro horas los días que asistía a la Fundación y ocho los que tenía libre, incluidos los sábados”. Los domingos, como señala nuestra entrevistada, “descansaba”.
La orientación, su vocación
“En mi caso, a pesar de haber aprobado la primera parte de las oposiciones, no pude entrar en las listas ese año por un error de mi solicitud en el proceso. Cuando vi que no entraba en las listas me decepcioné mucho”, afirma la de Medina del Campo.
Pese a todo no se hundió y trabajó en Recursos Humanos en Manpower durante unos meses y después fue asesora en la Universidad de Nebrija.
“Al curso siguiente, en 2019, se volvió a abrir el proceso de inscripción en las listas y comencé como interina realizando una sustitución en el instituto de Nava de la Asunción, Jaime Gil de Biedma. La experiencia marcó un antes y un después en mi motivación y deseo de obtener plaza porque sabía que la orientación me gustaba”, explica.
La orientación educativa se convirtió en su “auténtica vocación” por lo que luchó para sacarse las oposiciones más que nunca.
Las oposiciones
“En ese curso 2019-2020 llegó la pandemia. Justo, ese año, era de oposición. Comenzaron los rumores de que se suspenderían las oposiciones, pero yo continué estudiando”, explica.
Patricia Vicente Herrero.
Apunta que sus días “eran siempre iguales”. Se levantaba pronto, entrenaba por videollamada con sus amigas, realizaba el trabajo telemático del instituto y después comenzaba a estudiar “descansando una hora para comer”.
Después, cuando supo que no había oposiciones, descansó ese verano y durante el curso 2020-2021 trabajó a media jornada en Segovia, en el Equipo de Orientación de Trastornos de Conducta. Iba y venía a Medina del Campo todos los días.
“Ese año, los días que tenía que trabajar estudiaba por las tardes y los días libres madrugaba para entrenar. Estudiaba nueve horas al día para sacarme las oposiciones. Descansaba solo los domingos. El ritmo de estudio era alto y los últimos meses, incluso, escuchaba audios de los temas mientras conducía a Segovia a trabajar”, añade.
Fue en 2021 cuando obtuvo “una buena nota en el examen teórico y práctico” como en el año 2018 pero lo que le diferenció para conseguir la plaza fue la segunda parte, la defensa de la programación. Cumplía un sueño aprobando dicha oposición.
Trabajando en su tierra como orientadora
“Desde mi punto de vista no es una oposición difícil, hay otros procesos que son más duros. Esta oposición, lo bueno que tiene, es que si no obtienes plaza puedes trabajar perfectamente durante años como interino y eso en los procesos siguientes es una ventaja porque es concurso-oposición”, nos explica.
Añade, pese a esto, que ha tenido que “sacrificar vida familiar y social principalmente”. En Navidad no perdía la rutina del estudio lo que hacía que los momentos en familia fueran “breves y bastante limitados”, como también ocurría con sus amigas.
“Entré con plaza definitiva en el Centro de FP de Medina del Campo como orientadora. La satisfacción fue muy grande. Es muy difícil que el primer destino te lo den en el mismo sitio en el que vives. Me gustaba mucho el trabajo que realizaba allí. Estuve un total de tres cursos”, señala.
Todo, hasta que decidió, el pasado curso, dar un giro a su vida.
Su vida en Cantabria
“En septiembre de este curso decido irme a Cantabria para ser orientadora en comisión de servicios, un permiso en otra Comunidad. Ha sido una decisión familiar. Vivo en Castro-Urdiales con mi marido y mi hija de dos años en la actualidad”, asegura.
Las comisiones de servicios se renuevan cada año. Nuestra entrevistada forma parte de un equipo específico de orientación a enseñanzas postobligatorias. El quedarse en el lugar o el volver a Medina del Campo dependerá de “las circunstancias laborales que nos vayamos encontrando”, apunta.
“El futuro para mí siempre es ilusionante. Soy una persona inquieta y me gustaría volver a opositar a inspección a partir de que cumpla los requisitos con ocho años de funcionaria de carrera”, finaliza.